Los molinos

Durante la mayor parte de su historia, Mislata fue un pueblo de huerta. El trigo, la cebada, las garrofas, las hortalizas y otros cultivos dependían de una compleja red de acequias que organizaba el paisaje, el trabajo y la vida cotidiana.

En ese territorio, los molinos hidráulicos tuvieron una función esencial. Transformaban el grano en harina, elaboraban arroz, procesaban nuevos productos y aprovechaban la fuerza del agua para mover una maquinaria que, durante siglos, resultó imprescindible para la economía local.

Hoy todos aquellos molinos han desaparecido. Sin embargo, su recuerdo permanece en documentos, nombres de calles, fotografías antiguas y relatos vecinales. El Molí de Cabot, el Molí de la Señoría, el Molí d'Aranda, el Molí de Brusel y los pequeños molinos de algarroba forman parte de una historia que ayuda a comprender la Mislata agrícola anterior a las fábricas, las avenidas y el crecimiento urbano del siglo XX.

Los molinos de Mislata: agua, grano y memoria de la huerta:

La historia de los molinos de Mislata está estrechamente ligada a sus acequias. La acequia madre de Mislata, la de Favara y diversos brazos secundarios transportaban el agua necesaria para regar los campos y, en determinados puntos, para accionar molinos.

El sistema hidráulico de la huerta valenciana tiene raíces anteriores a la conquista cristiana. Los molinos de Mislata se integraron en esa red y aprovecharon desniveles, partidores y derivaciones de agua para obtener la energía necesaria para la molienda.

La documentación posterior a la conquista permite situar la importancia económica de estas instalaciones. En 1239, Sanç Llopis d'Albero recibió la alquería de Mislata y sus bienes en el reparto posterior a la conquista de Valencia. Las fuentes históricas relacionan con esta etapa tres molinos existentes en el término.

No se conservan restos materiales de aquellos edificios medievales ni puede identificarse con total seguridad cada uno de ellos. Aun así, la continuidad del sistema de acequias y las referencias documentales muestran que los molinos fueron una pieza estable del paisaje de Mislata desde la Edad Media.

Molinos y señorío:

Durante siglos, los molinos estuvieron vinculados a los derechos de los señores territoriales. La posesión de un molino suponía disponer de una fuente de ingresos y de una infraestructura indispensable para los agricultores.

En el régimen señorial, el uso del molino podía quedar sujeto al pago de derechos de molienda. Para los campesinos, llevar el cereal al molino no era una actividad secundaria: era el paso necesario para convertir la cosecha en harina, alimento básico de las familias y producto de comercio.

La documentación de la Edad Moderna confirma que los molinos siguieron siendo bienes de gran valor. En 1573, por ejemplo, un pleito relacionado con un molino implicaba al señor de parte de Mislata. Más tarde, los condes de Aranda y otros titulares de la señoría mantuvieron propiedades y derechos en el municipio. Senyories Històriques Valencianes de la Universitat de València

Un censo de 1646, citado por la investigación local, identifica cuatro propietarios de molinos en Mislata: Feliciano Soler, Bernat Vavià, Joan Rexach y Francesc Querol. Resulta significativo que todos residieran en la antigua calle de los Cristianos, actual calle Mayor, donde se concentraban algunas de las casas y familias más influyentes del pueblo.

Junto a los tres molinos tradicionales —Cabot, Señoría y Aranda— aparece la referencia a un cuarto establecimiento conocido como el Molí Paperer.

El Molí de Cabot: el gran molino de la acequia de Mislata

El Molí de Cabot fue uno de los molinos más importantes de la huerta de Mislata. Se encontraba en la partida del Paquillo, junto a la acequia madre de Mislata, en un punto clave de la red hidráulica.

Su posición no era casual. Cerca del molino se localizaban importantes partidores de agua y derivaciones hacia otras acequias. La documentación hidráulica señala que, en las inmediaciones del Molí de Cabot, el agua recuperada de la acequia de Mislata daba origen a la acequia de Faitanar, que después regaba tierras de Xirivella y de otros municipios de l'Horta Sud. Tribunal de les Aigües

El molino recibió diversos nombres a lo largo de su historia. La investigación especializada ha identificado en el siglo XV las denominaciones de molino de Samarra o de Moferig; en otros momentos aparece asociado a los nombres de Conill, Zamarra o Cabot. Estas variaciones reflejan cambios de propietarios, usos y referencias geográficas.

En su última etapa fue conocido por los vecinos como Molí de Cabot. Un plano catastral iniciado en 1929 lo identifica como Molino de Harinas de Andrés Ballester, lo que demuestra que seguía activo y adaptado a la economía contemporánea.

