Santísimo Cristo de la Fe

La devoción al Santísimo Cristo de la Fe ocupa un lugar central en la historia religiosa de Mislata. Junto con Nuestra Señora de los Ángeles, su imagen ha presidido durante siglos las plegarias, las fiestas y algunos de los momentos más difíciles vividos por el pueblo. Generaciones enteras han acudido ante el Cristo para pedir protección, agradecer favores o acompañarlo por las calles, hasta convertirlo en una de las principales señas de identidad espiritual de la localidad.

Reconstruir sus orígenes no resulta sencillo. La destrucción del archivo parroquial y del patrimonio de la iglesia en 1936 hizo desaparecer documentos que probablemente habrían permitido conocer con mayor precisión la antigüedad de la devoción. Sin embargo la documentación conservada permite seguir el rastro de un culto que podría remontarse a finales del siglo XVI o comienzos del XVII.

Una devoción nacida en la Mislata morisca:

El origen del Cristo de la Fe parece estar relacionado con la profunda transformación religiosa que vivieron las poblaciones valencianas con una importante presencia morisca durante la segunda mitad del siglo XVI.

Después de la conquista cristiana, Mislata había conservado una numerosa comunidad musulmana, concentrada principalmente en la Morería. Su conversión forzosa no eliminó inmediatamente sus antiguas creencias y costumbres. Durante décadas, las autoridades eclesiásticas desarrollaron campañas de evangelización destinadas a consolidar el cristianismo entre los nuevos convertidos.

En este contexto debe entenderse la difusión de determinadas imágenes de Cristo crucificado por poblaciones como Mislata, Foios, Parcent, Quatretonda, Ròtova, Vallada, Benasau o Navarrés. Muchas de estas localidades habían tenido una elevada presencia morisca y fueron visitadas por el patriarca san Juan de Ribera.

Ribera, arzobispo de Valencia desde 1568 hasta su muerte en 1611, recorrió personalmente numerosas parroquias de la diócesis, promovió la reparación o construcción de templos y proporcionó ornamentos e imágenes destinadas al culto. Dentro de su programa pastoral, la representación de Cristo crucificado poseía un profundo sentido catequético: permitía explicar visualmente la Pasión, la redención, el sacrificio y la naturaleza de Cristo a una población que, en muchos casos, apenas comprendía la predicación en castellano o valenciano.

La imagen se convertía así en una forma de enseñanza religiosa. Frente al crucificado podían explicarse los fundamentos de la fe sin depender exclusivamente de la palabra escrita. Al mismo tiempo, estas devociones fortalecían la vida espiritual de las familias cristianas que convivían con la comunidad morisca.

¿Fue una donación de san Juan de Ribera?

La tradición local ha atribuido la antigua imagen del Cristo de la Fe a una donación de san Juan de Ribera. No se trata de una posibilidad absurda: existen tradiciones semejantes en otras localidades valencianas y los estudios comparativos han señalado características comunes entre varios crucificados vinculados a la actividad pastoral del patriarca.

La historiadora María Teresa Abad Azuaga incluyó expresamente a Mislata entre las poblaciones que conservaron imágenes relacionadas con este fenómeno. Según su investigación, estos crucificados compartían un mismo contexto histórico, geográfico y religioso, además de ciertas semejanzas iconográficas y estilísticas que permiten situarlos entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.

No obstante, por el momento no se conoce ningún documento que demuestre que san Juan de Ribera entregara personalmente la imagen a la parroquia de Mislata. La pérdida del antiguo archivo parroquial impide saber si existió una escritura, un inventario o una anotación que confirmara la donación.

Por ello, la formulación más rigurosa es considerar la intervención de Ribera como una tradición histórica coherente con el contexto y respaldada por el estudio comparativo de otras imágenes, pero todavía no demostrada documentalmente.

También conviene corregir una idea repetida en algunos textos: estas imágenes no fueron necesariamente difundidas después de la expulsión de los moriscos en 1609. Su función catequética encaja mejor con las campañas evangelizadoras desarrolladas durante las décadas anteriores, aunque algunas devociones pudieron consolidarse después de la expulsión y de la posterior repoblación cristiana.

La antigua imagen del Cristo de la Fe:

La primitiva imagen del Cristo se encontraba en una capilla lateral de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en el lado de la Epístola. Allí recibió culto durante generaciones como una de las principales imágenes protectoras de Mislata.

