
La Casa Gran
Historia de un palacio desaparecido
Durante siglos, la Casa Gran fue uno de los edificios más emblemáticos de Mislata. Situada en la actual plaza de la Constitución, en el solar que hoy ocupa el Ayuntamiento, fue residencia señorial, referencia urbana y escenario de algunos de los principales episodios de la historia local.
Su desaparición, producida durante la década de 1970, supuso la pérdida de uno de los testimonios arquitectónicos más significativos de la antigua baronía de Mislata. Sin embargo, la Casa Gran sigue presente en la memoria colectiva, en las fotografías conservadas, en los testimonios de quienes la conocieron y en el matacán que se salvó del derribo y fue instalado en la fachada del actual edificio consistorial.
El Manzil 'Aṭā:
La historia de la Casa Gran se relaciona tradicionalmente con el origen andalusí de Mislata. Durante la época musulmana existía en este territorio una alquería conocida como Manzil 'Aṭā, nombre que aparece citado en fuentes árabes medievales y que fue mencionado por el poeta Ibn al-Abbar entre los lugares vinculados a la Valencia islámica.
El término árabe manzil podía designar una residencia, un asentamiento o una parada de camino. Por ello, una de las interpretaciones más difundidas relaciona Manzil 'Aṭā con una posada o lugar de descanso situado junto a una importante vía de comunicación hacia el interior valenciano.
La ubicación de Mislata, en el acceso occidental a Valencia y junto a antiguos caminos, favorece esta hipótesis. El actual eje formado por la calle Mayor, la plaza de la Constitución y la calle del Cristo de la Fe conserva parte de esa función histórica de paso y conexión territorial.
No obstante, conviene diferenciar entre lo documentado y lo hipotético. La existencia de Manzil 'Aṭā está respaldada por las fuentes medievales, pero no se conserva una prueba arqueológica o documental que permita identificar con certeza el lugar exacto de aquella alquería ni afirmar que la Casa Gran se levantara directamente sobre ella. La posible continuidad entre ambos espacios debe entenderse, por tanto, como una interpretación histórica plausible.
La Casa Gran y la antigua baronía:
Mislata fue una localidad de señorío desde la Edad Media. Tras la conquista cristiana, las casas y tierras de la alquería fueron repartidas entre distintos beneficiarios, y en 1239 se documenta la concesión del poblado. Más tarde, en 1497, la baronía pasó a manos de los condes de Aranda, una de las familias nobiliarias más influyentes de la época.
La tradición histórica sitúa la Casa Gran como residencia de los señores de Mislata después del abandono del antiguo castillo de la Morería, que había sido la sede señorial original. El edificio, situado en una posición dominante frente a la plaza, reunía las condiciones necesarias para convertirse en un palacio de representación y administración de la baronía.
La fecha exacta de su construcción no está plenamente aclarada. Algunos autores la sitúan en el siglo XVII, mientras que otros han planteado la posibilidad de que incorporara estructuras anteriores. Lo más prudente es considerar que la Casa Gran fue el resultado de diversas etapas constructivas y reformas, como corresponde a un edificio utilizado durante varios siglos.
Aunque los señores de Mislata no residieran de forma continua en el municipio, la casa mantenía un fuerte valor simbólico. Representaba la presencia de la autoridad señorial en la vida cotidiana de una población dedicada principalmente a la agricultura y vinculada a las tierras de la huerta.
Un edificio ligado a la historia militar de Mislata:
La situación estratégica de Mislata, junto a los accesos occidentales de Valencia, convirtió al municipio en escenario de distintos conflictos. La Casa Gran aparece vinculada a algunos de ellos.
Durante la Guerra de la Independencia, Mislata y las poblaciones cercanas fueron ocupadas por las tropas francesas dirigidas por el mariscal Suchet. Las noticias históricas locales sitúan en la Casa Gran una dependencia de mando o alojamiento militar durante aquella ocupación, mientras el entorno de la plaza fue ocupado por soldados y convoyes.
Décadas después, en 1873, la Revolución Cantonal volvió a situar Mislata en una posición estratégica. El general Arsenio Martínez Campos instaló en el municipio parte de sus fuerzas y de su artillería para el bombardeo de Valencia. La Casa Gran habría servido entonces como Estado Mayor o alojamiento del mando militar.
Estos episodios muestran que el edificio no fue solo una residencia privada. Por su tamaño, posición y relación con la plaza principal, pudo cumplir también funciones de representación, organización y acogida en momentos excepcionales.
La arquitectura de la Casa Gran:
Las imágenes y testimonios conservados describen un edificio de aspecto sobrio y robusto, con rasgos propios de una casa señorial fortificada. Su fachada presentaba dos cuerpos laterales a modo de torres y un matacán, elemento saliente situado en la parte alta que reforzaba la apariencia defensiva del conjunto.
El matacán era el detalle más reconocible del edificio. Aunque su función original no está documentada con precisión, este tipo de elementos se asocia habitualmente a la vigilancia y protección de los accesos. En la Casa Gran también pudo desempeñar una función representativa, como lugar para colocar el estandarte de la baronía.
La puerta principal era cuadrada en la última etapa del edificio, pero bajo las capas de cal se conservaba un antiguo arco de medio punto realizado en sillería. En la planta superior se distinguían igualmente dos balcones con arcos de medio punto, también ocultos por los revestimientos posteriores.
