
Tranvías y ferrocarriles
La llegada del tranvía y del ferrocarril supuso un cambio decisivo en la evolución moderna de Mislata. Estas nuevas vías de comunicación conectaron el municipio con València y con las poblaciones del entorno, facilitando el desplazamiento de trabajadores, viajeros y mercancías.
La mejora de los transportes coincidió con un intenso crecimiento demográfico: Mislata pasó de 1.203 habitantes en 1888 a 6.638 en 1943. Durante buena parte del siglo XX, hasta siete líneas diferentes de tranvía, tren y autobús cruzaron el término municipal, convirtiendo al pueblo en uno de los principales puntos de comunicación del área metropolitana valenciana.

Los tranvías:
Entre finales del siglo XIX y mediados del XX, tres líneas de tranvía conectaron Mislata con Valencia y otras poblaciones: las líneas 7, 21 y 22. Su presencia facilitó el acceso al comercio, la administración y los centros educativos de la capital, permitiendo que numerosos mislateros trabajaran en Valencia sin abandonar el municipio.
Línea 7: Ruzafa-Mislata:
La línea 7, gestionada por la Sociedad General de Tranvías, fue la primera en llegar a Mislata. Inicialmente funcionaba con tracción animal y unía Ruzafa con la Cruz Cubierta de Mislata. La compañía explotaba también la línea de circunvalación de Valencia, inaugurada en 1885.
Esta línea fue la última de las que llegaban a Mislata en incorporar tranvías eléctricos. Para alcanzar el municipio atravesaba el centro de Valencia y pasaba por las Torres de Quart, una imagen que quedó asociada al recuerdo de muchos viajeros.
Línea 21: Valencia-Torrent:
En 1892, una Real Orden concedió la explotación del tranvía Valencia-Torrent. La línea perteneció inicialmente a la sociedad Gil Roger i Cía. y, más tarde, pasó a la sociedad Plá i Hermanos.
Su recorrido atravesaba Mislata por la calle Valencia y la antigua carretera de Torrent, actual avenida Blasco Ibáñez, antes de continuar hacia Xirivella. Fue la primera línea que introdujo el tranvía eléctrico en el municipio, en 1900. Con la electrificación se fijaron límites de velocidad de 20 kilómetros por hora en carreteras y caminos, y de 8 kilómetros por hora dentro de los núcleos urbanos.
Línea 22: Valencia-Manises:
La línea 22 fue inaugurada el 1 de abril de 1925 por la Sociedad Lyonnaise. Partía de la avenida Guillem de Castro, en Valencia, y llegaba a Manises atravesando Mislata por las calles Valencia y San Antonio, para continuar después hacia Quart de Poblet.
En paralelo, una línea de autobús unía Valencia con Mislata, Quart de Poblet y Manises, con salida junto a las Torres de Quart. Todo ello confirma la importancia histórica del corredor oeste como eje de comunicación entre la capital y las poblaciones vecinas.
Los tranvías formaron parte de la vida cotidiana de varias generaciones. Permanecen en la memoria el traqueteo de los vehículos al atravesar el pueblo, la figura del cobrador y las populares «jardineras», vagones descubiertos que se incorporaban durante las Fallas y se llenaban de viajeros.
La desaparición de este medio de transporte llegó con la reorganización de las comunicaciones derivada de las obras del Plan Sur. El último tranvía de la línea 7 realizó su recorrido final en 1964 y se detuvo por última vez junto a la Cruz Cubierta de Mislata.
El ferrocarril Valencia-Llíria
El proyecto para unir Valencia y Llíria por ferrocarril comenzó en la década de 1880. Las obras se iniciaron oficialmente en Manises en 1882, aunque los cambios de criterio sobre la ubicación de la estación terminal en Valencia retrasaron la puesta en marcha de la línea.
La estación terminal, conocida como Estación de Aragón y proyectada por el ingeniero Rafel Valls, se construyó finalmente en la calle Quart, fuera del centro histórico de Valencia. Por este motivo fue necesario enlazarla con la ciudad mediante un servicio de tranvía.
La línea, de 27,65 kilómetros y nueve paradas, quedó en manos de la Sociedad de los Ferrocarriles de Valencia y Aragón. El tramo entre Valencia y Manises se abrió al público en 1889, mientras que el recorrido completo hasta Llíria entró en servicio al año siguiente.
