Mislata y la batalla de Quart de 1094

En el otoño de 1094, las huertas situadas entre Mislata, Quart y la ciudad de Valencia fueron escenario de una de las victorias militares más importantes de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. El enfrentamiento, conocido históricamente como la batalla de Quart, permitió al caudillo castellano romper el cerco almorávide y conservar el dominio de la capital valenciana.

Aunque el nombre de Mislata no quedó incorporado a la denominación tradicional de la batalla, las investigaciones modernas sitúan sobre sus tierras una parte considerable del ejército sitiador. Las posiciones almorávides se extendieron por la llanura comprendida entre Mislata y Quart, ocupando campos, caminos y acequias que, siglos antes de quedar cubiertos por la ciudad moderna, formaban uno de los principales accesos occidentales a Valencia.

La conquista de Valencia por el Cid:

A finales del siglo XI, el territorio valenciano atravesaba una profunda crisis política. Los reinos de taifas se encontraban debilitados por las divisiones internas y por la creciente presión de los almorávides, un movimiento político y religioso nacido en el norte de África que había comenzado a extender su dominio por al-Ándalus.

Rodrigo Díaz de Vivar llevaba años interviniendo en las disputas del Levante peninsular. Había servido tanto a señores cristianos como musulmanes y había convertido la guerra, la diplomacia y el cobro de tributos en los principales instrumentos de su poder. Después de un prolongado asedio, el 17 de junio de 1094 consiguió la capitulación de Valencia y estableció sobre la ciudad un dominio personal prácticamente independiente.

La conquista suponía una amenaza directa para los intereses almorávides. Valencia era una ciudad rica, densamente poblada y situada en una posición estratégica junto al Mediterráneo. Su pérdida podía facilitar la expansión del poder cidiano por todo el litoral oriental de la Península.

El emir Yúsuf ibn Tašufín ordenó entonces organizar una gran expedición para recuperar la ciudad. El mando fue confiado a su sobrino, Abu Abd Allah Muhammad ibn Ibrahim ibn Tašufín, citado de manera abreviada en muchas fuentes como Muhammad ibn Tašufín.

La llegada del ejército almorávide:

El ejército almorávide cruzó el estrecho de Gibraltar y avanzó por el sureste peninsular hasta alcanzar las tierras valencianas. Estaba formado por contingentes norteafricanos y andalusíes, con unidades de caballería, infantería y la guardia vinculada al poder imperial.

Las cifras transmitidas por las crónicas medievales son exageradas y no permiten saber cuántos hombres participaron realmente. Algunas narraciones hablan de decenas de miles de combatientes, pero los estudios modernos consideran que ninguno de los dos ejércitos debió de superar aproximadamente los ocho mil hombres. Lo que sí parece seguro es que los almorávides poseían una clara superioridad numérica.

Hacia el 15 de septiembre de 1094, el ejército llegó a las proximidades de Valencia y desplegó su campamento al oeste de la ciudad. La investigación de Alberto Montaner Frutos sitúa sus posiciones en la extensa llanura comprendida entre Mislata y Quart, a una distancia aproximada de entre tres y seis kilómetros de las murallas valencianas.

La formación ocupaba varios kilómetros. La vanguardia se encontraba en el sector más próximo a Valencia, probablemente en torno a la parte oriental de Mislata, mientras que la retaguardia y el campamento principal o real se situaban más cerca de Quart. Esta última ubicación explica probablemente que el enfrentamiento pasara a la historia como batalla de Cuarte.

Mislata, dentro del campo de batalla:

La Mislata de 1094 era una pequeña alquería andalusí rodeada de huertas. Su paisaje estaba formado por campos de cultivo, caminos rurales, barrancos y una compleja red de acequias que distribuía el agua del Turia. No existía una separación urbana clara entre Mislata, Quart y Valencia, sino una extensa llanura agrícola salpicada por alquerías, molinos y pequeñas agrupaciones de viviendas.

Su posición la convertía en un lugar estratégico. Por Mislata pasaban los caminos que comunicaban Valencia con Quart y con el interior del territorio. Al norte se encontraba el río Turia y, alrededor de la alquería, las acequias y los campos ofrecían agua, forraje y alimentos suficientes para mantener temporalmente a un ejército.

La presencia de miles de soldados debió de transformar por completo la vida de sus habitantes. Los campos quedaron ocupados por tiendas, animales, carros y guerreros, mientras que los caminos fueron utilizados para transportar provisiones y mantener las comunicaciones con la retaguardia almorávide.

Sin embargo, las fuentes medievales no ofrecen información directa sobre los vecinos de Mislata. No conocemos sus nombres, si abandonaron sus viviendas o si fueron obligados a entregar alimentos y ganado. La afectación sobre la población y las cosechas resulta muy probable, pero cualquier relato más concreto carecería de respaldo documental.

Lo que sí puede afirmarse es que Mislata quedó dentro del espacio ocupado por los sitiadores y que una parte de los movimientos militares de la batalla se produjo sobre su huerta.

