San Miguel Arcángel

Las fiestas de San Miguel Arcángel cierran cada año el calendario festivo del verano en Mislata. Celebradas en torno al último fin de semana de septiembre, anuncian el otoño con devoción, música, pólvora, gastronomía y cultura popular valenciana.

La passejà, la misa solemne, la procesión, la mascletà, los fuegos artificiales, la dansà, la dolçaina i el tabalet, la torrà y los actos de los clavarios llenan las calles y plazas de convivencia.

Su historia reúne la devoción valenciana a San Miguel, la memoria vecinal, la pérdida de la imagen durante la Guerra Civil, su recuperación en 1939 y 1940 y la reorganización estable iniciada en 1978.

San Miguel Arcángel en la tradición cristiana

San Miguel aparece en la tradición cristiana como defensor del pueblo de Dios y jefe de los ejércitos celestiales. Su nombre procede de la expresión hebrea Mi-ka-El, interpretada como «¿Quién como Dios?».

Su representación más conocida lo muestra vestido como guerrero, armado con espada o lanza y venciendo al demonio. También puede aparecer sosteniendo una balanza con la que pesa las almas, imagen relacionada con su intervención en el juicio.

Los gozos conservados en los programas de Mislata resumen estas atribuciones. Lo presentan como «primer General de las angélicas huestes», guía del pueblo de Israel, custodio de la Virgen, consolador de Cristo en Getsemaní, protector de la Iglesia y encargado de pesar «virtud y vicio» en la balanza divina.

Una devoción de gran importancia en Valencia:

El culto a San Miguel se extendió durante la Edad Media por numerosos territorios europeos. En el ámbito valenciano adquirió una significación particular por la coincidencia entre la rendición de la ciudad de Valencia y la víspera de la festividad del arcángel.

La capitulación tuvo lugar el 28 de septiembre de 1238, mientras que la entrada solemne de Jaime I en la ciudad se produjo el 9 de octubre. Esta proximidad al 29 de septiembre favoreció que San Miguel fuera considerado protector de la conquista cristiana.

Los programas históricos de Mislata recogieron esta tradición a partir de artículos publicados en Las Provincias y de textos de Francisco Llopis Dionís y del párroco Vicente Serrano. En ellos se recuerda también que los jurados de Valencia instituyeron celebraciones en su honor en 1411.

Esta antigua devoción valenciana ofrece un contexto para comprender la fiesta mislatera.

La fiesta en la Mislata de comienzos del siglo XX

Las noticias más concretas sobre la fiesta local corresponden a las primeras décadas del siglo XX, aunque lo más probable es que ya se celebrasen con mucha anterioridad.

Francisco Llopis Dionís afirmó que las Ordenanzas Municipales de Mislata de 1912 mencionaban, en su artículo 235, las celebraciones a las que debía asistir oficialmente la corporación municipal. Entre ellas figuraba la fiesta de San Miguel.

La noticia resulta especialmente valiosa, pues indicaría que la celebración ya gozaba entonces de reconocimiento institucional.

Según el cronista, la fiesta se celebraba habitualmente alrededor del 29 de septiembre. Algunos años tenía lugar el domingo anterior y otros el domingo posterior, dependiendo de cómo cayera la festividad dentro del calendario.

Llopis recordaba que durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX había alcanzado una importancia comparable a las fiestas patronales del Santísimo Cristo de la Fe y de Nuestra Señora de los Ángeles.

La misa, la procesión, la música y la pólvora formaban el centro de una celebración en la que participaba buena parte del vecindario.

La primera imagen recordada:

En su artículo Nostalgia y recuerdo, fechado el 1 de mayo de 1994, Francisco Llopis Dionís recogió una tradición oral sobre la primera imagen de San Miguel que recordaban los vecinos.

Según su testimonio, fue llevada a la parroquia por Francisco Rosat Lleonat, padre de Inés Rosat Camps, conocida popularmente como la Tía Inés. Llopis calculaba que aquello había sucedido aproximadamente un siglo antes, lo que situaría su llegada hacia finales del siglo XIX.