La estación de Mislata:
La estación de Mislata entró en funcionamiento el 22 de mayo de 1889, coincidiendo con la apertura al público del primer tramo del ferrocarril entre València y Manises. Aquel día, el convoy inaugural realizó un recorrido festivo con paradas en Mislata, Quart de Poblet y Manises, donde fue recibido por autoridades y vecinos.
En Mislata, cuyo alcalde era Manuel Puchades Balbastre, la llegada del tren se celebró con especial entusiasmo. La estación fue decorada con arcos de triunfo y un retrato de la reina regente colocado en la fachada, mientras la música y las campanas acompañaban la recepción del convoy. Para una población todavía estrechamente vinculada a la huerta, la llegada del ferrocarril representaba una conexión directa con València y con las nuevas posibilidades de movilidad, comercio y actividad industrial.
La estación se situaba en la intersección de la actual avenida Gregorio Gea con la calle de la Estación, vía que conserva el recuerdo de aquella infraestructura. El edificio principal respondía al modelo habitual de las estaciones secundarias de la época: contaba con dos plantas, dedicadas a las dependencias de servicio en la planta baja y a la vivienda del jefe de estación o del personal ferroviario en la superior.
Junto al edificio se encontraba un pequeño inmueble destinado a aseos. En las inmediaciones había también tres vagones retirados del servicio que se utilizaban como almacén de mercancías, una muestra de la importancia que tuvo la estación no solo para el transporte de pasajeros, sino también para la entrada y salida de productos.
Muy cerca funcionaba el Despacho Central, donde se realizaban las facturaciones y los trámites vinculados a las cargas. Desde este punto se organizaba la circulación de mercancías que llegaban a las industrias del municipio o que partían de Mislata hacia otros destinos. Con el paso de los años, la estación se convirtió en un elemento fundamental para el crecimiento industrial del entorno.
El día a día del ferrocarril:
Durante sus primeras décadas, el paisaje que rodeaba la estación estaba formado por huerta, acequias y caminos rurales. Con el tiempo comenzaron a instalarse industrias junto al trazado ferroviario, atraídas por la facilidad de recibir materias primas y distribuir sus productos mediante el tren.
Para los vecinos, el paso regular de los convoyes marcaba las horas del día y se integró pronto en la rutina del pueblo. La llegada del tren se anunciaba mediante una campana. Cuando el convoy procedente de Quart de Poblet se aproximaba a Mislata, reducía su velocidad antes de detenerse frente al andén.
El factor era el responsable de controlar la llegada y la salida de los trenes. La marcha se indicaba mediante el silbato y una bandera, mientras que el guardagujas accionaba manualmente la palanca que modificaba la posición de los raíles para permitir el paso seguro del convoy.
El movimiento de este mecanismo hacía girar el disco de señalización situado antes de las primeras casas del pueblo, avisando de la entrada del tren. Con el banderín verde, el guardagujas autorizaba la maniobra. Durante estas operaciones, el paso de peatones, carros y vehículos quedaba cerrado, una escena habitual en la vida cotidiana de la Mislata de principios y mediados del siglo XX.
Aunque era una estación modesta, su actividad generaba un movimiento continuo de viajeros, trabajadores y mercancías. Durante décadas, fue una puerta de entrada y salida para el municipio y uno de los espacios que mejor reflejaron su transformación desde una población agrícola hasta un núcleo cada vez más urbano e industrial.
Ferrocarril e industrialización:
La estación generó un movimiento constante de viajeros, trabajadores y mercancías. Su presencia condicionó la configuración del entorno y favoreció la instalación de industrias en sus proximidades, especialmente después de la Guerra Civil.
Entre las empresas vinculadas a este eje ferroviario se encontraban Jabones Moscardó, los laboratorios Natra, la fábrica de piensos Gascó y Vicente Porcar, la fábrica Muñoz de muebles para máquinas de coser y Maderas Alcón. En los terrenos de la actual plaza Mayor, la Cementera de Buñol levantó una planta conectada a la estación por una vía privada. A su alrededor se instalaron también empresas como Vilarrasa, Ytong y Conresa.
Otras industrias, como la fábrica de papel de fumar Payá-Millares y la curtiduría de la calle Felipe Bellver, utilizaban la estación de Mislata como punto de distribución de sus productos.
El final de la línea y la llegada del metro:
La reorganización ferroviaria posterior a la riada de 1957 y al Plan Sur cambió por completo este paisaje. La línea fue suprimida en el tramo urbano y el servicio de la estación cesó en 1968. Poco después comenzó el desmontaje de las vías.
