Les xiques de Mislata

Amor, humor y coplas populares de 1891

Cinco pequeñas composiciones recogidas a finales del siglo XIX nos acercan al galanteo, la picardía y la cultura popular valenciana.

Les xiques de Mislata

Mucho antes de que la música llegara a todas las casas a través de la radio o la televisión, las canciones y coplas formaban parte de la vida cotidiana de los pueblos. Se cantaba durante las fiestas, en reuniones, en las labores del campo o en las rondas de los jóvenes. Algunas letras hablaban de amor, otras hacían reír y no faltaban las que se burlaban de los vecinos o ensalzaban las virtudes de las muchachas de una localidad.

Mislata tampoco quedó al margen de este mundo de versos, canciones y dichos populares. En 1891 se publicó en Valencia Ensisam de totes herbes, una extensa recopilación atribuida a Joaquim Martí Gadea que reunía composiciones, refranes, cuentos y otras expresiones de la cultura valenciana.

Entre sus páginas encontramos cinco coplas dedicadas a las jóvenes de Mislata. Son apenas unos versos, pero nos permiten asomarnos a una forma de entender el enamoramiento, el humor y el orgullo por el propio pueblo.

Cuando el amor se expresaba en cuatro versos

Una de las formas más características de la canción popular valenciana eran les coples: composiciones breves, generalmente de cuatro versos, que podían cantarse solas o formar parte de un repertorio más amplio.

Estas pequeñas estrofas no necesitaban contar una historia completa. Bastaban unas pocas palabras para lanzar un piropo, declarar un sentimiento, responder a una burla o provocar las risas de quienes escuchaban.

Las canciones de ronda, por ejemplo, estaban estrechamente relacionadas con el cortejo. Los jóvenes recorrían las calles cantando, muchas veces acompañados de instrumentos de cuerda, y dedicaban sus versos a las muchachas. En otras ocasiones, las coplas podían interpretarse durante fiestas y reuniones, cambiando de letra según el momento y el ingenio de quienes participaban.

En ese ambiente de galanteo y picardía encajan varias de las composiciones que Martí Gadea recogió sobre Mislata.

Las muchachas más bonitas, de levante a poniente

Una de las coplas no deja lugar a dudas sobre la admiración que despiertan las jóvenes del pueblo:

Desde llevant a ponent,
desde ponent a llevant,
no hi ha xiques més boniques
que les que en Mislata hi ha.

El verso recorre simbólicamente el horizonte de un extremo a otro para terminar afirmando que no existen muchachas más hermosas que las de Mislata.

Este tipo de elogios era frecuente en la literatura popular. Los pueblos aparecían en las canciones como lugares de mujeres bonitas, jóvenes enamorados, pretendientes atrevidos o vecinos con fama de tener alguna cualidad particular.

Otra estrofa insiste en la misma idea, esta vez con un tono más pícaro:

Sempre que vaig a Mislata
veig unes xiques tan mones,
que si no fora pecat
me les enduria totes.

Aquí el enamorado exagera su admiración hasta convertirla en una pequeña broma. La gracia está precisamente en esa exageración: cada visita a Mislata parece convertirse en una tentación.

Las fadrines y el arte de enamorar

No todas las coplas se limitaban a elogiar la belleza. Algunas retrataban, con humor, las costumbres del cortejo y las relaciones entre muchachos y muchachas.

Les fadrines de Mislata
diuen que es posen de florero
quan saben que algú els va á dir:
—¿Tú, me vols a mi, salero?

La palabra fadrines designa a las jóvenes solteras, mientras que la expresión posar-se de florero parece aludir, en este contexto, a arreglarse y ponerse especialmente bonitas.

La copla presenta una escena sencilla: una muchacha que se prepara ante la posibilidad de recibir una declaración amorosa.

Es también una muestra del humor de su época. Las canciones populares solían jugar con los comportamientos atribuidos a hombres y mujeres, exagerándolos para divertir a quienes las escuchaban. Por eso, además de su gracia, estos versos nos hablan de las ideas y expectativas sociales que rodeaban el noviazgo.

Entre el amor y la devoción

Dos de las coplas conservadas contienen un detalle especialmente significativo para Mislata: la presencia de su patrona, la Virgen de los Ángeles, dentro de composiciones amorosas.

La primera dice:

A dos imatges només,
venere jo en tota l'ànima,
a la Mare Deu dels Àngels
y a una chica de Mislata.

El enamorado declara que solamente venera dos imágenes: la Virgen de los Ángeles y una muchacha de Mislata.

La segunda utiliza una comparación parecida:

Tant m'agrades, mislatera,
que quan et mire y repare,
estar mirant me figure
a la Mare Deu dels Àngels.

En esta ocasión, contemplar a la joven amada le recuerda al enamorado la imagen de la Virgen.

Ambas estrofas muestran cómo el lenguaje religioso podía incorporarse también a la poesía amorosa popular. La devoción y el galanteo aparecen entrelazados mediante comparaciones que, desde nuestra perspectiva actual, pueden resultar sorprendentes.

La coincidencia es especialmente interesante porque las dos coplas relacionan directamente a una joven de Mislata con la patrona del pueblo. No sabemos si alguna vez se cantaron juntas, pero comparten una misma imagen poética y un referente profundamente local.

Coplas que viajaban de pueblo en pueblo

La cultura popular no permanecía encerrada dentro de los límites de cada localidad. Las canciones viajaban con las personas, se aprendían de oído y podían cambiar de una generación a otra.

Una misma estrofa podía conservar su estructura y modificar el nombre de un pueblo, una persona o una advocación. También era habitual que diferentes coplas se interpretaran juntas, aunque sus temas no guardasen una relación directa.

De ahí que no podamos asegurar que las cinco composiciones sobre Mislata pertenecieran a una sola canción. En Ensisam de totes herbes aparecen recogidas por separado y no se conserva junto a ellas una melodía que permita identificar cómo se interpretaban.

Lo que sí sabemos es que sus versos estaban publicados en 1891. Constituyen, por tanto, un testimonio escrito de la presencia de Mislata en la literatura popular valenciana de finales del siglo XIX.

Una pequeña parte de nuestra memoria popular

Estas cinco coplas nos hablan de un pueblo visto a través del amor, la belleza, el humor e incluso la devoción. No describen grandes acontecimientos ni personajes ilustres, sino asuntos mucho más cotidianos: el atractivo de las jóvenes, las declaraciones amorosas y las bromas propias del cortejo.

Precisamente ahí reside su interés.

El folklore también forma parte de la historia de un pueblo. Se encuentra en las canciones que se recuerdan, en los refranes que pasan de padres a hijos, en las bromas entre localidades vecinas y en las palabras que, con el paso del tiempo, dejan de escucharse.

Hoy no sabemos quién compuso estas coplas, quién pudo cantarlas ni si llegaron a transmitirse entre los vecinos de Mislata. Pero su conservación nos permite recuperar una pequeña muestra de aquella cultura popular que acompañaba la vida de nuestros antepasados.

Y quizá, entre estos versos de amor y picardía, todavía quede algún eco de las voces que un día los hicieron suyos.