
Virgen de los Dolores
La Virgen de los Dolores forma parte de las devociones históricas de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Su presencia se encuentra estrechamente ligada a la Semana Santa de Mislata, especialmente a la procesión del Santo Entierro y al tradicional Encuentro del Domingo de Resurrección.
La imagen que actualmente se venera en la parroquia es heredera de una tradición anterior a la Guerra Civil. La antigua Dolorosa desapareció en 1936, pero su devoción fue recuperada pocos años después con una nueva imagen que continúa ocupando un lugar destacado en la memoria religiosa de la población.
Una antigua devoción:
No se conoce todavía el momento exacto en el que comenzó en Mislata la devoción a la Virgen de los Dolores. Tampoco se ha localizado el documento que permita fechar la llegada de la antigua imagen a la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Sin embargo, diferentes testimonios permiten situar su culto, al menos, desde mediados del siglo XIX.
Una de las tradiciones más antiguas con las que aparece relacionada es el Encuentro del Domingo de Resurrección. En esta ceremonia, la Virgen de los Dolores se encontraba con Cristo resucitado ante la iglesia parroquial. Las dos imágenes se aproximaban mediante reverencias mientras repicaban las campanas y la plaza se llenaba de vecinos.
Las referencias procedentes del archivo de Casa Insa sitúan esta representación en Mislata a finales del siglo XIX. Casa Insa fue un conocido establecimiento valenciano dedicado al alquiler de indumentaria, decorados y objetos para procesiones y representaciones religiosas. La noticia constituye un indicio importante de la antigüedad de la ceremonia.
El Encuentro estuvo relacionado también con el Cant de la Carxofa, una composición interpretada por un niño vestido de ángel que descendía desde un artificio en forma de alcachofa. Los estudios sobre esta antigua tradición valenciana incluyen Mislata entre las localidades donde se representó y vinculan su interpretación con las celebraciones de Pascua.
La Dolorosa parroquial habría participado así en una ceremonia en la que se unían la religiosidad popular, la música, la representación teatral y la alegría por la resurrección de Cristo. Aunque aquella forma de celebrar el Encuentro fue transformándose con el paso del tiempo, la presencia de la Virgen sobrevivió y continúa siendo uno de los elementos esenciales de la mañana de Pascua.
Joaquim Martí Gadea y el Septenario Doloroso:
En esta primera etapa debe recordarse la figura de Joaquim Martí Gadea, sacerdote, escritor y folklorista valenciano que fue nombrado párroco de Mislata en 1879.
Durante su etapa como rector publicó, en 1891, una obra titulada Septenario Doloroso. Se trataba de un pequeño libro religioso destinado a la meditación de los dolores de María y al uso de los fieles, parroquias y congregaciones piadosas.
No se ha encontrado ninguna prueba que permita afirmar que Martí Gadea escribió el Septenario Doloroso expresamente para la imagen de Mislata. Sin embargo, resulta significativo que la obra apareciera mientras se encontraba al frente de la parroquia. Su publicación refleja el interés existente en aquellos años por esta advocación y constituye un valioso testimonio del ambiente religioso en el que se desarrolló la devoción local.
La fiesta de los Dolores a comienzos del siglo XX:
La primera referencia impresa segura localizada hasta el momento aparece en el Nomenclator geográfico-eclesiástico de los pueblos de la Diócesis de Valencia, publicado en 1922 por José Sanchis y Sivera.
Al describir las celebraciones religiosas de Mislata, el autor menciona las fiestas del Cristo de la Fe y de Nuestra Señora de los Ángeles. A continuación añade que también se celebraban solemnidades dedicadas «a los Dolores Gloriosos de Nuestra Señora y Purísima, en sus días».
Esta breve noticia demuestra que en 1922 la Virgen de los Dolores ya tenía una celebración reconocida dentro del calendario religioso de Mislata. La expresión «en sus días» podría referirse a las dos fechas en las que tradicionalmente se recordaban los Dolores de María: el Viernes de Dolores, anterior a la Semana Santa, y la festividad de septiembre.
La coronación de 1925:
El acontecimiento más importante conocido de esta primera etapa fue la coronación de la Virgen de los Dolores, celebrada el 12 de abril de 1925.
La fecha aparece confirmada por una estampa conmemorativa en la que puede leerse:
«Recuerdo de la fiesta solemne de la Coronación de Nuestra Señora de los Dolores en Mislata el día 12 de abril de 1925».
El documento aparece firmado por Ángeles Romero Mir y contiene una fotografía de la antigua imagen.