No conocemos con seguridad su autor, su fecha de ejecución, sus dimensiones ni las características materiales de la talla. Algunos textos posteriores la han descrito como un crucificado de tamaño próximo al natural y de tonalidad oscura.

Por su posible relación con los crucificados difundidos durante el pontificado de san Juan de Ribera, la obra podría haber sido realizada a finales del siglo XVI o durante las primeras décadas del XVII.

Una antigua representación atribuida al siglo XVIII, según la referencia conservada, y hallada en la Biblioteca de la Universidad de Navarra permite aproximarnos a su aspecto. En ella, el Cristo aparece cubierto por un amplio faldellín o perizoma.

Vestir las imágenes sagradas fue una práctica frecuente en la religiosidad tradicional. Las prendas podían ser ofrecidas por familias o devotos como muestra de gratitud y expresaban el cuidado dispensado a una imagen considerada parte de la comunidad. En el caso de Mislata, el antiguo faldellín constituye uno de los rasgos más singulares atribuidos al Cristo desaparecido.

Los gozos del Cristo:

Uno de los testimonios más importantes de la antigüedad de la devoción son los gozos dedicados al Cristo de la Fe. Estas composiciones se imprimían generalmente en una sola hoja, presididas por una estampa de la imagen, y eran cantadas colectivamente durante los oficios, las procesiones y las principales celebraciones patronales.

El Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona conserva una edición titulada Gozos al Ssmo. Cristo de la Fé venerado en la iglesia parroquial de Mislata. Fue impresa en Valencia por José Canales, cuyo establecimiento se encontraba en el número 25 de la calle de Quart. La hoja mide aproximadamente 31 por 21 centímetros, está rodeada por una orla y presenta el texto distribuido en tres columnas.

Los gozos comienzan con la invocación:

«Pues morís, Padre y Señor,
en una Cruz enclavado…»

La imprenta de José Canales Romá estuvo activa en aquella dirección entre 1890 y 1901, por lo que el ejemplar conservado debe situarse, en principio, a finales del siglo XIX. El texto y la estampa pudieron reproducir un modelo anterior, pero no sería prudente datar esta edición en el siglo XVIII mientras no aparezca otro ejemplar o una ficha catalográfica que lo demuestre.

Los gozos no constituían únicamente una composición musical. Permitían recordar los atributos del patrón, narrar el sentido de su sacrificio y expresar comunitariamente las súplicas de los vecinos. Su canto durante la entrada o la salida de la imagen era uno de los momentos más solemnes de la fiesta: mientras las campanas, la música y la pólvora llenaban las calles, el pueblo respondía con una misma voz ante el Cristo.

La fiesta tradicional:

La festividad del Cristo estuvo vinculada originalmente en Mislata al 2 de agosto octubre, celebrándose de forma conjunta con las fiestas de la Virgen del Rosario. Fue en la década de 1860 cuando las fiestas del Cristo y las fiestas de la Virgen de los Ángeles quedaron unidas a finales de agosto como se celebran actualmente.

Sin embargo, la festividad litúrgica del Cristo estuvo vinculada originalmente al 6 de agosto, solemnidad de la Transfiguración del Señor. Todavía después de la Guerra Civil algunos antiguos clavarios mantuvieron la promesa de celebrar ese día una misa en memoria de los clavarios fallecidos.

Algunas memorias recuerdan que la fiesta del Cristo correspondía tradicionalmente a los hombres casados. Los clavarios se ocupaban de sufragar la misa, contratar la música, preparar las andas, adornar las calles y organizar la procesión. Aunque aquellas agrupaciones no poseían siempre una estructura permanente, demuestran que la organización de clavarios existía mucho antes de la constitución de la actual Clavaría.

La procesión atravesaba el núcleo histórico y, en determinados momentos, se adentraba también en los barrios periféricos y en los caminos próximos a la huerta. De este modo, la imagen salía al encuentro de los vecinos y recorría el territorio sobre el que simbólicamente ejercía su patronazgo.

La destrucción de la imagen en 1936:

En julio de 1936, al comienzo de la Guerra Civil, la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles fue asaltada y la práctica totalidad de sus imágenes, altares y objetos religiosos resultaron destruidos. Entre las obras desaparecidas se encontraba la antigua talla del Santísimo Cristo de la Fe.

