La primera parroquia y el primer cementerio

Antes de que comenzara a levantarse la actual iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Mislata ya contaba con un templo anterior. Sus habitantes cristianos dependían de la parroquia de San Nicolás de Valencia, pero las dificultades para atenderlos desde la ciudad impulsaron la creación de un templo cercano, la administración de sacramentos y un cementerio propio.

La antigua iglesia formó parte de este proceso y estuvo vinculada al Lugar de los Cristianos, a los vecinos de las alquerías y, tras las conversiones del siglo XVI, a los habitantes de la Vilanova. Aunque se conoce poco de su aspecto, los documentos revelan quiénes la atendieron, las razones para crear una parroquia independiente y la relación entre el templo y los espacios funerarios.

Una comunidad vinculada a San Nicolás

Durante los siglos posteriores a la conquista cristiana, Mislata dependió eclesiásticamente de la parroquia de San Nicolás de Valencia. Esta dependencia abarcaba la atención religiosa y los derechos e ingresos que correspondían a la parroquia de la capital.

La comunidad cristiana se distribuía entre el núcleo de la población y las casas y alquerías de la huerta. Las distancias que hoy parecen pequeñas tenían entonces otra importancia. Para una familia con un enfermo, conseguir la presencia de un sacerdote podía convertirse en una necesidad urgente. También había que organizar bautizos, matrimonios, funerales y celebraciones en un territorio atravesado por caminos y acequias.

La presencia de un lugar de culto en Mislata permitía acercar parte de esa vida religiosa a sus habitantes. Sin embargo, disponer de una iglesia no significaba tener una parroquia independiente. Un templo podía contar con un sacerdote y celebrar determinados oficios mientras continuaba sujeto a otra iglesia en cuestiones de autoridad, ingresos y administración de los sacramentos.

Esa diferencia explica por qué la historia del edificio es distinta de la fecha de creación de la parroquia. 1535 marca una reorganización de la comunidad religiosa pero no demuestra por sí solo cuándo se levantaron los primeros muros de su iglesia.

El primer cementerio cristiano

La fundación del primer cementerio cristiano de Mislata se sitúa en 1474. Elionor Romeu atendió la necesidad de los vecinos de disponer de un lugar de enterramiento en la población y cedió un terreno para establecer el camposanto. El acto se formalizó el 29 de septiembre, ante el notario Guillem Exernit.

Hasta entonces, la dependencia de San Nicolás había marcado también la relación de los cristianos de Mislata con sus difuntos. Contar con un cementerio propio acercaba los enterramientos a las familias y reforzaba el arraigo de una comunidad que estaba consolidando sus espacios de vida y de culto.

La importancia del camposanto iba más allá del momento del funeral. Las sepulturas mantenían presente el recuerdo de padres, madres, hijos y otros familiares. Alrededor de ellas se celebraban oraciones y conmemoraciones, y se transmitía la memoria de quienes habían vivido y trabajado en aquellas mismas casas y tierras.

La fundación del cementerio tampoco equivalía a la independencia parroquial. Ambas cosas podían producirse en momentos diferentes. Mislata dispuso de un lugar de enterramiento mientras continuaba vinculada a San Nicolás, una relación que se mantuvo hasta la reorganización de 1535.

La fecha del 29 de septiembre coincide con la festividad de San Miguel Arcángel. La coincidencia resulta significativa dentro de la historia religiosa local, aunque no demuestra por sí sola que el cementerio estuviera dedicado al arcángel.

El primer cementerio cristiano se encontraba en el entorno del antiguo templo, en la zona próxima a la actual iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles y la plaza del 9 d'Octubre. Iglesia y camposanto formaban dos espacios relacionados dentro de la vida de la comunidad.