El traslado del ferrocarril en 1969 permitió el desarrollo urbano hacia el sur. Los terrenos se cedieron al Ayuntamiento y, sobre el antiguo trazado, se urbanizó la avenida Gregorio Gea en 1973. Donde antes circulaban trenes y se extendían campos e industrias, se consolidó uno de los principales ejes urbanos de Mislata.
A finales de la década de 1990, la construcción soterrada de la línea 3 del metro devolvió al municipio su conexión ferroviaria. Las estaciones de Nou d'Octubre, Mislata y Mislata-Almassil recuperaron para este corredor su histórica función como enlace entre Mislata, Valencia y las poblaciones del oeste metropolitano.
Los accidentes del paso a nivel:
La convivencia entre las líneas de tranvía y el ferrocarril que atravesaban Mislata generó, durante buena parte del siglo XX, diversos problemas de seguridad. Los pasos a nivel eran puntos especialmente delicados, donde coincidían vehículos, peatones, carros y trenes en movimiento.
Pese a las paradas reglamentarias y a las señales de control, se produjeron accidentes que quedaron profundamente grabados en la memoria de Mislata y de los municipios vecinos. Entre ellos destacaron dos siniestros especialmente graves, ocurridos en 1936 y 1952.
El accidente del 10 de febrero de 1936:
A primera hora de la mañana del 10 de febrero de 1936, un tranvía de la línea 21 se aproximaba al paso a nivel de la carretera de Torrent. El vehículo iba lleno de trabajadores, muchos de ellos procedentes de Xirivella y con destino a Valencia.
Las lluvias de los días anteriores habían dejado el firme mojado y resbaladizo. Al llegar al cruce, el tranvía realizó la parada reglamentaria, pero sus frenos no respondieron. Las ruedas patinaron y el vehículo avanzó sin control hasta chocar con el tren procedente de Manises.
La locomotora golpeó el tranvía, rompió las cadenas del paso a nivel y lo arrastró entre doce y catorce metros. Algunos pasajeros que viajaban en los estribos lograron arrojarse a la carretera al advertir el peligro. Los primeros auxilios fueron prestados por vecinos de la zona y, poco después, por la Guardia Civil.
El accidente causó la muerte de tres personas y dejó dieciocho heridos graves. La tragedia tuvo una especial repercusión en Mislata y Xirivella, donde residían muchas de las personas que utilizaban habitualmente esta línea para desplazarse a València.
El accidente del 17 de septiembre de 1952:
Dieciséis años después, el 17 de septiembre de 1952, Mislata volvió a sufrir un grave accidente en el mismo entorno ferroviario. Aquella tarde circulaban dos tranvías de la línea de Torrent. El primero consiguió detenerse ante la llegada del tren, pero el segundo no frenó a tiempo.
Según los testimonios recogidos entonces, el conductor no habría advertido la señal con la suficiente antelación. El tranvía rompió las cadenas del paso a nivel, invadió la vía y fue arrollado por la locomotora.
El impacto destrozó el vehículo, que fue arrastrado varios metros hasta chocar contra el muro del antiguo chalet Villa Carmen. Los vecinos acudieron inmediatamente para ayudar a los heridos, aunque la falta de herramientas y de personal especializado dificultó las tareas de rescate.
El alcalde de Mislata, Baltasar Rull, acudió al lugar del siniestro, al que llegaron también autoridades procedentes de València. El balance fue de cinco personas fallecidas y veintisiete heridos graves, convirtiéndose en uno de los accidentes de transporte más trágicos de la comarca.
El entierro de las víctimas, celebrado en Mislata, reunió a representantes de ambos municipios y a una multitud de vecinos que acompañó a las familias en señal de duelo.
Un recuerdo ligado al antiguo ferrocarril:
Estos dos accidentes reflejan los riesgos que implicaba la convivencia entre tranvías y ferrocarril en los antiguos pasos a nivel. Durante décadas, las vías formaron parte del paisaje cotidiano y contribuyeron al desarrollo del municipio, pero también condicionaron la seguridad de quienes transitaban por ellas.
La desaparición de los tranvías y el posterior traslado de la línea ferroviaria transformaron este paisaje urbano. Sin embargo, los sucesos de 1936 y 1952 permanecen en la memoria histórica de Mislata como algunos de los episodios más dolorosos vinculados a su antigua red de transportes.
