De Manzil ‘Ata a la Vilanova morisca

La Mislata musulmana

La historia musulmana de Mislata no se limita al periodo en que estas tierras formaron parte de al-Ándalus. Se prolongó durante varios siglos después de la conquista cristiana de Valencia, primero a través de la comunidad mudéjar —musulmanes que vivían bajo dominio cristiano— y, posteriormente, de los moriscos, obligados a convertirse al cristianismo a comienzos del siglo XVI.

Para comprender esta larga etapa conviene diferenciar tres grandes periodos: la Mislata andalusí, anterior a 1238; la Morería mudéjar, desarrollada bajo el nuevo orden feudal cristiano; y la Vilanova morisca, desaparecida como comunidad tras la expulsión de 1609.

No se trata de una historia secundaria. Durante siglos, la población musulmana y morisca fue una parte fundamental del paisaje humano, económico y cultural de Mislata. Su presencia quedó reflejada en los sistemas de riego, la organización de la huerta, los caminos, los molinos y la propia configuración del casco histórico.

Mislata en tiempos de

al-Ándalus:

Durante la época andalusí, el territorio de la actual Mislata formaba parte del espacio agrícola que rodeaba la ciudad de Balansiya, la Valencia musulmana. Su proximidad al río Turia, la fertilidad de sus tierras y su situación junto a los caminos que comunicaban la capital con las poblaciones del interior convertían este enclave en un lugar especialmente favorable para el asentamiento humano.

El paisaje sería muy diferente al actual. En lugar de un municipio densamente urbanizado, se extendía una sucesión de campos, huertos, acequias, caminos y pequeños núcleos rurales. Estos asentamientos recibían frecuentemente el nombre de alquerías y estaban formados por agrupaciones de viviendas vinculadas a la explotación agrícola del territorio.

Las alquerías no eran simples casas de campo. Podían constituir pequeñas comunidades con viviendas, corrales, almacenes, hornos, molinos y espacios de oración. Su población cultivaba cereales, hortalizas, frutales y otros productos destinados tanto al consumo local como al abastecimiento de València.

En este contexto apareció el asentamiento que las fuentes árabes denominan Manzil 'Ata.

Manzil 'Ata: la primera Mislata documentada:

Una de las referencias más antiguas y valiosas sobre Mislata se encuentra en la obra del historiador magrebí Ibn 'Idari, quien recopiló acontecimientos ocurridos en la península ibérica durante el periodo andalusí.

Según su relato, el 14 de octubre de 1094 los musulmanes de Valencia salieron de la ciudad para celebrar la oración comunitaria correspondiente al final del mes de Ramadán. La ceremonia tuvo lugar en un espacio situado junto a la acequia de Hawwara —identificada tradicionalmente con la de Favara—, en un lugar llamado Manzil 'Ata, considerado por los investigadores como la actual Mislata.

El episodio se produjo en un momento especialmente convulso. Valencia se encontraba amenazada por las fuerzas del Cid y esperaba la llegada de un ejército almorávide que debía auxiliarla. La celebración religiosa desarrollada en Manzil 'Ata estuvo, por tanto, marcada por la incertidumbre política y militar que rodeaba a la ciudad.

Esta noticia constituye una auténtica fotografía histórica de la Mislata del siglo XI. Confirma que el lugar ya era conocido, que estaba situado en el entorno inmediato de Valencia y que disponía de un espacio suficientemente amplio para acoger una importante reunión de personas. También demuestra su vinculación con la red hidráulica de la huerta.

¿Qué significaba Manzil 'Ata?

La palabra árabe manzil posee varios significados relacionados entre sí. Puede traducirse como lugar donde se hace alto, alojamiento, residencia, casa de campo o pequeña finca situada junto a un camino.

Por ese motivo, tradicionalmente se ha interpretado Manzil 'Ata como la «posada de 'Ata» o el «parador de 'Ata». Esta interpretación encajaría con la situación estratégica de Mislata junto a una de las principales vías occidentales de acceso a Valencia.

Sin embargo, no puede asegurarse que se tratara de una estación de postas organizada en el sentido moderno, con caballerías de recambio y servicios regulares para los viajeros. El término también podía designar una residencia rural o una explotación agrícola. Lo más prudente es imaginar un establecimiento situado junto al camino, relacionado al mismo tiempo con la agricultura, el alojamiento y el tránsito de personas.

El segundo elemento del topónimo, 'Ata, parece corresponder a un nombre personal. Manzil 'Ata significaría, por tanto, «la residencia», «la finca» o «el lugar de parada de 'Ata».