Un asedio condicionado por el Ramadán:

La llegada del ejército almorávide causó una gran inquietud dentro de Valencia. Los sitiadores eran superiores en número y poseían una importante reputación militar. Años antes habían derrotado al ejército de Alfonso VI en Sagrajas y se habían impuesto a otras fuerzas cristianas de la Península.

El asedio coincidió con el mes musulmán de Ramadán, lo que redujo inicialmente la intensidad de las operaciones. Los almorávides mantuvieron cercada la ciudad, pero evitaron emprender un ataque general mientras duraba el ayuno. Cuando el Ramadán terminó, hacia el 14 de octubre, aumentaron las hostilidades y comenzaron los preparativos para estrechar el cerco.

Rodrigo comprendió que no podía permanecer indefinidamente detrás de las murallas. Si los almorávides conseguían completar el asedio, Valencia podía quedarse sin alimentos y sin posibilidad de recibir ayuda exterior. El Campeador debía enfrentarse a un ejército más numeroso, pero podía aprovechar la extensión de sus líneas, el conocimiento del terreno y la inseguridad que existía entre los sitiadores.

La guerra psicológica:

Antes de ordenar el ataque, Rodrigo recurrió a la desinformación. Hizo correr el rumor de que Alfonso VI había reunido un gran ejército y avanzaba hacia Valencia para socorrerlo.

La noticia se difundió entre las tropas almorávides y alimentó el temor a quedar atrapadas entre dos fuerzas enemigas: la guarnición que podía salir desde Valencia y el supuesto ejército castellano que se aproximaba desde el interior.

El rumor era creíble. Los sitiadores sabían que el mantenimiento de una extensa línea de campamentos entre Mislata y Quart podía convertir su retaguardia en un punto vulnerable. También debían proteger las provisiones, los caballos, las tiendas y los caminos por los que recibían suministros.

Rodrigo preparó entonces una maniobra destinada a hacer creer que los esperados refuerzos de Alfonso VI habían llegado realmente.

La noche anterior a la batalla, el ejército cidiano fue dividido en dos cuerpos. Uno de ellos debía salir de Valencia y atraer a la vanguardia almorávide hacia las murallas. El otro realizaría un amplio movimiento para situarse a espaldas del campamento enemigo.

Alfonso Boix ha propuesto que los soldados encargados de rodear las posiciones almorávides pudieron utilizar una acequia o un desnivel del terreno para avanzar sin ser vistos.

Se trata de una reconstrucción basada en el análisis del paisaje y de las fuentes, pero no se ha identificado arqueológicamente el recorrido concreto utilizado.

La batalla del 21 de octubre de 1094:

Al amanecer del 21 de octubre, un contingente cidiano salió de Valencia y atacó las posiciones avanzadas del ejército almorávide. El ataque sorprendió inicialmente a los sitiadores, que se armaron apresuradamente y salieron a combatir.

Después del primer choque, los hombres de Rodrigo dieron media vuelta y emprendieron una retirada deliberada hacia las murallas. Los almorávides interpretaron aquella maniobra como una huida y avanzaron en su persecución.

La vanguardia se alejó así de sus posiciones originales y quedó parcialmente separada del resto del ejército. La extensa línea desplegada entre Valencia, Mislata y Quart comenzó a perder cohesión.

En ese momento, el contingente que había rodeado el campamento atacó la retaguardia almorávide. Los soldados irrumpieron sobre el real, donde se encontraban las tiendas, las provisiones, los animales, las armas y buena parte de las riquezas del ejército sitiador.

El ataque produjo el efecto buscado. Los almorávides creyeron que las tropas aparecidas en su retaguardia pertenecían al ejército de Alfonso VI cuya llegada había sido anunciada durante los días anteriores. El miedo a quedar rodeados provocó la confusión y, poco después, una retirada general.

En pocas horas, el ejército que había cercado Valencia quedó desorganizado. Una parte de sus hombres huyó hacia el sur y buscó refugio en las posiciones almorávides de Xàtiva y otros lugares del territorio valenciano.

Una vez rota la formación enemiga, los hombres del Cid se apoderaron del campamento. La Historia Roderici presta especial atención al enorme botín conseguido: oro, plata, telas, armas, caballos, mulos, alimentos y objetos de valor.

La captura del real tenía una importancia económica fundamental. En la guerra medieval, el botín era una de las principales formas de recompensar a los combatientes. Los bienes obtenidos se distribuían entre el jefe de la hueste y sus hombres según su rango y participación.

La primera gran derrota almorávide:

La batalla de Quart fue la primera derrota sufrida por un gran ejército almorávide en la península ibérica. Hasta entonces, las tropas norteafricanas habían adquirido una reputación de invencibilidad después de vencer a importantes ejércitos cristianos.

La victoria demostró la capacidad militar de Rodrigo Díaz y su habilidad para combinar el conocimiento del terreno, la guerra psicológica, el movimiento nocturno, la falsa retirada y el ataque por sorpresa.

El objetivo de Rodrigo no era destruir completamente al adversario, sino obligarlo a levantar el asedio. En ese sentido, la operación fue plenamente satisfactoria: Valencia quedó liberada, el ejército almorávide se retiró y el dominio cidiano sobre la ciudad salió reforzado.