Francisco López Porcal recogió el testimonio de su madre, que entonces tenía diez años. La niña contempló en la plaza principal los restos todavía humeantes de las imágenes que habían sido retiradas del templo. Aquella escena, transmitida muchos años después dentro de la familia, permite comprender la impresión que los hechos causaron entre los vecinos.

Con el antiguo Cristo desapareció una obra que probablemente contaba con varios siglos de historia. Se perdió su madera, su policromía y buena parte de la información que habría permitido estudiar su origen. No desapareció, sin embargo, el recuerdo de la imagen ni el vínculo espiritual que el pueblo había mantenido con ella.

La reconstrucción de la devoción:

Terminada la guerra, Mislata comenzó una difícil reconstrucción material y religiosa. El país se encontraba arruinado, escaseaban los alimentos y las familias sufrían las consecuencias de tres años de contienda. A pesar de ello, numerosos vecinos participaron con dinero, trabajo o donativos en la recuperación del templo y de sus imágenes.

En 1939 se reorganizaron los primeros grupos de clavarios. Entre quienes impulsaron esta recuperación destacó Vicente Querol Gimeno, acompañado por José García, Higinio Domingo, Vicente Porcar, Salvador Mir, José María Coll y otros vecinos cuyos nombres quedaron unidos a las primeras fiestas religiosas de posguerra.

A finales de junio llegó a Mislata el nuevo cura ecónomo, don José Santarrufina Hurtado, procedente de Banyeres. Bajo su dirección se emprendió la restauración de la iglesia y se encargaron nuevas imágenes para sustituir las destruidas.

El testimonio del antiguo clavario Jesús Martínez sitúa el comienzo de esta reorganización en abril de 1939. Su memoria, redactada décadas después, reúne en una misma narración los preparativos de aquel año. La documentación de la Junta Diocesana de Arte Sacro permite precisar que el Cristo conservado actualmente fue encargado y bendecido en 1940.

La imagen de Enrique Casterá:

En enero de 1940 se encargó una nueva imagen del Santísimo Cristo de la Fe. El párroco José Santarrufina presentó la correspondiente petición ante la Junta Diocesana de Arte Sacro el 9 de agosto de ese mismo año.

La talla fue realizada por el escultor alcireño Enrique Casterá Masiá, asociado entonces con José Muñoz Aleixandre. Casterá era discípulo de Carmelo Vicent Suria y pertenecía a la escuela valenciana de escultura académica. Muñoz, por su parte, parece que ejercía como ebanista o carpintero dentro de aquella colaboración profesional.

La ficha técnica describe un Cristo de tamaño natural, tallado en madera de pino, policromado y con una altura de 1,70 metros. La cruz fue chapada en nogal y pulimentada, incorporándose cantoneras de plata cincelada. Su coste ascendió a 4.000 pesetas, una cantidad considerable para una sociedad que atravesaba las durísimas condiciones económicas de la posguerra.

El Cristo fue bendecido en 1940. Así lo certificó el 11 de mayo de 2015 el sacerdote Andrés de Sales Ferri, director del Archivo de Religiosidad Popular del Arzobispado de Valencia, con motivo del septuagésimo quinto aniversario de la imagen.

La nueva talla forma parte de un destacado conjunto escultórico realizado por Casterá para la parroquia. En 1940 ejecutó también la imagen titular de Nuestra Señora de los Ángeles y la de San Vicente Ferrer; posteriormente llegaron el Cristo Yacente y la Virgen de los Dolores, en 1944, y el Cristo Resucitado, en 1945. Mislata conserva hoy, junto con Alfafar y El Puig, uno de los conjuntos más numerosos de obras de este escultor.

La primera procesión tras la guerra:

Los antiguos testimonios describen con especial emoción la primera salida del nuevo Cristo. José María Coll, clavario y ebanista, construyó las andas sobre las que debía ser llevado. La iglesia fue engalanada y la imagen quedó colocada a la derecha del altar.

En el momento de la salida, el volteo de las campanas, la música, las tracas y los vivas acompañaron la aparición del Cristo ante una multitud que llevaba cuatro años sin contemplar a su patrón. Muchos vecinos recibieron la imagen entre aplausos y lágrimas.

La procesión, integrada entonces principalmente por hombres, modificó su recorrido para llegar hasta el barrio de la Cruz, centro comercial de la Mislata de aquella época. Pasó por la confluencia de la calle Valencia y la carretera de Torrent, frente al antiguo molino arrocero de Brusel, y regresó después al templo por la calle Mayor.

