
El Pozo del Mediodía.
El Pozo del Mediodía fue durante generaciones uno de los puntos más reconocibles del extremo occidental de Mislata.

Su nombre, su uso y los recuerdos asociados al kiosco que lo acompañó hicieron de él un lugar profundamente arraigado en la vida del pueblo. Aunque la torre desapareció a finales de los años noventa, el Pozo del Mediodía continúa presente en la memoria colectiva como un referente del antiguo paisaje urbano de Mislata.
La plaza del Mediodía

La villa de Mislata, en su extremo occidental, continuaba más allá del casco tradicional siguiendo la actual calle de Nuestra Señora de los Ángeles, antiguamente conocida como el carrer del Rei, carrer de Dalta, carrer del Cristians de Dalt o de la Pilota. En este tramo de la calle se encontraba la plaza del Mediodía, situada en el lado derecho de la calle y reconocible antaño por la torre-depósito de la Sociedad de Aguas Potables de Valéncia que presidía su entrada.

El origen del nombre de la plaza es incierto. No responde a advocaciones religiosas, a iniciativas políticas ni a personajes del pueblo. Todo indica que se trataba de una denominación popular, probablemente ya en uso a principios del siglo XIX. Posiblemente hacía referencia al hecho de que, a las doce del mediodía, toda la plaza quedaba iluminada por el sol, sin zonas de sombra, circunstancia que no se daba en ninguna otra plaza del pueblo.
El Pozo del Mediodía

La torre estaba rodeada de antiguas viviendas de labradores, algunas con fachadas de aspecto muy antiguo que remitían a las construcciones del período inmediato a la conquista cristiana, cuando los nuevos pobladores se asentaron a lo largo del Camino Real, fuera del núcleo morisco primitivo.
Aunque el lugar es recordado como Pozo del Mediodía, lo cierto es que la torre era un depósito de agua, no un pozo. La confusión procede de la existencia previa, en el mismo emplazamiento, de un pozo tradicional que había abastecido a gran parte del pueblo. Al antiguo pozo acudían vecinos de la Morería, de la calle Mayor y de otros puntos de Mislata para llenar sus cántaros. Contaba con una canaleta provista de grifos y era un punto de uso común. Durante mucho tiempo los vecinos se refirieron a la plaza como la "plaza del pozo", y ese nombre persistió incluso tras levantarse la torre en 1928.

El agua potable llegó a Mislata en 1925, durante la alcaldía de don Juan Bautista Bonet Martínez, bajo la dictadura de Primo de Rivera. Hasta entonces, el abastecimiento procedía de pozos domésticos y de algunos pozos públicos como el Pou del Quint o los situados en las plazas de la Morería y del Mediodía.
En 1928, el Ayuntamiento y la Sociedad de Aguas Potables de Valéncia decidieron construir la torre-depósito para recoger el agua que brotaba del subsuelo en ese punto.
La construcción tenía planta cuadrada y una altura de 20'18 metros, dividida en cuatro plantas. Las dos primeras estaban cerradas mediante tabiquería. Una escalera de hierro partía de la segunda planta y conducía a la parte superior, donde se ubicaba el depósito. El pozo antiguo quedó integrado bajo la torre, abasteciendo el depósito en los primeros años de funcionamiento.
El nombre original fue Pozo Virgen de los Ángeles, como constaba en un panel cerámico instalado en la fachada. En él podía leerse: "Pozo Virgen de los Ángeles ó Pozo de los Ángeles. Mislata. 1928". Posteriormente se añadió otro panel con el texto: "Pozo de aguas potables. Mislata. 1928".
Durante el período republicano, en un contexto de políticas laicistas, el panel religioso fue destruido, desapareciendo también la denominación vinculada a la patrona de Mislata.

Con el tiempo, el pozo que alimentaba el depósito quedó inutilizado por falta de caudal y se recurrió al ramal de Aguas Potables de Valéncia que discurría por la actual avenida Gregorio Gea. Aún hoy se conserva en dicha avenida una chimenea de ventilación, o ventosa, perteneciente a dicha conducción y que servía para la renovación de aire en la galería conductora.
El servicio se regulaba mediante un sistema de aforos en el que un aforo equivalía a 150 litros diarios. Quien necesitaba 300 litros debía pagar dos aforos. La distribución del agua se controlaba desde dos llaves exteriores: la llave alta, que abastecía la parte este de Mislata en dirección a la Cruz, y la llave baja, que suministraba al sector oeste.
El deterioro progresivo del depósito llevó al Ayuntamiento a solicitar un informe técnico en 1997. El estudio constató daños graves, roturas en el hormigón, desconchados, oxidación y desprendimientos de material. Por seguridad, se decidió su demolición y el 12 de junio de 1998 se firmó el acta correspondiente. La torre fue derribada poco después, entre la presencia de vecinos que lamentaron la pérdida, como ya había ocurrido con la Casa Gran, el Caserón y, años más tarde, el Emparrado
Con su desaparición, la plaza perdió un elemento que había formado parte del paisaje urbano durante más de seis décadas. Como en otros casos del patrimonio mislatero, la historia del Pozo del Mediodía acabó unida a la memoria de aquello que ya no está.
El kiosco de Elena Corredera
Un elemento muy ligado a la plaza del Mediodía fue el kiosco regentado por la señora Elena Corredera, que permaneció junto al depósito de aguas hasta su derribo. Para varias generaciones de mislateros fue un punto habitual donde comprar chucherías, petardos, gaseosas o zumo de cebada o zarzaparrilla, popularmente conocido como zarza, así como prensa o pequeños artículos de ultramarinos.
Durante la posguerra, ante la escasez de comercios en la zona, el kiosco llegó a vender productos agrícolas. Era frecuente que vecinos acudieran allí con arroz adquirido en Catarroja en jornadas de estraperlo, sorteando el impuesto municipal.