No conocemos con seguridad quién fue aquel personaje. Pudo ser el propietario de la finca, el fundador del asentamiento o simplemente la persona con la que los habitantes de la zona identificaban el lugar.

El origen del nombre de Mislata:

La procedencia del topónimo Mislata ha generado un largo debate entre historiadores y lingüistas.

La interpretación tradicional relaciona el nombre actual con el árabe Manzil 'Ata. Esta identificación cuenta con un importante respaldo documental, pues las fuentes medievales árabes sitúan el lugar junto a Valencia y lo identifican con la actual Mislata. Autores como Pierre Guichard consideraron esta noticia un argumento de peso para explicar el origen andalusí del municipio.

No obstante, la evolución fonética desde Manzil 'Ata hasta Mislata ha suscitado objeciones. Joan Coromines propuso una procedencia diferente, relacionada con el latín tardío misculata, mientras que otros especialistas, entre ellos Carme Barceló, han mantenido la interpretación árabe.

Por tanto, conviene diferenciar dos cuestiones. La existencia de un lugar llamado Manzil 'Ata en las inmediaciones de Valencia durante el siglo XI está documentada. Su identificación histórica con Mislata es aceptada por numerosos investigadores. En cambio, la evolución lingüística exacta que dio lugar al nombre moderno continúa siendo objeto de discusión.

La propia Acadèmia Valenciana de la Llengua recoge esta diversidad de interpretaciones en su documentación sobre el municipio de Mislata.

Una comunidad organizada alrededor del agua:

La vida de la Mislata andalusí estuvo profundamente ligada a la agricultura de regadío. Las acequias permitían transformar los terrenos cercanos al Turia en una fértil huerta y garantizaban un aprovechamiento regular del agua.

La red hidráulica no estaba formada únicamente por grandes acequias. De estas partían brazos menores, rolls, canales y pequeñas derivaciones que llevaban el agua hasta cada parcela. Su mantenimiento exigía la colaboración de los habitantes, el establecimiento de turnos de riego y la resolución de los conflictos que pudieran surgir entre propietarios y comunidades vecinas.

Los estudios históricos sobre la Huerta de Valencia atribuyen a época islámica la planificación fundamental de buena parte de este paisaje irrigado. Ello no significa que todas las acequias conocidas actualmente existieran ya con idéntico recorrido, anchura y denominación, sino que la organización general del espacio agrícola se configuró, en gran medida, durante los siglos andalusíes.

La referencia de 1094 a Manzil 'Ata junto a la acequia de Hawwara confirma que el asentamiento estaba plenamente integrado en ese sistema hidráulico. El agua no solo servía para regar: también alimentaba molinos, abastecía a la población y determinaba el valor de las tierras.

La conquista cristiana de 1238:

La entrada de Jaime I en Valencia en 1238 transformó profundamente la organización política y jurídica del territorio. Las tierras conquistadas fueron distribuidas entre nobles, caballeros, instituciones religiosas y nuevos pobladores cristianos, tal como quedó reflejado en el Llibre del Repartiment.

Sin embargo, la conquista no supuso la desaparición inmediata de la población musulmana. Muchas familias permanecieron en las tierras que habían habitado durante generaciones, aunque sometidas ahora al dominio de los nuevos señores cristianos.

A estos musulmanes que vivían bajo autoridad cristiana se les conoce como mudéjares. Conservaban su religión, determinadas costumbres y algunas formas de organización interna, pero se encontraban sujetos al régimen señorial y al pago de rentas e impuestos específicos.

Mislata quedó dividida progresivamente en diferentes dominios. La documentación medieval menciona una parte cristiana y una morería, sometidas en ocasiones a propietarios y jurisdicciones distintas. La existencia de la «parte cristiana» aparece ya documentada a mediados del siglo XIV, mientras que la jurisdicción sobre la Morería fue objeto de diferentes concesiones y confirmaciones reales durante el siglo XV.

La Morería de Mislata:

La Morería ocupaba el núcleo en el que continuó viviendo buena parte de la población musulmana. Su centro se encontraba en el entorno de la actual plaza de la Morería y de las calles próximas.

El barrio disponía de viviendas, corrales, huertos y distintos establecimientos vinculados a la vida cotidiana. Entre ellos se encontraban una mezquita, un horno, una carnicería, un molino, la casa del señor y una prisión. Una plaza con moreras servía como espacio de encuentro y de celebración de reuniones comunitarias.