En 1964 se conmemoró el vigesimoquinto aniversario de aquellas primeras fiestas de posguerra. La efeméride recordaba el comienzo de la reorganización religiosa en 1939, aunque la actual talla hubiera sido concluida y bendecida en 1940.

La imagen procesional:

La reforma del presbiterio comenzó en los primeros años de la década de 1990 y culminó con la construcción del nuevo retablo mayor en 1994, obra del arquitecto Vicente Querol Solaz. La imagen de Casterá fue colocada en una posición elevada, desde la que preside actualmente la iglesia.

La dificultad y el riesgo que suponía descenderla cada año llevaron a dejar de utilizarla habitualmente en las procesiones. Durante algún tiempo, las Hermanas de la Doctrina Cristiana prestaron generosamente otro crucificado para que los clavarios pudieran mantener los actos festivos.

Finalmente se decidió encargar una nueva imagen procesional. El proyecto fue impulsado por la Clavaría presidida por Antonio Cervera y confiado al escultor licenciado en Bellas Artes Roberto Gallardo Vallejo.

La nueva imagen fue concebida siguiendo los rasgos del Cristo de Casterá. El 3 de agosto de 1996 fue trasladada desde la iglesia del convento de las religiosas Servitas hasta la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, acompañada por la banda de música. A su llegada fue bendecida por el párroco Vicente Serrano durante una misa cantada por el coro parroquial.

El 6 de agosto recorrió por primera vez las calles de Mislata y el 25 de ese mismo mes participó en la procesión solemne de las fiestas patronales. Desde entonces, esta talla permite preservar la imagen de 1940 en el altar mayor y, al mismo tiempo, mantener la presencia del Cristo en las calles.

Una devoción que sobrevivió a su propia imagen:

La historia del Santísimo Cristo de la Fe es también la historia de una permanencia. La antigua talla desapareció en 1936, pero los mislateros conservaron su recuerdo. En medio de la pobreza de la posguerra encargaron una nueva imagen; cuando esta quedó protegida en lo alto del retablo, hicieron otra para mantener las procesiones.

Cada una de ellas pertenece a una época distinta, pero todas representan una misma devoción. La fe no quedó encerrada en la madera desaparecida ni depende únicamente del valor artístico de una escultura. Vive en las oraciones, en los gozos, en las promesas, en los nombres y en el recuerdo de quienes aguardaron durante años para volver a ver salir a su patrón.

Por eso, cuando el Cristo de la Fe atraviesa las calles de Mislata, no recorre solamente la ciudad actual. Pasa también por la memoria de la antigua alquería morisca, por la iglesia barroca, por las huertas desaparecidas, por la plaza en la que fue destruida su primera imagen y por aquellas calles engalanadas que lo recibieron nuevamente en 1940.

Su historia recuerda que una obra de arte puede ser destruida, pero una devoción verdaderamente arraigada es capaz de sobrevivir a la pérdida, reconstruirse y regresar. El Cristo de la Fe continúa siendo así una presencia profundamente vinculada a la historia espiritual y humana de Mislata.

Fuentes:

-Abad Azuaga, María Teresa: «Una donación del Patriarca Ribera: el Cristo de la Salud de Navarrés», Ars Longa, números 9-10, Universitat de València, 2000.

-López Porcal, Francisco: «La imaginería religiosa de posguerra en Mislata: Resurgir después de morir», Festes Patronals Vila de Mislata, 2015.

-Soria, Juan M.; López Porcal, Francisco, y Soria Barberá, Vicente: Una aproximació històrica a les campanes de Mislata, Ayuntamiento de Mislata, 2003.

-Martínez, Jesús: «Traída de la imagen del Stmo. Cristo de la Fe», testimonio de uno de los primeros clavarios de posguerra.

-«Nueva imagen del Cristo» y «Entrada y bendición de la nueva imagen del Stmo. Cristo de la Fe», crónicas del libro de las fiestas patronales de 1996.

-Gogistes Valencians: «Gozos al Santísimo Cristo de la Fe, venerado en la iglesia parroquial de Mislata».

-«Imagen y veneración del Santísimo Cristo de la Fe», estudio presentado a los Juegos Florales de Paterna.

-Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. Catálogo de gozos relativos a la vida de Jesús. Entrada: Gozos al Ssmo. Cristo de la Fé venerado en la iglesia parroquial de Mislata, signatura G.V.J./Vol. 1/36.