Los cines de Mislata

Durante buena parte del siglo XX, ir al cine fue una de las formas más importantes de ocio colectivo en Mislata. Antes de la televisión doméstica, los vídeos, las plataformas digitales y los centros comerciales, las salas cinematográficas eran lugares para descubrir películas, seguir la actualidad, reunirse con amigos y compartir las tardes de domingo.

Mislata llegó a contar con tres grandes salas: el Cine Español, el Cine Cultural y el Cine Sur. Cada una tuvo personalidad propia, distinto tamaño y público, pero las tres formaron parte de la memoria emocional de varias generaciones de mislateros.

La historia del cine local, sin embargo, comenzó antes de esas salas.

La primera sala cinematográfica de Mislata:

La memoria local sitúa en 1926 el primer intento de ofrecer proyecciones cinematográficas estables en Mislata. Alberto Sanmartín habilitó una nave próxima a la actual avenida Blasco Ibáñez para instalar una pequeña sala.

Era un local muy modesto, propio de los primeros años de implantación del cine en los pueblos de l'Horta. Las películas eran inicialmente mudas y, con el tiempo, llegaron las proyecciones sonoras. Los niños se sentaban en sillas delante de la pantalla, mientras los adultos ocupaban bancos de madera situados al fondo.

La entrada costaba cincuenta céntimos de peseta. Más allá de sus limitaciones, aquel espacio introdujo una nueva forma de entretenimiento en el municipio: la posibilidad de ver historias llegadas de otros lugares sin salir de Mislata.

El Cine Español:

El Cine Español fue el más antiguo de los tres cines históricos de Mislata y uno de los más recordados. Su origen está ligado al edificio del Casino de la Nova.

En 1926, la sociedad Sindicato Agrícola Unión y Fomento construyó su sede social junto a la calle Mayor, con un salón de actos recayente a la calle Salvador Giner. Aquel espacio estaba pensado para actividades sociales, musicales y teatrales. Las dificultades económicas de la entidad llevaron a vender la parte destinada al teatro y, hacia 1932, el local quedó definitivamente vinculado a las proyecciones cinematográficas.

El nuevo propietario fue Vicente Andrés Sanjuan. En sus primeros años, la sala tenía alrededor de 160 butacas, aunque con el tiempo alcanzó un aforo de 514 localidades entre patio y general.

La actividad del Cine Español durante la Segunda República incluyó títulos populares del cine español como Nobleza baturra, La hermana San Sulpicio, La verbena de la Paloma o Morena Clara. También acogió películas internacionales que despertaban enorme curiosidad, como Éxtasis, la controvertida producción de Gustav Machatý protagonizada por Hedy Lamarr, célebre por sus escenas de desnudo.

La Guerra Civil interrumpió la programación, como sucedió con buena parte de la actividad cultural y comercial de Mislata.

Tras la guerra, el Cine Español reanudó su actividad con películas españolas y extranjeras. Por su pantalla pasaron títulos como El gran dictador, Ciudadano Kane, El ladrón de Bagdad, Malvaloca, A mí la Legión o El clavo.

Desde 1943, las sesiones comenzaron a incluir obligatoriamente el NO-DO antes de la película principal. Aquellos noticiarios, controlados por el régimen franquista, fueron durante décadas una presencia habitual en todas las salas españolas.

El público conocía la programación gracias a los carteles expuestos en el exterior, visibles desde la calle Mayor. La distribución del cine era sencilla: la taquilla se encontraba a la izquierda de la entrada; en el zaguán estaban los aseos, el bar y la cabina de proyección; y a la derecha se abría el patio de butacas. Al fondo había un escenario, lo que permitía alternar el cine con funciones teatrales.

El Español ofrecía habitualmente catorce sesiones semanales y abría unos ocho meses al año. Las vísperas de fiesta y los domingos eran los días de mayor afluencia.

Un cine humilde:

El Cine Español tenía las limitaciones de un local antiguo. No disponía de grupo electrógeno, de modo que un corte de luz podía dar por terminada la sesión. Tampoco contaba con climatización: en verano se abrían las puertas laterales, cubiertas por cortinas para impedir que pudiera verse la pantalla desde la calle.

La memoria local recuerda anuncios y rituales propios de las sesiones. Durante los descansos, el señor Alandes podía anunciar una película "solo para hombres", una frase que despertaba la curiosidad del público y que, a menudo, terminaba presentando una película del oeste. También se comunicaba el último resultado del Valencia C. F., noticia muy esperada por numerosos espectadores.

En sus últimos años, el Cine Español siguió funcionando como sala de reestreno y cine popular. En la década de 1970 tuvo una breve etapa como Cine Espanyol, vinculado a ciclos de la Cinemateca del País Valencià, antes de cerrar definitivamente y ser transformado en sala de baile.

Aún pueden reconocerse en la calle Salvador Giner algunos accesos laterales del antiguo edificio, aunque el interior ha cambiado por completo.

El Cine Cultural:

El Cine Cultural ocupaba la esquina de la actual avenida Gregorio Gea con la calle Miguel Hernández. Fue registrado como cine en 1943, aunque el inmueble ya había acogido actividades escénicas bajo los nombres de Teatro Ballester, Salón Cultural y Teatro Cultural.

Los vecinos lo conocían simplemente como "el Cultural". Su decoración cuidada y su tamaño relativamente reducido hicieron que muchos lo llamaran "la bombonera".