Este camposanto debe distinguirse del Fossar dels Moros, el cementerio de la comunidad musulmana, vinculado a la Morería. La existencia de espacios funerarios diferentes respondía a la presencia de comunidades con prácticas religiosas propias. Durante la etapa mudéjar, cristianos y musulmanes compartieron el territorio de Mislata, pero mantuvieron sus lugares de culto y de enterramiento.

El primitivo templo gótico

La antigua iglesia ha sido descrita en ocasiones como una construcción muy reducida, casi una ermita. Moya Casals, que afirmó haber consultado documentación del archivo parroquial antes de su desaparición, transmitió esa imagen de un templo pequeño situado en el solar de la iglesia actual.

Sin embargo, la expresión «casi una ermita» no proporciona unas medidas ni permite reconstruir su distribución. Puede expresar una comparación con la amplitud del edificio posterior, más que una descripción precisa de la iglesia antigua.

Las noticias aportadas por Santos Ramírez permiten conocer algo más de su interior. Los testamentos que mencionan enterramientos en el templo identifican al menos dos capillas: la de la Virgen de Belén y la de la Virgen de la Leche. A través de las últimas voluntades de quienes deseaban recibir allí sepultura, nos han llegado los nombres de dos espacios que formaban parte de la vida religiosa de la antigua iglesia.

Estas referencias muestran que el templo contaba con lugares de culto diferenciados. Las capillas tenían su propia advocación y servían también como referencia para señalar el lugar elegido para el enterramiento. La iglesia reunía así la celebración de los oficios, las devociones de sus feligreses y la memoria de las personas sepultadas en ella.

Una iglesia de dimensiones modestas podía tener un altar principal y otras capillas o altares. Sus espacios podían haberse añadido o transformado con el tiempo, según las necesidades de los fieles y las aportaciones de determinadas familias. La presencia de enterramientos tampoco obliga a imaginar un edificio monumental, pero sí aconseja evitar una descripción demasiado simple de su interior.

Resulta, por tanto, más adecuado hablar de una pequeña iglesia cuya organización conocemos de manera incompleta, con espacios diferenciados que tuvieron importancia para sus feligreses.

Las dificultades para atender a los vecinos

La documentación del siglo XVI permite acercarse a problemas concretos de aquella comunidad. Las razones para reorganizar la atención religiosa de Mislata no se limitaban al crecimiento de la población: también existían dificultades en el funcionamiento de su dependencia de San Nicolás.

Entre los argumentos recogidos para justificar la separación aparece una noticia especialmente dura. Se afirmaba que, durante el tiempo de mossèn Boyl, habían muerto personas del lugar y de fuera sin recibir los sacramentos, debido a que el rector de San Nicolás no facilitaba los santos óleos.

Estos óleos se utilizaban en distintos sacramentos. Su disponibilidad tenía, por tanto, una importancia práctica para la atención de los fieles. La queja muestra hasta qué punto una disputa sobre competencias o sobre la provisión de lo necesario podía afectar a los habitantes de Mislata.

El texto también menciona al vicario mossèn Francesc Pujades y una cantidad de siete libras y media relacionada con el llamado pie de altar, es decir, con los ingresos ligados a la actividad religiosa. La atención espiritual tenía una base económica: había que sostener al sacerdote y determinar a quién correspondían los derechos derivados de los oficios.

Estas noticias permiten ver una iglesia en funcionamiento, atendida por clérigos con nombres propios y vinculada a obligaciones concretas. También muestran que su relación con Valencia podía generar tensiones que los vecinos sufrían de manera directa.

La creación de la parroquia

en 1535

La conversión de los musulmanes valencianos obligó a reorganizar la atención religiosa de numerosas poblaciones. Los antiguos mudéjares pasaron a ser considerados cristianos y quedaron sometidos a las obligaciones de la Iglesia, aunque conservaran parte de sus creencias y costumbres.

En Mislata, aquella transformación añadió nuevas necesidades a las que ya tenía la comunidad cristiana. La organización parroquial debía atender a los llamados cristianos viejos y a los nuevos convertidos, además de resolver cómo se financiaría esa atención.