La actual configuración urbana es resultado de numerosas transformaciones, por lo que no puede reconstruirse con exactitud el trazado medieval. El Porche quedó posteriormente como uno de los pasos más característicos de entrada al barrio, aunque su aspecto actual y las viviendas construidas sobre él pertenecen a una evolución arquitectónica posterior.

La Morería no constituía un municipio completamente independiente, pero sí formaba una comunidad reconocida jurídicamente: la aljama.

La aljama: el gobierno de la comunidad musulmana

La aljama era la institución que representaba colectivamente a los habitantes musulmanes ante el señor feudal y las autoridades cristianas. Se ocupaba de la gestión de los asuntos internos, la recaudación de determinadas rentas y la defensa de los intereses comunes.

Dentro de ella existían diferentes cargos. El alamín ejercía funciones de representación y administración; el alfaquí era un especialista en religión y derecho islámico; y los jurados intervenían en la gestión ordinaria de la comunidad. También existían mensajeros, guardas y otros oficiales.

Una excepcional acta notarial permite conocer cómo funcionaba la aljama de Mislata en el siglo XV.

La Morería en 1476:

El 27 de mayo de 1476, la mayoría de los hombres de la aljama musulmana de Mislata se reunió para reconocer como señor a Lope Ximénez de Urrea.

El acto tuvo lugar en el porche situado delante de la mezquita. La elección de este espacio no fue casual: la mezquita y su entorno constituían el centro religioso y comunitario de la Morería.

El documento identifica a varias de las autoridades musulmanas presentes. Entre ellas aparecen Juceff Xampenc, que ejercía como alamín; Hacen Momiem, alfaquí de la comunidad; varios jurados y Martí Eximeno, citado como mensajero y guarda.

Los habitantes prestaron juramento de fidelidad y vasallaje al nuevo señor. A cambio, Lope Ximénez de Urrea prometió respetar los usos de la comunidad y administrar justicia teniendo en cuenta la Sunna, la ley islámica y las costumbres tradicionalmente observadas por los musulmanes de Mislata.

Tras la ceremonia, el representante señorial tomó posesión simbólica de los principales espacios de la población: la mezquita y su porche, la plaza con moreras, la casa del señor, la prisión, el molino situado en el camino del río, el horno y la carnicería.

El acta constituye una de las fuentes más importantes para conocer la Mislata medieval. Gracias a ella, la Morería deja de ser una referencia abstracta y aparece como una comunidad real, con habitantes cuyos nombres conocemos, autoridades propias, espacios de reunión y una vida económica organizada.

El documento se conserva en el Archivo de Protocolos del Real Colegio-Seminario del Corpus Christi de Valencia, dentro del protocolo del notario Joan del Mas correspondiente a 1476. Su transcripción y estudio fueron publicados por Germán Navarro Espinach en Fuentes documentales para el estudio de los mudéjares.

La vida cotidiana en la Morería:

La agricultura continuó siendo la principal ocupación de la población mudéjar. Los vecinos trabajaban las huertas, cuidaban los árboles, mantenían las acequias y llevaban sus productos a los mercados próximos.

La presencia de un molino en el camino del río demuestra la importancia del cultivo del trigo y su posterior molienda. El horno y la carnicería eran servicios sometidos al control señorial, por cuyo uso los habitantes debían pagar determinadas cantidades. Estos establecimientos también proporcionaban al señor una parte importante de sus rentas.

Las moreras mencionadas en la plaza recuerdan el desarrollo de cultivos relacionados con la producción de seda, actividad que alcanzó una enorme importancia en la economía valenciana. Las casas podían incluir patios, corrales, pequeños talleres y dependencias destinadas al almacenamiento de herramientas y cosechas.

La mezquita era el centro de la vida religiosa. Allí se realizaban las oraciones comunitarias y probablemente se impartían enseñanzas básicas relacionadas con el islam. Sin embargo, al no conservarse el edificio ni una descripción arquitectónica precisa, desconocemos sus dimensiones, su distribución interior y su aspecto exterior.

Tampoco debe imaginarse la Morería como un recinto completamente aislado. Sus habitantes mantenían relaciones económicas constantes con los cristianos de Mislata, Valencia y otras poblaciones cercanas. Compraban, vendían, arrendaban tierras, trabajaban para señores cristianos y comparecían ante notarios.

Aquella convivencia, no obstante, se desarrollaba dentro de una sociedad desigual. Los musulmanes podían conservar ciertos usos y autoridades, pero estaban sometidos al poder de los señores cristianos y a una legislación que limitaba progresivamente su autonomía.