Una descripción de 1920 conservada en el Archivo del Reino de Valencia presenta el Molí de Cabot como una finca de gran tamaño, con una superficie aproximada de 2.400 metros cuadrados.

El conjunto incluía vivienda, corral, huerto, patio, era, edificio auxiliar y otras dependencias. No era, por tanto, una instalación aislada: era una pequeña unidad agrícola y familiar en la que convivían el trabajo de molienda, el almacenamiento, la vivienda y el cultivo.

El molino contaba con varias muelas. La investigación sobre el sistema hidráulico de Mislata lo describe como un molino de cuatro piedras, muestra de una capacidad productiva considerable para su tiempo.

Para llegar hasta él desde el casco urbano se seguía el antiguo Azagador de Zamarra, actual avenida del Sur. Tras pasar el entorno del antiguo cementerio, el camino continuaba entre huertas y acequias hacia la partida del Paquillo. Era un recorrido cotidiano para agricultores, carreteros y vecinos que necesitaban llevar el grano a moler.

Del trigo a la harina:

El funcionamiento del molino exigía una cadena de trabajo precisa. El trigo llegaba primero en carros y, más adelante, en camiones. Se descargaba en una tolva, se limpiaba y preparaba antes de iniciar la molienda.

La harina era el producto principal, pero el proceso también generaba subproductos. La cascarilla o salvado —conocido en valenciano como segó— se destinaba habitualmente a la alimentación animal.

Durante generaciones, el Molí de Cabot fue uno de los lugares donde la producción agrícola de la huerta se convertía en alimento y mercancía. Su función iba mucho más allá de moler cereal: articulaba una parte importante de la economía rural de Mislata y de su entorno.

El extraperlo durante la posguerra:

La memoria oral sitúa también al Molí de Cabot en los años difíciles de la posguerra. El sistema de cupos obligatorios y la intervención de la producción cerealista favorecieron el estraperlo en muchas zonas rurales.

Los testimonios locales recuerdan la llegada de cubas de vino con doble fondo, utilizadas presuntamente para ocultar grano bajo una capa de vino. Son relatos que deben entenderse como memoria oral, pero reflejan bien el clima de escasez, control y supervivencia de aquellos años.


El Molí de Cabot desapareció con las obras del nuevo cauce del Turia, ejecutadas tras la riada de 1957. Su emplazamiento quedó afectado por la transformación radical de la huerta y por las infraestructuras situadas hoy junto a la V-30. Con él desapareció uno de los grandes referentes del paisaje agrícola mislatero.

El Molí de la Señoría: el pequeño de Mislata

Al norte del casco urbano, en la partida del Barranquet, se encontraba el Molí de la Señoría, conocido popularmente como el molinet o "el pequeño de Mislata".

Se situaba junto al Braç dels Moros, cerca del actual entorno de las calles San Antonio y Pare Llansol. Su nombre procedía de su proximidad al antiguo Castillo de la Morería, también llamado Casa de la Señoría.

Aunque su tamaño era menor que el del Molí d'Aranda, fue un edificio muy conocido por los mislateros. Formaba parte de un paisaje donde la acequia, el molino, la huerta y las casas de labor se encontraban estrechamente unidos.

La tradición documental lo vincula a los antiguos bienes de la señoría de Mislata. Permaneció en manos señoriales durante siglos y pasó por distintos propietarios hasta su venta, en 1896, junto con otras propiedades de la antigua nobleza local.

De molino a fábrica de yeso:

El Molí de la Señoría tuvo una larga vida productiva. Primero funcionó como molino harinero y arrocero, pero en 1932 se destinó a una actividad completamente diferente: la fabricación de yeso.

La piedra llegaba desde canteras situadas en Benaguasil y Vilamarxant, transportada por ferrocarril hasta la estación de Mislata o mediante carros que recorrían los caminos de la huerta. El antiguo molino se adaptó así a la industrialización de la primera mitad del siglo XX sin perder del todo su carácter agrícola.

El conjunto contaba con sala de molienda, cocina, cuadra, carrocera, habitaciones, granero, lavadero, era, secadero, corral y un pequeño terreno de huerta. Era una finca completa, pensada para combinar vivienda, trabajo, almacenamiento y producción.

Tras cambiar de propietarios en 1961, el edificio entró en su etapa final y fue derribado en los primeros años de la década de 1970. Con él se perdió uno de los ejemplos más reconocibles de arquitectura hidráulica tradicional de Mislata.

El Molino de Aranda: el grande de Mislata

El Molino de Aranda fue conocido como "el grande de Mislata", una denominación que revela su importancia en comparación con el Molí de la Señoría.

