El Barrio Nuevo

La historia del Barrio Nuevo refleja una de las transformaciones más importantes experimentadas por Mislata durante la primera mitad del siglo XX. Su aparición marcó la ruptura de los límites tradicionales del pueblo y el comienzo de la expansión urbana sobre una huerta que, hasta entonces, había estado ocupada casi exclusivamente por campos, acequias y grandes fincas agrícolas.

El desarrollo de este nuevo núcleo estuvo estrechamente relacionado con la carretera de Mislata a Real de Montroy, la proximidad del ferrocarril Valencia–Llíria y la llegada del tranvía de Torrent. Alrededor de estas vías se levantaron grandes residencias de recreo, pequeños chalets y viviendas populares. El resultado fue un paisaje singular en el que convivieron familias de la burguesía valenciana, trabajadores, labradores y artistas circenses.

La carretera de Mislata a Real de Montroy:

A finales del siglo XIX comenzó a construirse la carretera de Mislata a Real de Montroy, conocida popularmente en el municipio como la Carretera de Torrent. La Gaceta de Madrid documenta que en marzo de 1893 todavía se tramitaban expropiaciones necesarias para ejecutar algunos de sus tramos, lo que permite situar su construcción definitiva en aquella década.

La carretera nacía del antiguo camino de Madrid para dirigirse hacia Xirivella, Alaquàs y Torrent. Desde allí continuaba hacia Montserrat, Montroy y Real. Su apertura proporcionó una comunicación más directa entre Valencia y las poblaciones situadas al sur y suroeste, facilitando el desplazamiento de viajeros y el transporte de productos agrícolas.

A comienzos del siglo XX, el geógrafo Francesc Carreras Candi describía esta vía como una carretera moderna, sombreada modestamente por árboles, principalmente olivos. Al dejar atrás el paisaje llano de la huerta y aproximarse a Montserrat, su trazado comenzaba a adaptarse a las pequeñas elevaciones que anunciaban la cercanía de la sierra.

La carretera no solo facilitó las comunicaciones. También generó un nuevo eje de crecimiento en unos terrenos que hasta entonces permanecían fuera del casco urbano. Su tramo inicial atravesaba una zona abierta y elevada, rodeada de huerta y próxima tanto a la acequia de Mislata como a la línea ferroviaria de Valencia a Llíria.

La llegada del tranvía de Torrent:

La transformación de este espacio se aceleró con la llegada del tranvía de Valencia a Torrent. Aunque su concesión había sido otorgada mediante Real Orden en 1892, la línea no fue inaugurada hasta el 25 de abril de 1895.

El tranvía partía de las Torres de Quart, atravesaba el Camino Viejo de Mislata y llegaba hasta la Cruz Cubierta. Desde allí se incorporaba a la carretera de Real de Montroy, cruzando Mislata en dirección a Xirivella, Alaquàs y Torrent.

Inicialmente funcionó mediante tracción animal, pero en 1900 fue electrificado. Esta mejora redujo el tiempo de viaje y convirtió la carretera en una vía mucho más transitada. Para los habitantes de Valencia, Mislata se encontraba ahora a pocos minutos de la capital, circunstancia que favoreció la construcción de residencias de recreo y viviendas de segunda residencia.

A estas comunicaciones se sumaba la línea ferroviaria de Valencia a Llíria, cuya estación de Mislata se encontraba muy cerca. La carretera, el tranvía y el ferrocarril hicieron de esta zona uno de los espacios mejor comunicados del municipio, aunque el cruce entre las vías también originó los graves accidentes de 1936 y 1952.

Las primeras villas de recreo:

Desde finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, algunas familias acomodadas de Valencia comenzaron a levantar casas de recreo en las afueras de Mislata. Eran residencias rodeadas de jardines, árboles frutales y terrenos agrícolas, conocidas como villas, chalets, huertos o, siguiendo el lenguaje de la época, «hotelitos».

Mislata ofrecía varias ventajas: estaba muy cerca de la capital, conservaba todavía un ambiente rural y disponía de buenas comunicaciones. Las familias podían pasar allí los meses de verano o largas temporadas sin alejarse demasiado de sus negocios, profesiones y relaciones sociales en Valencia.