La mezquita de Mislata:

La mezquita aparece expresamente mencionada en el acta de 1476. Delante de ella existía un porche utilizado como lugar de reunión, lo que confirma que el edificio desempeñaba una función que superaba el ámbito estrictamente religioso.

Tradicionalmente se ha situado en el entorno de la actual plaza de la Morería, donde también se habría levantado la casa señorial o castillo. Sin embargo, las transformaciones urbanas y la ausencia de excavaciones arqueológicas suficientemente extensas impiden conocer su localización y planta exactas.

La Guerra de las Germanías, desarrollada entre 1520 y 1522, alteró profundamente la vida de las comunidades musulmanas valencianas. Durante el conflicto se produjeron ataques contra numerosas morerías y bautismos forzosos.

Un proceso inquisitorial relacionado con Mislata, fechado en 1522, afirma que la antigua mezquita de los musulmanes había sido convertida en ermita de San Miguel. Se trata de una referencia documental fundamental, pues demuestra la transformación cristiana del espacio religioso después de las Germanías.

Algunas fuentes posteriores atribuyeron a este lugar una historia todavía más antigua y sostuvieron que la mezquita fue convertida en ermita tras la conquista cristiana de 1238. Sin embargo, esta interpretación no cuenta con la misma solidez documental y debe entenderse como una interpretación popular.

La antigua mezquita, transformada en ermita, acabó desapareciendo al construirse la iglesia actual. No debe confundirse con la actual Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles, iniciada en 1704 sobre el emplazamiento de un templo cristiano anterior y situada en otro punto del casco histórico.

La transformación de la mezquita de Mislata ha sido estudiada a partir de la documentación inquisitorial por Borja Franco Llopis en su investigación sobre los espacios religiosos de los moriscos valencianos, publicada en la revista Áreas.

Los Amizlati:

Entre los nombres recogidos en el Llibre del Repartiment aparecen al menos dos musulmanes identificados mediante el término Amizlati: Azmet Amizlati y Hubachar Amizlati.

Una de las anotaciones menciona a «Mahomat, padre de Azmet Amizlati», mientras que otra registra unas casas que habían pertenecido a Hubachar Amizlati. Ambos aparecen en el contexto de las propiedades repartidas por Jaime I después de la conquista de Valencia.

El término Amizlati no debe entenderse necesariamente como un apellido hereditario en el sentido actual. Lo más probable es que se tratara de una nisba, es decir, una denominación utilizada en el mundo islámico para señalar el lugar de procedencia, residencia o vinculación de una persona. Su significado sería, aproximadamente, «el de Mislata» o «el mislatero».

Este sistema de identificación era frecuente en la onomástica andalusí. Una persona podía ser reconocida por su nombre, su filiación, su oficio, alguna característica personal o su lugar de origen. De ese modo, alguien procedente de Mislata podía recibir una denominación equivalente a al-Mislatī, que los escribanos cristianos trasladaron al latín medieval mediante la grafía Amizlati.

El filólogo Joan Coromines llamó la atención sobre estas menciones y explicó que el nombre aparece aplicado «a manera de gentilicio de Mislata». En su estudio señala expresamente la presencia de dos musulmanes identificados de esta forma en el Llibre del Repartiment.

La documentación permite conocer, por tanto, los nombres de dos personas vinculadas a la Mislata anterior a la conquista cristiana:

-Azmet Amizlati, mencionado indirectamente a través de su padre, Mahomat.

-Hubachar Amizlati, antiguo propietario de unas casas registradas durante el reparto.

Las anotaciones no permiten asegurar que ambos fueran parientes ni que constituyeran un linaje familiar. Tampoco demuestran que continuaran residiendo en la alquería después de 1238, pues las propiedades mencionadas se encontraban dentro del territorio repartido tras la conquista. Lo que sí prueban es que Mislata era ya un lugar suficientemente conocido como para que su nombre se utilizara para identificar la procedencia de determinadas personas.

Los Amizlati aportan así una dimensión humana a la historia de la alquería. Mislata deja de aparecer únicamente como un topónimo, una acequia o un conjunto de tierras y comienza a mostrarse como el lugar de origen de personas reconocidas por su pertenencia a aquella comunidad.

De mudéjares a moriscos:

Las conversiones forzosas realizadas tras las Germanías abrieron una etapa de gran inestabilidad. En 1525, la monarquía ordenó la conversión general de los musulmanes del Reino de Valencia.