La fecha elegida para la ceremonia resulta especialmente significativa. El 12 de abril de 1925 fue Domingo de Resurrección, precisamente la jornada en la que se celebraba el Encuentro de la Virgen con Cristo resucitado. Es muy posible que la coronación se integrara en aquella ceremonia pascual.
La importancia de aquel acontecimiento permaneció viva durante décadas. En abril de 2000, las clavariesas organizaron la conmemoración de su septuagésimo quinto aniversario y anunciaron la bendición de una nueva corona. La conmemoración celebrada en el año 2000 presenta la coronación como consecuencia de la veneración y el culto largamente arraigados entre el pueblo.
La antigua imagen coronada:
La fotografía de 1925 permite conocer el aspecto de la Dolorosa desaparecida. Se trataba de una imagen de vestir o de candelero, preparada para recibir diferentes mantos, sayas, velos y alhajas según la ocasión.
La Virgen aparecía con las manos extendidas y ligeramente separadas. En una de ellas llevaba un pañuelo y en la otra la corona de espinas, dos atributos directamente relacionados con la Pasión de Cristo. Sobre el pecho mostraba un corazón atravesado por siete espadas, símbolo de los siete dolores de María.
Vestía un amplio manto oscuro y una toca blanca que rodeaba el rostro. Sobre la cabeza llevaba una corona imperial, acompañada por un resplandor. La imagen se alzaba sobre una peana de nubes, aparentemente octogonal, adornada con pequeñas figuras de ángeles.
La disposición de la figura y el tratamiento de sus vestiduras permiten pensar en una obra de tradición barroca o tardobarroca. No obstante, esta apreciación solamente puede considerarse una hipótesis basada en la fotografía. No se conoce el nombre de su escultor, su taller de procedencia ni el momento exacto de su llegada a la parroquia.
La fotografía de la coronación es, por tanto, uno de los documentos más importantes para reconstruir la historia de la Dolorosa. Gracias a ella conocemos el aspecto de la imagen que acompañó a los mislateros durante las primeras décadas del siglo XX.
La desaparición de la antigua Dolorosa:
La imagen coronada en 1925 desapareció en 1936, cuando la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles fue asaltada y la mayor parte de su patrimonio religioso resultó destruido.
La pérdida de la Dolorosa tuvo una especial significación porque no se destruyó solamente una obra artística, sino una imagen profundamente relacionada con las celebraciones y los recuerdos familiares de la población.
Las fotografías y la memoria de los vecinos permitieron conservar su recuerdo. Es posible que todavía existan copias de la estampa de 1925 o fotografías tomadas durante procesiones y celebraciones en archivos particulares de Mislata.
La recuperación de la Semana Santa:
Durante los primeros años de la posguerra comenzó la reconstrucción de la vida religiosa de la parroquia. En 1944, bajo el ministerio del párroco Francisco Sastre y Vallés, se reorganizó la Hermandad del Santo Entierro. Al año siguiente se habría obtenido la correspondiente autorización municipal para recuperar la procesión.
Fue necesario encargar nuevas imágenes para sustituir a las desaparecidas. En este contexto fueron incorporados el Cristo Yacente, la Virgen de los Dolores y el Cristo Resucitado que permitieron restablecer los principales actos de la Semana Santa de Mislata.
Las imágenes se atribuyen al escultor valenciano Enrique Casterá Masià, autor de numerosas obras religiosas realizadas durante la reconstrucción de los templos valencianos. La atribución a Casterá del Cristo Yacente de Mislata aparece recogida en estudios especializados y en la pequeña placa metálica situada en la base de la imagen. La Dolorosa muestra también características compatibles con su producción.
La actual Virgen de los Dolores:
La nueva imagen heredó los principales atributos de la Dolorosa desaparecida. Es también una imagen de vestir, con el corazón atravesado por siete espadas, el pañuelo y la corona de espinas. Su rostro expresa un sufrimiento sereno y contenido, característico de las representaciones de María durante la Pasión.
Las siete espadas representan los dolores sufridos por la Virgen: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en el templo, el encuentro con Cristo camino del Calvario, la crucifixión, el descendimiento y la sepultura.
En las celebraciones penitenciales suele vestir saya y manto de tonalidades moradas, acompañados por una mantilla blanca. Durante el Encuentro del Domingo de Resurrección aparece con vestiduras blancas, simbolizando el abandono del luto y la alegría por la resurrección de Cristo.
La imagen posee diferentes mantos, alhajas y elementos devocionales donados o conservados por las familias relacionadas con su culto. En 2025 se renovó el corazón con las siete espadas, coincidiendo con el centenario de la coronación celebrada en 1925.
Aunque la actual escultura no es la que recibió aquella corona, heredó su significado y su memoria. La devoción de la antigua Dolorosa fue trasladada a la nueva imagen, que pasó a ser considerada continuadora de la venerada antes de la guerra.
