
El Camino Real de Quart
La Carretera de Las Cabrillas
Durante siglos, Mislata fue paso obligado en una de las principales rutas históricas que comunicaban Valencia con el interior peninsular: el Camino Real de Quart, conocido también como Carretera de Las Cabrillas.
Más que una simple calle, fue una vía de alcance territorial. Por ella circularon campesinos, comerciantes, correos, tropas, viajeros, carruajes y diligencias. Su trazado condicionó el crecimiento urbano de Mislata y convirtió a la población en una parada imprescindible entre Valencia y las tierras de Requena, Castilla y Madrid.
Una ruta medieval hacia el interior:
La existencia de este camino se remonta a la Edad Media. La documentación del Consell de València lo menciona ya en 1375, dentro de los Manuales del Consell conservados en el Archivo Municipal de València.
El itinerario era anterior a esa fecha, pero la historiografía local relaciona la consolidación de su recorrido con las obras impulsadas por el jurado Mosén Bernardo Juan entre 1427 y 1438. Aquel proyecto mejoró la conexión entre Valencia y Requena y confirmó el paso por Mislata como uno de los accesos occidentales a la ciudad.
El nombre de Camino Real de Quart no designaba toda la ruta hacia el interior. Se aplicaba, de forma más precisa, al tramo comprendido entre las Torres de Quart de Valencia y la ermita de San Onofre, en Quart de Poblet. En ese trayecto, Mislata ocupaba una posición central.
La entrada a Mislata por la Cruz Cubierta:
El viajero que salía de Valencia por el oeste encontraba, antes de entrar en Mislata, un paisaje de huerta, alquerías y pinares.
Históricamente el camino comenzaba en el antiguo Frontón de Lo Rat Penat, un banco de piedra decorado que servía de referencia para orientar a quienes se dirigían hacia las Torres de Quart o las de Serranos. Desde allí, el camino avanzaba por el entorno de la Alquería Alta y junto al gran muro del antiguo Depósito de Aguas de Valencia, actual Museo de Historia de València.
Después alcanzaba el antiguo caserío del Cerdanet, hoy barrio de la Cruz. El trazado medieval no coincidía exactamente con las actuales calles Valencia y San Antonio: continuaba en línea recta hasta llegar a la Cruz Cubierta de Mislata, situada en medio del camino y convertida en uno de los grandes hitos del recorrido.
La cruz no era un elemento decorativo aislado. Señalaba el límite entre Valencia y Mislata, servía de referencia para viajeros y marcaba el punto donde confluían varios caminos tradicionales.
La calle Mayor, eje de la población:
Desde la Cruz Cubierta, el Camino Real seguía por la actual calle de la Cruz y se internaba en el núcleo histórico a través de la calle Mayor.
Este recorrido atravesaba el corazón de Mislata. Pasaba junto a la Casa Gran, cruzaba el entorno de El Porche y llegaba a la actual plaza de la Constitución. Después continuaba por la calle del Cristo de la Fe, en dirección a la zona que hoy ocupa la calle San Antonio y la salida hacia Quart de Poblet.
La calle Mayor no fue, por tanto, una vía secundaria. Durante siglos concentró el tránsito exterior y la actividad local. Casas, comercios, talleres, corrales y servicios se situaban junto a un camino que conectaba directamente Mislata con Valencia y con las comarcas del interior.
La presencia constante de viajeros también explica la importancia de espacios como la Casa Gran, vinculada a la antigua estructura señorial del municipio, y de establecimientos destinados a atender las necesidades de quienes cruzaban la población.
Polvo en verano, barro en invierno:
Antes de la llegada de las carreteras modernas, viajar no era sencillo. En verano, el Camino Real se volvía seco y polvoriento; en invierno, las lluvias podían convertirlo en un terreno embarrado y difícil para carros y caballerías.
A pesar de esas dificultades, la ruta mantuvo un papel esencial para el comercio y las comunicaciones. Era una de las salidas naturales de Valencia hacia Requena y Castilla, y una vía utilizada por mercaderes, funcionarios, soldados y viajeros de toda condición.