La separación de San Nicolás se acordó el 4 de mayo de 1535. La disposición ordenaba que la iglesia del lugar de Mislata quedara desmembrada de la parroquia valenciana y constituida como una rectoría propia.

La decisión confirma la importancia de distinguir entre institución y edificio. El documento habla de separar una iglesia de otra y de dotar una rectoría. No describe la colocación de una primera piedra ni permite afirmar que todo el templo se construyera entonces.

En el escrito Una historia para una devoción y un templo, el propio Santos Ramírez reconocía que no se sabía con certeza si la creación del curato había ido acompañada de una nueva construcción o si se había mantenido el lugar de culto anterior. La fecha segura corresponde, por tanto, al nacimiento de la parroquia independiente.

Antoni Bonet y los ingresos de la nueva rectoría

El primer rector citado en la disposición es mossèn Antoni Bonet.

Para sostener la rectoría se asignaron veinte libras de renta procedentes de los diezmos del lugar. A ello se añadían los ingresos y derechos religiosos correspondientes tanto a los cristianos viejos como a los nuevos convertidos.

La separación de San Nicolás necesitaba ese respaldo económico. Una parroquia propia requería un sacerdote que atendiera a sus habitantes y unos recursos con los que mantener esa actividad. Por eso, la disposición trataba al mismo tiempo de la autoridad religiosa y de los medios para ejercerla.

La mención expresa a las dos comunidades resulta significativa. La nueva rectoría debía reunir bajo una misma organización parroquial a habitantes con trayectorias religiosas muy diferentes. Para las autoridades eclesiásticas, todos eran ya feligreses; para las familias procedentes de la Morería, la conversión había supuesto una ruptura impuesta con su anterior condición.

La iglesia se convirtió así en uno de los espacios donde se hizo visible la nueva situación de Mislata. Allí coincidían la continuidad de la antigua comunidad cristiana y las obligaciones religiosas impuestas a los habitantes de la Vilanova.

Una parroquia entre casas, molinos y alquerías

La disposición de mayo de 1535 también se ocupaba del territorio que debía atender Antoni Bonet.

Entre las propiedades mencionadas figuraba la casa de mossèn Berenguer, junto con otras tres o cuatro viviendas situadas frente a unas tiendas. Se indicaba su incorporación a Mislata aunque estuvieran en terreno de realengo.

El texto incluía asimismo las casas comprendidas desde la cruz hasta el molino, ambos extremos dentro de la referencia, y contemplaba una excepción para quienes quisieran continuar vinculados a San Nicolás.

Estas indicaciones permiten reconocer un paisaje habitado que iba más allá de las calles del núcleo principal. La parroquia se extendía por un territorio donde las casas, las instalaciones de trabajo y los caminos servían para señalar los límites.

La delimitación necesitó nuevas aclaraciones. El 5 de octubre de 1535, después de escuchar a Antoni Bonet y a Tomás Sobrevela, vicario temporal de San Nicolás, se dispuso que el rector de Mislata atendiera y administrara los sacramentos a los habitantes de las alquerías y casas situadas hasta el puente conocido como l'Ametlla.

La precisión tenía consecuencias para los vecinos. Establecía qué sacerdote debía acudir cuando fuera necesario y a qué parroquia correspondía prestar la atención religiosa. La independencia de Mislata se concretaba así en casas y familias que pasaban a quedar bajo la responsabilidad de su rector.

La iglesia del Lugar de los Cristianos y la ermita de San Miguel

La historia de esta iglesia debe distinguirse de la de la mezquita de la Morería, convertida posteriormente en ermita de San Miguel.

La existencia de ambos edificios en una misma época, señalada por Santos Ramírez en sus explicaciones y en su reconstrucción de la población, permite entender una Mislata con varios espacios religiosos. La iglesia del Lugar de los Cristianos tenía su trayectoria, mientras que la antigua mezquita atravesó su propia transformación después de las conversiones.