La geógrafa Inés Grau García señaló que estas residencias secundarias fueron construidas con independencia del núcleo urbano. Su emplazamiento se vio favorecido por la cercanía de la estación, la amplitud del paisaje y la mayor elevación de la zona respecto a parte de la huerta circundante.

Estas grandes propiedades precedieron al Barrio Nuevo y formaron el paisaje sobre el que posteriormente se desarrolló. No deben confundirse, por tanto, con las viviendas más modestas que integraron el nuevo núcleo residencial.

El nacimiento del Barrio Nuevo:

El Barrio Nuevo propiamente dicho comenzó a formarse entre 1920 y 1930. En el plano urbano de Mislata de 1929 aparece todavía como un núcleo completamente separado del pueblo, rodeado por campos de cultivo.

Según el estudio de Inés Grau García, estaba delimitado por la carretera de Real de Montroy —posteriormente avenida de Calvo Sotelo y actual avenida Blasco Ibáñez—, la acequia de Mislata y las huertas situadas al oeste y al sur.

El conjunto estaba formado por alrededor de setenta viviendas distribuidas a lo largo de tres calles, además de otros tres edificios destinados a usos diferentes. Las casas solían constar de planta baja y un piso, con un patio posterior que podía utilizarse como jardín, corral, almacén o espacio para pequeñas tareas agrícolas.

El Barrio Nuevo no fue, por tanto, únicamente una colonia de chalets burgueses. En él convivieron residencias de recreo con viviendas familiares de carácter más popular. Su arquitectura representaba una transición entre la casa tradicional de pueblo y el pequeño chalet suburbano.

La investigación de Luis Mañas recoge, además, que en 1931 el diario Las Provincias anunciaba la construcción de nuevos chalets en Mislata por el constructor Telésforo Sáez. Cada vivienda se ofrecía por unas 7.000 pesetas, una cifra que muestra la consolidación del sector como nueva zona residencial.


Las grandes fincas del entorno:

L'Hort del Cónsul:

L'Hort del Cónsul fue una de las mayores propiedades situadas junto a la Carretera de Torrent. Debía su nombre a Juan Inocencio de Llano y López del Castillo, cónsul de Venezuela en Valencia.

La finca estaba rodeada por un extenso huerto cerrado y contaba con una gran casa principal. Su característica portada historicista, de apariencia barroca, fue incorporada posteriormente por la familia Verges. La propiedad destacó también por su relación con algunas de las novedades de la época, pues sus habitantes mostraron un temprano interés por las bicicletas y los automóviles.

Con el paso del tiempo, parte de sus terrenos fue ocupada por el Casino de «La Nova», el Mercado Municipal o el Monasterio de Nuestra Señora al Pie de la Cruz.

L'Hort de Carsí:

En las proximidades del cruce de la actual avenida Blasco Ibáñez con Gregorio Gea se encontraba l'Hort de Carsí, vinculado al general de infantería Vicente Carsí y Núñez-Castelo.

La propiedad disponía de vivienda, jardines y terrenos arbolados. Durante una etapa llegó a albergar un parvulario. Más tarde pasó a la familia Zacarés, que mantuvo la finca como espacio residencial y familiar.

Su presencia, frente a l'Hort del Cónsul, contribuía a dar a este tramo de la antigua carretera una apariencia muy diferente a la del centro tradicional de Mislata.

Villa Carmen:

Villa Carmen comenzó a construirse en 1915 por iniciativa de Ramón Ruiz Codoñer y Carmen Tormo Jorge, y fue inaugurada en 1919 como casa de recreo.

La propiedad contaba con una amplia fachada, jardín y espacios destinados al cultivo. Durante décadas fue utilizada como residencia de descanso y veraneo. Su proximidad al paso a nivel hizo que quedara asociada para siempre al accidente ferroviario de 1952, cuando el tranvía arrollado por el tren terminó impactando contra el muro de la finca.

Durante la década de 1960, Villa Carmen llegó a disponer de una pista de baile, convirtiéndose también en un punto de encuentro y sociabilidad para los vecinos.