La memoria histórica local recuerda el paso de diligencias entre Madrid y Valencia por el interior de Mislata. El pueblo convivió durante generaciones con el ruido de los carros, el tránsito de animales y la llegada constante de personas procedentes de otros territorios.
De camino medieval a carretera moderna:
Durante el siglo XIX, las necesidades de transporte hicieron evidente que el antiguo itinerario ya no podía responder al creciente tráfico de mercancías y viajeros.
El proyecto de una carretera moderna hacia Madrid por Las Cabrillas había sido planteado con anterioridad, pero su ejecución se vio afectada por conflictos políticos y militares. Las guerras del siglo XIX, incluidas las Guerras Carlistas, dificultaron la continuidad de muchas obras públicas.
La transformación decisiva llegó en la década de 1840, cuando el ingeniero Lucio del Valle asumió trabajos en la carretera de Madrid a Valencia por Las Cabrillas. La documentación conservada sobre su correspondencia sitúa su intervención directa en el proyecto entre 1842 y 1846, dentro de una etapa de obras que se prolongó durante varios años.
El nuevo trazado se desplazó hacia el río y dejó de atravesar el núcleo histórico de Mislata del mismo modo que el antiguo camino. Esa carretera daría lugar, en gran medida, a la actual calle San Antonio.
La construcción de la carretera fue una obra de gran complejidad técnica, especialmente en los tramos montañosos y en el paso del Cabriel. En parte de esos trabajos se recurrió a mano de obra penitenciaria, una práctica habitual en determinadas obras públicas de la época. No debe entenderse, sin embargo, que todos los tramos de la carretera —ni específicamente el de Mislata— fueran ejecutados de ese modo.
El cambio urbano de Mislata:
La nueva carretera modificó la relación de Mislata con su entorno. El tráfico que antes atravesaba la calle Mayor fue desplazándose progresivamente hacia el nuevo eje de San Antonio.
El cambio no fue inmediato, pero resultó determinante. Las comunicaciones dejaron de depender exclusivamente del viejo camino medieval y el municipio empezó a relacionarse con las nuevas infraestructuras del siglo XIX.
Aun así, el trazado antiguo siguió presente en la estructura urbana. La calle Mayor, la calle del Cristo de la Fe, la Cruz Cubierta y la calle San Antonio conservan la memoria de aquel itinerario, aunque cada una corresponda a una etapa distinta de su evolución.
La Pista y la pérdida de centralidad:
Un siglo después, la apertura de la Avenida de Castilla en 1953 —conocida en Mislata como La Pista y denominada actualmente avenida del Cid— volvió a transformar las comunicaciones del oeste de Valencia.
La nueva carretera ofrecía un itinerario más amplio, recto y preparado para el tráfico de vehículos. Atravesaba una zona entonces periférica, próxima a Xirivella, conocida como El Paquillo. Tras el Plan Sur y el desvío del río Turia, este espacio quedó definitivamente separado del casco urbano de Mislata.
La Pista redujo de forma notable el tráfico que todavía utilizaba la antigua carretera de Quart. Por primera vez, la conexión entre València y el interior dejó de depender del paso por las calles históricas de Mislata.
Un camino que dio forma a Mislata:
El Camino Real de Quart no solo conectó Valencia y Madrid. También dio forma a Mislata.
Su trazado favoreció la consolidación de la calle Mayor, condicionó la ubicación de viviendas y comercios, acercó al municipio a las grandes rutas del Reino de Valencia y lo convirtió en un espacio de tránsito permanente entre la ciudad y la huerta occidental.
Hoy, las calles Valencia, de la Cruz, Mayor, Cristo de la Fe y San Antonio pueden parecer vías urbanas independientes. Sin embargo, forman parte de una misma historia: la de un camino que durante siglos llevó hasta Mislata a viajeros, mercancías, peregrinos, soldados y vecinos de los pueblos del interior.
Recorrerlas es seguir, aunque sea entre edificios modernos, la huella de la antigua ruta que convirtió a Mislata en una puerta de entrada a Valencia.