Este contraste entre los elementos antiguos y las modificaciones más recientes reflejaba una larga historia de adaptaciones. La Casa Gran no llegó al siglo XX con su configuración original, sino transformada por el paso del tiempo, los cambios de propiedad y la necesidad de dividir sus espacios para nuevos usos.
Un recorrido por el interior:
A mediados del siglo XX, el interior de la Casa Gran ya había sufrido numerosas alteraciones. De la antigua estructura señorial se conservaban la escalera de piedra y el gran arco rebajado que sostenía la entrada principal, mientras que muchas de las dependencias habían sido modificadas o subdivididas.
El zaguán quedaba ligeramente por debajo del nivel de la plaza. Esta diferencia se debía a que el pavimento de la calle había sido elevado con el tiempo para facilitar la evacuación de las aguas hacia la calle del Cristo de la Fe. La antigua puerta quedó así hundida respecto al nivel moderno de la vía pública.
La zona central del edificio era especialmente amplia y alcanzaba, según los testimonios, una altura aproximada de entre diez y doce metros. Una trapa de madera equipada con una polea permitía elevar productos agrícolas hasta el segundo piso, donde se almacenaban. Este detalle muestra que, además de residencia señorial, el edificio tuvo usos vinculados a la economía agraria.
Dos escaleras comunicaban la planta baja con los pisos superiores. Originalmente, un corredor perimetral recorría la vivienda y unía sus dependencias, pero fue interrumpido cuando el edificio se dividió para crear viviendas independientes. Estas reformas obligaron a abrir nuevos accesos y modificaron de forma considerable la distribución interior.
En el lado recayente a la calle del Cristo de la Fe existía una estancia rectangular, de suelo de tierra y con ventanas a la calle, que pudo funcionar como bodega. En el lado opuesto se conservaba una gran chimenea en forma de campana, acompañada de bancos de madera. El conjunto contaba con varias cocinas, comedores y espacios que pudieron utilizarse para reuniones o celebraciones.
En la parte posterior se abría un amplio corral, donde había un pozo de piedra —que posteriormente fue cegado— y una gran pila destinada a las tareas domésticas. En reformas posteriores se abrió una puerta desde la calle del Cristo de la Fe para acceder directamente al patio y facilitar el almacenamiento de materiales.
De residencia señorial a edificio de viviendas:
A finales del siglo XIX, la Casa Gran dejó de funcionar como residencia señorial y pasó a albergar distintos inquilinos. El cambio de uso provocó reformas continuas y una progresiva división de los espacios interiores.
La conversión de una gran casa en varias viviendas era habitual en edificios históricos que habían perdido su función original. Sin embargo, en el caso de la Casa Gran estas adaptaciones aceleraron la desaparición de elementos arquitectónicos y alteraron profundamente su distribución.
Hacia 1958, la familia Alegre, propietaria del edificio, lo vendió a la familia Alcón. Poco después, la Casa Gran pasó por nuevas manos y el Ayuntamiento de Mislata acabó adquiriéndola en 1961.
Durante un tiempo se contempló la posibilidad de conservar el inmueble. Según la documentación municipal citada por la historiografía local, en un pleno celebrado el 31 de julio de 1971 se propuso desmontar y reconstruir al menos el arco central de la Casa Gran en otro emplazamiento. La iniciativa no llegó a ejecutarse.
El derribo y la polémica patrimonial:
Durante los primeros años de la década de 1970, la Casa Gran se encontraba muy deteriorada. Finalmente, el Ayuntamiento acordó su demolición para levantar en el solar el nuevo edificio consistorial.
La decisión provocó una intensa polémica entre vecinos y sectores culturales valencianos. La prensa de la época denunció la pérdida de un inmueble que consideraba esencial para la memoria histórica de Mislata. En marzo de 1975, el periodista Lisard Arlandis publicó en Las Provincias el artículo «El espíritu y el cemento», una crítica a la desaparición del palacio y a la falta de alternativas para destinarlo a usos culturales, como museo, biblioteca o casa de cultura.
La Casa Gran fue demolida durante aquellos años y en su solar se levantó el actual Ayuntamiento de Mislata. Gran parte de los materiales y piezas arquitectónicas fueron trasladados a almacenes municipales, pero no consta que se conservaran de forma sistemática.
Solo se salvó el matacán de la fachada. Este elemento fue recolocado en la parte superior del actual edificio consistorial y constituye el principal vestigio material de la Casa Gran, sin embargo, debido a las reformas en el edificio consistorial, el matacán fue retirado de la fachada sin aviso previo, siendo colocado en el interior del edificio fuera de la vista de la población.
Un símbolo perdido, una memoria vigente:
La Casa Gran concentró durante siglos una parte esencial de la historia de Mislata. Su posible relación con el antiguo Manzil 'Aṭā, su condición de residencia de la baronía, su uso durante episodios bélicos y su transformación posterior reflejan las sucesivas etapas del municipio.
Fue también un edificio vivo: residencia señorial, vivienda de inquilinos, almacén agrícola y referencia urbana para generaciones de vecinos. Su demolición dejó un vacío patrimonial difícil de reparar, pero también convirtió a la Casa Gran en un símbolo de la necesidad de conocer, valorar y conservar la historia local.
El matacán situado en la fachada del Ayuntamiento mantiene una relación directa con ese pasado. No sustituye al edificio desaparecido, pero recuerda que, bajo la actual plaza y tras la transformación urbana del municipio, permanece la memoria de una de las construcciones más importantes de la antigua Mislata.