La imagen fue colocada en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles. No se conserva, por ahora, documentación sobre su autor, procedencia, coste o fecha exacta. La noticia debe considerarse una memoria oral recogida por el cronista, no una datación definitiva.

Aquella talla desapareció durante la Guerra Civil, al igual que el resto de imágenes, retablos y objetos religiosos de la parroquia.

La pérdida de la imagen y la reconstrucción de 1939-1940:

Después de la desaparición de la antigua talla, en 1939 se constituyó una junta de clavarios y devotos con dos objetivos principales: recuperar la fiesta y encargar una nueva imagen de San Miguel.

Los textos conservados indican que el trabajo fue confiado a un escultor acreditado, aunque no proporcionan su nombre.

La nueva imagen llegó a Mislata durante las fiestas de 1940. Fue recibida por numerosos vecinos y paseada por las calles entre música, tracas, truenos y cohetes. Una vez terminadas las celebraciones, pasó a ocupar una hornacina preparada provisionalmente en el templo parroquial.

También se construyeron unas andas para trasladarla en la passejà y en la procesión. Estas andas fueron restauradas en 1986 y recuperadas para el uso festivo.

Algunas publicaciones sitúan la construcción de la imagen en 1939 y otras su llegada en 1940.

La documentación de 1981 señala que esta era entonces la imagen conservada en la parroquia.

Años de continuidad

Después de la reconstrucción de 1940, la fiesta conoció etapas de gran esplendor y otras de actividad más reducida.

Francisco Llopis recordaba distintos grupos de amigos que asumieron su organización. Entre ellos citaba a Luis Lluna, Paco Ballester, Vicente Balbastre, Fernando Porta, Vicente Molina, Vicente Devesa, José García Herrero y Antonio Aparisi Aguilar.

Los clavarios mantenían reuniones semanales que solían terminar en una cena. Durante meses preparaban el programa, recaudaban fondos y respondían personalmente de los posibles déficits.

La dificultad para encontrar nuevos clavarios dispuestos a asumir ese esfuerzo provocó el debilitamiento de la celebración. Las fuentes locales insisten, sin embargo, en que nunca dejó de celebrarse completamente, aunque algunos años lo hiciera con menor brillantez.

1978: el comienzo de la etapa contemporánea

El año 1978 marca el comienzo de la etapa organizativa continuada que ha llegado hasta nuestros días.

Un grupo de amigos decidió recuperar una fiesta que llevaba varios años de menor actividad. Pascual Juan Cerdá asumió la presidencia y los clavarios instalaron su casal en un bajo de la calle del Porche cedido por José Ortiz.

El programa recuperó actos considerados tradicionales: la passejà, el concierto de la banda, la cordà, la misa y la procesión. Se añadieron actividades infantiles, una cabalgata y campeonatos de galotxa y pelota a mano.

En el primer torneo de galotxa participaron equipos de Borbotó, Godelleta, Alcàsser y Mislata, demostrando el deseo de relacionar la fiesta con el deporte tradicional valenciano.

Las comisiones falleras acompañaron en la procesión a la imagen de la Virgen de los Desamparados, una colaboración que continuó durante diferentes ediciones.

Los nuevos clavarios acometieron además la restauración de la imagen de San Miguel y la reconstrucción de su altar y hornacina. Según Llopis, la restauración fue realizada generosamente por un artista que no quiso cobrar por su trabajo.

El altar ocupaba el segundo lugar del lado derecho del templo mirando hacia el altar mayor.

En 1979 se culminó su ornamentación mediante el dorado con pan de oro.

Años de recuperación: 1978-1987

Los programas conmemorativos permiten reconstruir cómo el impulso iniciado en 1978 fue transformándose, en apenas una década, en una celebración plenamente arraigada. La respuesta de los clavarios fue inmediata: de los veintinueve que participaron en 1979 se pasó a treinta y cuatro en 1980 y a treinta y cinco al año siguiente. Alrededor de la misa, la procesión y la pólvora comenzó a formarse un programa cada vez más variado, en el que convivían la devoción, la cultura popular, el deporte y la convivencia vecinal.