La Virgen en la Semana Santa:
La Virgen de los Dolores interviene en los momentos más importantes de la Semana Santa Mislatera.
Su presencia se hace especialmente visible el Viernes de Dolores, jornada dedicada a recordar el sufrimiento de María antes del comienzo de la Semana Santa. En tiempos recientes se ha celebrado su traslado desde la parroquia de San Miguel de Soternes hasta la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.
El Viernes Santo participa en la procesión del Santo Entierro, acompañando al Cristo Yacente. La presencia conjunta de ambas imágenes representa el dolor de María ante la muerte y sepultura de su hijo y recupera la procesión reorganizada durante los años cuarenta.
El Domingo de Resurrección tiene lugar el Encuentro con la imagen de Cristo resucitado. La Virgen, vestida de blanco, abandona simbólicamente el luto. Las dos imágenes realizan las tradicionales reverencias mientras repican las campanas y se lanzan aleluyas y serpentinas.
Esta ceremonia mantiene el recuerdo de aquel antiguo Encuentro que, según las referencias reunidas, ya se celebraba en Mislata en el siglo XIX. La imagen actual es así continuadora de una tradición anterior a su propia realización.
La fiesta de septiembre:
La Virgen de los Dolores no estuvo vinculada solamente a la Semana Santa. Durante muchos años tuvo también una fiesta propia alrededor del 15 de septiembre, día de su memoria litúrgica.
La celebración combinaba los actos religiosos con los elementos característicos de las fiestas valencianas. Había volteos de campanas, música, pasacalles, danzas, pólvora, misa mayor y procesión. La organización correspondía principalmente a las clavariesas, con la colaboración de la Hermandad, la parroquia, el Ayuntamiento y diferentes entidades culturales de Mislata.
Los programas de 2002 y 2004 permiten reconstruir con precisión sus últimos años de mayor actividad. En 2002 las celebraciones comenzaron el viernes 13 de septiembre con un concierto de la Banda del Centro Instructivo Musical de Mislata, dirigida por Pere Vicent Alamà. Al día siguiente se celebró una misa por las clavariesas y los cofrades difuntos y actuó el Grup de Danses de Mislata.
El domingo 15 comenzó con el volteo de campanas y el disparo de truenos y carcasas. Por la mañana se realizó la tradicional arreplegà de las clavariesas, acompañadas por la banda de música hasta la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Al mediodía se celebró la misa solemne cantada y, al finalizar, una mascletà a cargo del pirotécnico mislatero Juan Gori.
Por la tarde salió la procesión de la Virgen de los Dolores por el itinerario acostumbrado, acompañada por las autoridades civiles y eclesiásticas y por sus clavariesas. Antes de la entrada de la imagen en el templo se dispararon una traca de colores y fuegos artificiales.
El programa de 2004 mantuvo una estructura semejante. La celebración comenzó el miércoles 15 con el volteo general de campanas y una misa por las clavariesas y los cofrades difuntos. Durante los días siguientes hubo danzas, música y actos festivos. El domingo 19 se celebraron la despertà, la recogida de las clavariesas, la misa mayor, la mascletà y la procesión.
Estos programas demuestran que la fiesta de la Dolorosa tenía una notable presencia en las calles de Mislata. No era únicamente una celebración interna de la parroquia, sino una manifestación religiosa y popular en la que participaban la música, la danza tradicional y la pólvora. Con el tiempo, sin embargo, esta celebración fue perdiendo fuerza, ya que la mayor parte del presupuesto pasó a destinarse a las celebraciones de Semana Santa. Actualmente, las celebraciones de septiembre se centran en la Misa Mayor dedicada a la Dolorosa.
Devoción y memoria:
La historia de la Virgen de los Dolores de Mislata está marcada por la continuidad, pero también por la pérdida y la recuperación.
La antigua imagen acompañó durante décadas a los vecinos en la Semana Santa y recibió una solemne coronación en 1925. Su desaparición en 1936 interrumpió la continuidad material de aquella devoción, pero no acabó con ella.
La nueva Dolorosa permitió recuperar el Santo Entierro, el Encuentro de Pascua y la fiesta de septiembre. A su alrededor volvieron a reunirse la Hermandad, las clavariesas y numerosas familias que contribuyeron con vestidos, flores, alhajas, donativos y trabajo personal.
La imagen que hoy se venera en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles es, por tanto, mucho más que una escultura procesional. Es la heredera de una tradición documentada desde el siglo XIX, solemnemente reconocida en 1925 y reconstruida después de uno de los periodos más difíciles de la historia de Mislata.