Las noticias antiguas no siempre diferenciaron con claridad estos lugares. Martínez Aloy planteó como una posibilidad que la primera iglesia hubiera estado en el castillo de la Morería. En cambio, Moya Casals situó el templo anterior en el solar ocupado por la iglesia actual.

Estas referencias deben conservar sus matices. La propuesta de Martínez Aloy era una hipótesis; no permite trasladar al castillo toda la historia de la iglesia del núcleo cristiano. Tampoco la conversión de la mezquita en ermita demuestra que esta sustituyera a la otra iglesia.

La iglesia cristiana y la ermita pudieron atender necesidades diferentes dentro de una población cercana y relacionada. Su coexistencia forma parte de una historia religiosa más compleja que una simple sucesión de edificios.

El final de la ermita de San Miguel y las posibles reformas o sustituciones de la iglesia cristiana tuvieron, además, sus propios ritmos. No puede darse por supuesto que todos esos cambios se produjeran en una misma fecha.

Del antiguo templo a la iglesia actual

La parroquia continuó su trayectoria durante los siglos XVI y XVII, en una población que sufrió cambios profundos. La expulsión de los moriscos en 1609 y la repoblación de la Vilanova en 1611 alteraron la composición de sus habitantes y la organización de sus propiedades.

La iglesia seguía formando parte de la vida de la población, pero conocemos de manera incompleta las obras que pudieron realizarse en ella durante ese tiempo. No puede darse por supuesto que el edificio permaneciera sin cambios desde la Edad Media hasta el siglo XVIII.

Las noticias reunidas por Sanchis Sivera, Moya Casals y los estudios locales coinciden en situar el comienzo del templo actual en 1704, sobre el solar de una iglesia anterior. Las obras se prolongaron hasta 1755, año en que fue bendecido.

La nueva construcción abrió otra etapa. El edificio antiguo dejó paso a una iglesia de mayor capacidad, levantada con la participación de los vecinos. Su historia arquitectónica, sus altares, sus imágenes y su campanario pertenecen ya al recorrido del templo que ha llegado hasta nosotros.

Bajo esa iglesia posterior permanece la historia de una comunidad mucho más antigua: la de quienes dependieron de San Nicolás, promovieron un cementerio propio, sostuvieron a sus sacerdotes y consiguieron una parroquia independiente. Los nombres de Elionor Romeu, Guillem Exernit, Francesc Pujades, Antoni Bonet y Tomás Sobrevela permiten acercarse a algunos de sus protagonistas. Las capillas, los enterramientos y las alquerías recuerdan, además, que aquella iglesia estaba unida a la vida de muchas otras personas cuyos nombres todavía quedan por recuperar.

Fuentes:

-Ramírez Martínez, Santos. Los moriscos de la Vilanova de Mislata, 1525-1609.

-Ramírez Martínez, Santos. «Una historia para una devoción y un templo».

-Ramírez Martínez, Santos. Del Manzil a la Morería: historia de la Mislata musulmana, 711-1525.

-Archivo de la Catedral de Valencia. Llibre de erecció y fundació de parròquies, signatura 1.626, folio VI. Disposiciones sobre la parroquia de Mislata, reproducidas por Santos Ramírez.

-Sanchis Sivera, José. Nomenclátor geográfico-eclesiástico de los pueblos de la diócesis de Valencia. Valencia, Tipografía Moderna, 1922, entrada «Mislata».

-Moya Casals. Monografía histórica del pueblo y antiguo señorío de Mislata. Noticias reproducidas en «Una historia para una devoción y un templo».

-Martínez Aloy, José. Geografía general del Reino de Valencia, entrada dedicada a Mislata.

-Mañas Borrás, Luis. La Mislata de otros tiempos: nuestro pueblo, nuestra gente.