Desde los primeros años tuvieron un papel destacado el concierto del Centre Instructiu Musical y la tradicional cordà. También se incorporaron homenajes a los mayores, como el dedicado a los jubilados del Hogar Virgen de Fátima. El campeonato de truco, iniciado en 1980, adquirió pronto un notable arraigo, mientras que la cabalgata fue definiendo su carácter desenfadado y participativo. En ella se hicieron populares los bocadillos de botifarres amb oli, acompañados de vino, que terminaron convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de aquellos festejos.

La clavaría procuró además que la fiesta estuviera abierta a las asociaciones y entidades de Mislata. Hubo representaciones teatrales en valenciano, como La sal de la figuera, interpretada por el cuadro artístico de la Falla Creu i Mislata, y el sainete Un lío, dos líos, tres líos, llevado a escena por la Falla Eliana-Cid. A estas iniciativas se sumaron un festival benéfico en favor de la Cruz Roja, carreras ciclistas, un torneo de patinaje y distintos homenajes a las asociaciones de jubilados.

La passejà fue ganando vistosidad con la participación de las clavariesas y el lanzamiento de bengalas de colores. En algunas ediciones, la Virgen de los Desamparados volvió a acompañar a San Miguel en la procesión, reforzando la vinculación de la fiesta con otras devociones profundamente arraigadas en la localidad.

Uno de los momentos más significativos de esta recuperación se produjo en 1983, cuando volvió a celebrarse la Nit d'Albaes. José Marzal, el Xiquet de Mislata, y Marina Fenollosa, Marineta, devolvieron a las calles una tradición valenciana que pasaría a ocupar un lugar destacado en el programa festivo. Poco después, la cabalgata quedó vinculada a la Enramà de la Murta, y la clavaría inauguró un nuevo casal en la calle Nuestra Señora de los Ángeles, número 18, que se convirtió en punto de reunión y organización.

La fiesta continuó creciendo sin perder su carácter popular. En 1985 se celebraron una carrera ciclista y una chocolatada infantil, mientras que el concierto del Centre Instructiu Musical ofreció una recordada interpretación de El sitio de Zaragoza, acompañada por efectos pirotécnicos, además de los himnos de Mislata y de la Comunidad Valenciana.

El proceso de recuperación también alcanzó al patrimonio material. En 1986 fueron restauradas las andas construidas en 1940 y la imagen de San Miguel volvió a recorrer sobre ellas las calles de Mislata. Todo este trabajo culminó simbólicamente en 1987 con la celebración del décimo aniversario. La plaza de la Constitución acogió un espectáculo de variedades y la misa solemne contó con la participación de la Agrupación Coral Valenciana. Diez años después de aquel nuevo comienzo, la fiesta había recuperado su presencia en la vida religiosa, cultural y popular del municipio.

De la consolidación a las bodas de plata

Superado el décimo aniversario, la clavaría entró en una etapa de continuidad y consolidación. Los actos recuperados durante los primeros años dejaron de ser experiencias aisladas y pasaron a formar parte de una tradición reconocible. La procesión de 1988, precedida por cabezudos al son de la dolçaina i el tabalet, mostró esa voluntad de reforzar el carácter valenciano de la celebración.

La programación siguió abriéndose a expresiones culturales muy diversas. Las crónicas de aquellos años destacaron también el cuidado puesto en la pólvora por el pirotécnico mislatero Gregorio Juan, conocido como Gori, responsable durante largo tiempo de algunos de los disparos más esperados de las fiestas.

Música y devoción continuaron estrechamente unidas. En 1991 se estrenó un pasodoble dedicado a San Miguel, compuesto por el mislatero Esteban Esteve Jorge, y los gozos al Arcángel volvieron a cantarse después de la procesión. Al año siguiente, la clavaría celebró su decimoquinto aniversario, coincidiendo con los quince años de Pascual Juan Cerdá al frente de la entidad.