Desde ese momento dejaron oficialmente de existir comunidades musulmanas. Sus integrantes pasaron a ser considerados cristianos nuevos o moriscos. Debían recibir el bautismo, acudir a la iglesia y abandonar públicamente las prácticas islámicas.

La conversión oficial no significó la desaparición inmediata de su cultura. Muchas familias conservaron en privado costumbres, conocimientos y recuerdos transmitidos por sus antepasados. La intensidad de esa continuidad fue diferente en cada población y en cada familia, y estuvo sometida a una vigilancia religiosa cada vez mayor.

La antigua Morería de Mislata pasó a ser conocida con el tiempo como la Vilanova. No obstante, esta denominación debe utilizarse con cautela para los siglos anteriores. Está claramente documentada después de la expulsión, cuando la carta de población de 1611 se refiere a la Vilanova de Mislata como la parte de la baronía que hasta entonces había estado poblada por moriscos.

En 1563, durante las campañas de desarme decretadas por la monarquía, la documentación señorial todavía identifica la presencia de población morisca en Mislata. La comunidad continuó formando una parte esencial de la economía agrícola hasta comienzos del siglo XVII.

La expulsión de 1609:

En 1609, Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos de los territorios de la monarquía. La medida afectó de manera especialmente intensa al Reino de Valencia, donde constituían una parte muy importante de la población rural.

Los moriscos de Mislata tuvieron que abandonar sus casas, tierras y lugares de trabajo. Con ellos desapareció una comunidad cuyos antepasados habían vivido en el municipio durante siglos.

La expulsión no fue una simple sustitución administrativa. Supuso una ruptura demográfica, económica y humana. Quedaron viviendas desocupadas, campos sin cultivar y rentas señoriales que dejaron de cobrarse. Los propietarios de los señoríos necesitaron atraer nuevos pobladores cristianos para poner nuevamente en producción las tierras.

El 25 de septiembre de 1611, Antonio Ximénez de Urrea, conde de Aranda y señor de esta parte de Mislata, otorgó una nueva carta de población. El documento reguló la instalación de colonos cristianos y estableció las condiciones de arrendamiento, cultivo y dependencia señorial de la Vilanova.

Una herencia que permanece visible en Mislata:

La expulsión puso fin a la presencia oficial de la comunidad morisca, pero no borró completamente su huella.

El trazado de las acequias, la organización histórica de la huerta, la situación de los molinos, algunos caminos y la forma del antiguo barrio de la Morería conservan elementos nacidos o desarrollados durante aquellos siglos.

También permanece su recuerdo en nombres como la plaza de la Morería, el Porche, Favara o l'Almassil. Incluso cuando los edificios medievales han desaparecido, la distribución de las calles permite reconocer la existencia de un antiguo núcleo diferenciado.

La Mislata musulmana no debe imaginarse como una época inmóvil ni como un ejemplo idealizado de convivencia. Fue una sociedad cambiante, atravesada por relaciones económicas, intercambios culturales, desigualdades jurídicas, conflictos y episodios de violencia.

Primero fue un asentamiento andalusí ligado a los caminos y a la red hidráulica de la huerta. Después se convirtió en una aljama mudéjar sometida al señorío cristiano. Más tarde, sus habitantes fueron obligados a convertirse y pasaron a ser moriscos. Finalmente, en 1609, fueron expulsados y sustituidos por nuevos pobladores.

A pesar de todas esas rupturas, la antigua Manzil 'Ata dejó una huella profunda. Bajo las calles de la Mislata actual permanece la memoria de una comunidad que cultivó sus tierras, administró sus aguas, levantó una mezquita y organizó durante siglos su vida alrededor de la huerta.

Fuentes:

-Coromines, Joan. Onomasticon Cataloniae, entrada «Mislata i Mestalla».

-Franco Llopis, Borja. «En torno a la conversión de mezquitas en territorio valenciano». Áreas. Revista Internacional de Ciencias Sociales, n.º 30.

-Guichard, Pierre. Toponimia y geografía musulmana de Valencia. Zaragoza: Anubar, 1979.

-Ibn 'Idari. Al-Bayan al-Mughrib. Relato de la conquista de Valencia por el Cid y de los acontecimientos de 1094.

-Navarro Espinach, Germán. Fuentes documentales para el estudio de los mudéjares. Instituto de Estudios Turolenses.

-Ramírez Martínez, Santos. Los moriscos de la Vilanova de Mislata, 1525-1609. Mislata: Ayuntamiento de Mislata, 1994.

-Universitat de València. Señoríos Históricos Valencianos: Mislata.

-Mañas Borrás, Luis. La Mislata de otros tiempos.