L'Hort de San Joaquín:

L'Hort de San Joaquín se encontraba junto a la acequia de Mislata y la vía del ferrocarril de Llíria. Contaba con más de veinte hanegadas de huerta y perteneció durante generaciones a la familia Vallterra.

Fue simultáneamente una explotación agrícola y una finca de recreo. Su proximidad al paso a nivel hizo que su nombre también quedara unido a la memoria de los accidentes ocurridos en este lugar durante el siglo XX.

Los pequeños chalets y las villas con nombre propio:

Junto a estas grandes propiedades surgieron numerosos chalets de menores dimensiones. La carretera de Torrent y los alrededores de la vía ferroviaria se poblaron de viviendas de una o dos plantas, con pequeños jardines, patios y corrales.

Era habitual que cada casa tuviera en su fachada un azulejo con el nombre elegido por sus propietarios. La memoria local conserva denominaciones como Villa Rosa, Villa Pepita, Villa Pilarica, Villa Asunción, Villa Marina, Villa Adriana, Villa Riquelme, Villa Hermanas Romero o Villa Charlot.

Estos nombres individualizaban las viviendas y reflejaban el carácter familiar de las propiedades. Muchos estaban dedicados a esposas, hijas o hermanas, mientras que otros aludían a personajes populares o al mundo del espectáculo.

La «Ciudad de los Payasos»

El Barrio Nuevo también fue conocido popularmente como la Ciudad de los Payasos. No se trataba de una denominación administrativa, sino de un sobrenombre nacido entre los vecinos por la presencia de varias familias vinculadas al circo y a los espectáculos ambulantes.

Estas familias encontraron en los pequeños chalets de Mislata un lugar donde establecer su residencia. Su presencia otorgó al barrio un ambiente singular y dejó huella en nombres como Villa Charlot o Villa Hermanas Romero.

La tradición oral, recogida posteriormente por Luis Mañas, conservó el recuerdo de aquel vecindario pintoresco en el que convivían labradores, trabajadores, familias procedentes de Valencia y artistas que pasaban parte del año recorriendo pueblos y ciudades con sus espectáculos.

La desaparición de las barreras y la integración urbana:

Durante décadas, el Barrio Nuevo permaneció separado del casco tradicional por la vía del ferrocarril Valencia–Llíria. Esta infraestructura facilitaba las comunicaciones, pero constituía al mismo tiempo una barrera que dificultaba el crecimiento de Mislata hacia el sur.

La situación cambió en 1969, cuando el trazado ferroviario fue trasladado como consecuencia de las obras del Plan Sur. Los antiguos terrenos del ferrocarril fueron urbanizados en 1973, dando lugar a la avenida Gregorio Gea. El nuevo eje facilitó definitivamente la unión entre el antiguo centro de Mislata y el Barrio Nuevo.

El Plan Sur tuvo, sin embargo, otra consecuencia muy diferente. La construcción del nuevo cauce del Turia interrumpió la continuidad histórica de la carretera de Torrent y separó Mislata de las tierras situadas al sur. El antiguo camino hacia Xirivella dejó de ser un recorrido directo, mientras que su tramo urbano sobrevivió convertido en la actual avenida Blasco Ibáñez.

Entre 1960 y 1973, Mislata experimentó un crecimiento extraordinario. Se construyeron miles de viviendas y los edificios comenzaron a ganar altura. Los campos que rodeaban el Barrio Nuevo fueron urbanizados y la mayoría de sus villas y chalets desaparecieron, sustituidos por bloques residenciales.

Fuentes:

-Grau García, Inés. «Mislata, análisis evolutivo y paisajístico». Saitabi, n.º 27, 1977, pp. 239-260.

-Mañas Borrás, Luis. La Mislata de otros tiempos: nuestro pueblo, nuestra gente.

-Gaceta de Madrid, n.º 74, 15 de marzo de 1893. Expedientes de expropiación para la construcción de la carretera de Mislata a Real. Consulta en la Gazeta histórica del BOE.

-Hermosilla Pla, Jorge, dir. La ciudad de Valencia: historia, geografía y arte. Valéncia: Universitat de València, 2009, vol. II.

-«Patrimoni de l'Horta Sud». Papers de l'Horta, n.º 24, primer semestre de 2006. Fundació Horta Sud.