Su retirada de la presidencia en 1993 marcó el final de una etapa. Como reconocimiento a su dedicación, fue nombrado presidente honorario perpetuo, mientras Manuel Ibáñez Solsona asumía la dirección de la clavaría. Poco después, con Ramón Miralles Aparisi como presidente, comenzó un nuevo periodo caracterizado por la ampliación de las actividades culturales. En 1994 nacieron la Semana Cultural y el Concurso de Canut Villa de Mislata. La actuación de Noelia Zanón en la plaza de la Constitución y la participación de la Coral del Instituto de Mislata en la misa completaron una programación que pretendía llegar a públicos muy distintos.

El vigésimo aniversario, celebrado en 1997, confirmó la vitalidad alcanzada por la clavaría. La primera Degustación de Embutidos Valencianos, patrocinada por Cárnicas Serrano y amenizada por la Orquesta Mare Nostrum, reunió a numerosos vecinos en la plaza de la Constitución. Al mismo tiempo, la plaza del Príncipe de Asturias acogió un gran parque infantil, reforzando el carácter familiar de los festejos.

En el año 2000 Vicente Balbastre Prósper tomó el relevo en la presidencia. Bajo esta nueva dirección, la clavaría amplió su presencia en la vida asociativa del municipio. En 2001 organizó una xocolatada con motivo del carnaval y colaboró en la primera Feria de Asociaciones de Mislata, que acabaría siendo conocida como Feria de San Miguel.

La etapa culminó en 2002 con la celebración de las bodas de plata de la clavaría fundada en 1978. Veinticinco años de trabajo continuado habían convertido aquella recuperación inicial en una tradición estable y reconocida por varias generaciones de mislateros. La llegada de Fernando Soria Puig a la presidencia simbolizó un nuevo relevo y, al mismo tiempo, la voluntad de asegurar la continuidad futura de la fiesta de San Miguel Arcángel.

La celebración actual

Actualmente las fiestas se desarrollan alrededor del último fin de semana de septiembre y continúan marcando el paso del verano al otoño.

El programa varía, pero mantiene varios elementos reconocibles: passejà, torrà, música, dansà, misa, pólvora y procesión. Las publicaciones recientes siguen presentando la passejà como acto de apertura.

La Asociación de Clavarios de San Miguel Arcángel continúa figurando entre las entidades festivas de Mislata y mantiene como finalidad la organización anual de los actos.

Una tradición recibida y transformada

La historia documentada de San Miguel en Mislata no permite demostrar que la fiesta naciera inmediatamente después de la conquista de Valencia pero sí permite comprobar una tradición arraigada a finales del siglo XIX, la existencia de una antigua imagen, la reconstrucción realizada en 1939 y 1940 y la continuidad organizativa iniciada en 1978.

La fiesta ha cambiado porque también lo ha hecho Mislata. Desaparecieron algunos espacios, se modificaron los recorridos y la normativa transformó el uso de la pólvora. Surgieron nuevos actos, como la degustación de embutidos y la actual dansà.

Sin embargo, permanece la voluntad de reunirse en torno a San Miguel y mantener viva una tradición recibida de los antepasados.

Cada generación ha añadido algo: una imagen, unas andas, un altar restaurado, una canción, un pasodoble, una albà, una cabalgata o una comida compartida. Esa suma de devoción, memoria y trabajo colectivo constituye el verdadero patrimonio de las fiestas de San Miguel Arcángel de Mislata.

Fuentes:

-Francisco Llopis Dionís, San Miguel Arcángel, Mislata, septiembre de 1981.

-Francisco Llopis Dionís, San Miguel Arcángel, Mislata, septiembre de 1989.

-Francisco Llopis Dionís, Nostalgia y recuerdo, Mislata, 1 de mayo de 1994.

-Joan Josep Serra i Martí, 20 Aniversari, 1978-1997.

-Francisco Balbastre Puchades, XXV Aniversario de la Fiesta a San Miguel Arcángel en Mislata, 1978-2002.

-Vicente Serrano, La devoción a San Miguel Arcángel.

-Milagros Martínez Castillo, Las fiestas de San Miguel, Mislata, 16 de junio de 1994.

-Joan Josep Serra i Martí, Sant Miquel Arcàngel.

-Francisco Ortí, Per Sant Miquel de Mislata.

-Gozos a San Miguel Arcángel.

-Programas históricos de la Clavaría de San Miguel Arcángel.