También recibió, en su última etapa, el nombre de Molino de Tatay, por los hermanos Tatay, propietarios relacionados con la fabricación de harinas a comienzos del siglo XX.

El molino se situaba junto a la acequia de Favara, en el entorno que hoy ocupa la antigua fábrica de papel de fumar Payá, frente a la plaza del Conde de Aranda. De aquel emplazamiento solo queda un indicio toponímico: la calle del Molí o del Molino, una vía estrecha que recuerda el antiguo camino hacia la acequia y la finca molinera.

Los protocolos notariales relativos a la división de bienes de María de los Dolores Cebrián, baronesa de Mislata y Morería, describen el edificio como un molino harinero y arrocero movido por las aguas de Favara.

El conjunto incluía tierras de huerta, una era y un muro perimetral. Su actividad no se limitaba a la transformación del grano: estaba integrado en una explotación agrícola con capacidad de almacenar, secar y procesar las cosechas.

La construcción de la fábrica Payá supuso la desaparición definitiva del molino. El proceso simboliza el cambio económico de Mislata: la antigua energía del agua dejó paso a la industria moderna, primero fabril y después urbana.

El Molino de Brusel:

El Molino de Brusel, conocido también como Molino del Xurro o Molí de la Creu, representa una etapa distinta. No pertenecía al mundo medieval ni al régimen señorial, sino a la modernización industrial de comienzos del siglo XX.

Fue fundado en 1915 por Francisco Brusel Clemente, natural de Teruel, como molino arrocero. Tras su fallecimiento, parte de sus hijos continuó con el negocio desde 1923.

El edificio se encontraba en el chaflán entre la calle València y la antigua carretera de Torrent, actual avenida Blasco Ibáñez. Combinaba vivienda e instalaciones industriales: una parte del inmueble estaba destinada a la familia y otra al procesado del arroz.

Hasta allí llegaba arroz con cáscara procedente de distintas poblaciones de la huerta valenciana. En el molino se separaba el grano de la cascarilla, que después podía tener otros usos comerciales.

Su actividad se mantuvo hasta 1972. Poco después, el edificio fue derribado para construir viviendas. Su desaparición cerró una de las últimas etapas visibles de la molienda tradicional en Mislata.

Los molinos de algarroba:

Mislata contó también con pequeños molinos dedicados a la molienda de algarroba. Uno se situaba aproximadamente a la altura del actual número 32 de la calle Pare Santonja; otro, en el entorno de la avenida Blasco Ibáñez y la calle Doctor Peset.

La algarroba tenía aplicaciones alimentarias, ganaderas e industriales. Su harina podía emplearse en diversas elaboraciones y, en determinados casos, como sustituto parcial del cacao.

El empresario mislatero Alberto Sanmartín Querol figura en una disposición publicada por la Gaceta de Madrid en 1927. El documento indica que disponía de una patente para obtener harina de algarroba y que solicitó autorización para utilizarla en la elaboración de chocolate en una proporción del 2 %.

La autorización fue concedida mediante Real Orden, siempre que se cumplieran las condiciones legales de etiquetado y composición. No se trata, por tanto, de una licencia exclusiva para moler algarroba en España, sino de una autorización específica para emplear su harina en una fórmula de chocolate. Gaceta de Madrid, 19 de marzo de 1927

Este episodio conecta los pequeños molinos de algarroba con la evolución industrial posterior de Mislata y con empresas que, como Natra, aprovecharían productos relacionados con el cacao y la alimentación.

Un patrimonio desaparecido:

Los molinos de Mislata no sobrevivieron al crecimiento urbano, al Plan Sur ni a la transformación de la economía agrícola. Las acequias fueron cubiertas o desviadas, las huertas se convirtieron en calles y edificios, y los antiguos complejos molineros quedaron reducidos a fotografías, documentos y recuerdos.

Sin embargo, su historia sigue presente en nombres como la calle del Molí. También pervive en el trazado de algunas acequias, en la memoria de los mayores y en la estructura urbana de una ciudad que, antes de ser un municipio densamente construido, fue tierra de agua, grano y molinos.

Fuentes:

-Universitat de València, proyecto Senyories Històriques Valencianes: documentación sobre Mislata, los señores territoriales y el pleito por un molino de 1573.

-Archivo del Reino de València. Descripción de la finca del Molí de Cabot, 1920.

-Gaceta de Madrid, 19 de marzo de 1927, autorización relativa a la harina de algarroba de Alberto Sanmartín Querol.

-Mañas Borrás, Luis. La Mislata de otros tiempos.