Durante los años siguientes, el Campeador amplió su influencia sobre varias fortalezas y aseguró temporalmente las comunicaciones de su territorio. En 1098 conquistó Almenara y Murviedro, la actual Sagunto, y firmó la dotación de la nueva catedral valenciana con el título de princeps Rodericus Campidoctor.

La victoria, sin embargo, no eliminó definitivamente la amenaza almorávide. Rodrigo murió en 1099 y su esposa Jimena mantuvo Valencia hasta 1102, cuando Alfonso VI ordenó evacuar e incendiar parcialmente la ciudad ante la imposibilidad de defenderla. Valencia regresó entonces al dominio islámico.

La batalla en las fuentes medievales:

El enfrentamiento es conocido gracias a fuentes cristianas y musulmanas que ofrecen perspectivas diferentes.

La Historia Roderici, biografía latina del Campeador, relata la victoria de manera relativamente breve y destaca especialmente la huida del enemigo y las riquezas capturadas en el campamento.

La versión musulmana procede del relato atribuido al valenciano Ibn Alqama, conservado a través de historiadores posteriores como Ibn Idari. Esta tradición ofrece información sobre el asedio, la situación interna de Valencia, la estratagema del Cid y la retirada almorávide.

El episodio también fue transformado en materia épica por el Cantar de mio Cid. El poema presenta un ejército enemigo extraordinariamente numeroso y convierte la batalla en una demostración del valor personal del Campeador y de sus hombres. Algunos elementos pueden conservar recuerdos del acontecimiento histórico, pero sus discursos, cifras y escenas militares responden a una finalidad literaria y no deben interpretarse literalmente.

La investigación moderna de Alberto Montaner ha permitido comparar estas tradiciones, identificar sus relaciones y distinguir los hechos más verosímiles de las exageraciones incorporadas con el paso del tiempo.

¿Batalla de Quart o batalla de Mislata?

La denominación histórica y académica correcta es batalla de Quart. El nombre aparece consolidado en las crónicas, en el Cantar de mio Cid y en la historiografía posterior.

No obstante, esto no significa que el enfrentamiento se desarrollara exclusivamente dentro del actual término de Quart de Poblet. El ejército sitiador ocupaba una extensa franja de terreno y la batalla afectó a toda la llanura situada al oeste de Valencia.

Las reconstrucciones sitúan la vanguardia almorávide en el entorno oriental de Mislata, el resto del despliegue entre ambas poblaciones y el real principal más cerca de Quart. Mislata formaba, por tanto, parte del campamento y del campo de operaciones, aunque el ataque decisivo contra la retaguardia se produjera probablemente en las proximidades de Quart.

La huella de una batalla:

El paisaje donde se desarrollaron estos acontecimientos ha desaparecido casi por completo. La extensa huerta situada entre Mislata y Quart fue transformada por el crecimiento urbano, pero también, y de manera especialmente profunda, por la ejecución del Plan Sur tras la riada de 1957.

La construcción del nuevo cauce del Turia atravesó esta zona agrícola y alteró radicalmente su configuración. La excavación del canal, el levantamiento de taludes y la posterior construcción de carreteras e infraestructuras eliminaron campos, caminos, acequias y desniveles que habían formado parte del paisaje medieval. Una parte del posible escenario de la batalla quedó así destruida físicamente o sepultada bajo el nuevo cauce y sus vías de comunicación.

Durante varias semanas, las tierras comprendidas entre Mislata y Quart acogieron una parte del ejército almorávide que pretendía recuperar Valencia. Sus campos, caminos y acequias quedaron integrados en una operación militar que decidió el futuro inmediato de la ciudad y consolidó la fama del Cid como uno de los grandes comandantes de la Edad Media peninsular.

La batalla de Cuarte constituye así uno de los acontecimientos de mayor alcance histórico ocurridos en el entorno de Mislata. Bajo el actual cauce del Plan Sur, las carreteras y el crecimiento urbano permanece la memoria de aquella llanura agrícola en la que, el 21 de octubre de 1094, una maniobra nocturna, una retirada fingida y un ataque por sorpresa cambiaron el rumbo de la Valencia medieval.

Fuentes:

-Montaner Frutos, Alberto: «La batalla de Cuarte (1094). Una victoria del Cid sobre los almorávides en la historia y en la poesía», en Alberto Montaner Frutos y Alfonso Boix Jovaní, Guerra en Šarq Al-Ándalus: las batallas cidianas de Morella (1084) y Cuarte (1094). Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2005, pp. 97-340 

-García Fitz, Francisco; Alvira Cabrer, Martín: El Cid. Historia y mito de un señor de la guerra. Madrid: Desperta Ferro Ediciones.

-Consorcio Camino del Cid: «El Cid Campeador: de la leyenda al guerrero histórico».

-Museo del Ejército: «Victoria del Cid en la batalla de Cuarte».

-Universitat Politècnica de València: Plan director de intervención del Molino del Real de Quart de Poblet, con referencia a la localización de la batalla entre Mislata y Quart.