El aforo era de 590 localidades: 440 en patio y 150 en general. A diferencia del Español, estaba autorizado para funcionar durante todo el año, y su programación mantuvo una presencia constante en la vida social del municipio.

El Cultural conservaba una estética más próxima a un pequeño teatro. Tenía palcos superiores y un escenario cuyo telón mostraba una gran fotografía del Molí de Cabot, un elemento que unía la cultura cinematográfica con la memoria de la antigua huerta de Mislata.

El acceso se realizaba por un zaguán situado bajo el escenario. Junto a la entrada estaba la taquilla, atendida durante años por el tío Paco, que cortaba las entradas y vivía con su familia en una pequeña vivienda situada detrás del escenario.

El cine disponía de bar durante los descansos. Una ventana comunicaba directamente con el Centro Recreativo, conocido como Casino de la Vella, que daba servicio tanto a los asistentes al cine como a los socios del centro.

Como otras salas de la época, tampoco tenía generador eléctrico propio. Los apagones interrumpían las proyecciones y obligaban al público a esperar o abandonar la sala.

Por la pantalla del Cultural pasaron películas de enorme popularidad, entre ellas Casablanca, producciones de Tarzán, comedias de El Gordo y el Flaco, películas de los Hermanos Marx y títulos como Marinos a la fuerza.

A comienzos de la década de 1980, la sala empezó a sufrir el descenso de espectadores que afectó a tantos cines de barrio. La expansión de la televisión, la llegada del vídeo doméstico, la dificultad de renovar equipos y los cambios en las costumbres de ocio redujeron progresivamente la asistencia.

El Ayuntamiento inició la expropiación del inmueble y el Centro Recreativo comenzó a ofrecer películas en formato vídeo, lo que agravó la crisis de la sala. El Cine Cultural cerró en 1986.

Después de su derribo, el solar fue ocupado por la actual Casa de la Cultura. De este modo, el lugar mantuvo su vínculo con la actividad cultural, aunque ya no con las sesiones de cine que habían marcado durante décadas a los vecinos.

El Cine Sur:

El Cine Sur fue la sala de mayor categoría de Mislata. Abrió a finales de 1948 en la calle Valencia y quedó registrado como cine al inicio de 1949. Su impulsor fue Pedro Navarro López.

El edificio tenía acceso por la calle Valencia y conexión con la actual calle Antonio Machado, lo que facilitaba la entrada y salida del público. Su diseño buscaba un nivel de comodidad poco habitual en el municipio: disponía de grupo electrógeno, zona de descanso con bar, escaleras de acceso al general y una decoración mucho más ambiciosa que la de las otras salas.

Su gran lámpara central se convirtió en uno de sus rasgos más recordados. Algunos estudios sobre la arquitectura local han comparado su ornamentación y prestigio con los grandes cines de València, especialmente con el Cine Rex.

El aforo documentado rondaba las 950 localidades, repartidas entre patio y general. Era, por tanto, una sala preparada para acoger grandes estrenos y sesiones continuas.

Una inauguración de éxito:

La inauguración se celebró con Locura de amor, de Juan de Orduña, una de las películas españolas de mayor éxito de la época.

La memoria local relaciona la puesta en marcha del cine con la adquisición de butacas y proyectores procedentes del desaparecido Cine Lírico Trianon Palace de Valencia. Aquellos equipos permitían ofrecer sesiones continuas y reforzaban la imagen moderna del local.

Durante los años cincuenta, el Cine Sur se adaptó a los nuevos formatos panorámicos. La instalación de una pantalla más amplia obligó a modificar parte de la decoración original, pero permitió mantener la competitividad de la sala ante las novedades técnicas del cine internacional.

Los testimonios locales recuerdan también los retratos de Franco y José Antonio Primo de Rivera situados a ambos lados de la pantalla, una muestra de la presencia simbólica del régimen en los espacios públicos y de ocio durante la dictadura.

El cine de verano:

Entre 1952 y 1954 el Cine Sur puso en marcha una terraza de verano en el Huerto de la familia Royo, situado en el entorno de la actual calle Santa Teresa.

La recaudación se destinaba a obras de caridad de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y la gestión estuvo relacionada con el párroco Heliodoro. Durante los meses de calor, aquella pantalla al aire libre ofrecía a los vecinos una alternativa distinta a las salas cerradas y se convirtió en un punto de encuentro estival.

El final del Cine Sur:

El Cine Sur proyectó sus últimas películas a comienzos de la década de 1980. El inmueble mantuvo después otros usos, entre ellos el de fábrica y almacén de máquinas recreativas.

Un anuncio oficial de 1984 todavía describía el edificio como "cinematógrafo Cine Sur", prueba de que el antiguo uso seguía definiendo el inmueble incluso después de la clausura de la sala. BOE, 3 de noviembre de 1984

La fachada y la estructura del edificio han conservado durante años la memoria de aquel cine, aunque el rótulo histórico SUR desapareciera y el interior fuera transformado.

El recuerdo de los tres cines:

El Español, el Cultural y el Sur eran muy distintos entre sí. El Español era el cine de barrio, humilde y cercano; el Cultural combinaba la tradición teatral con la proyección cinematográfica; y el Sur representaba la sala de mayor capacidad, comodidad y prestigio.

Pero los tres compartieron una misma función: convertir el cine en una experiencia colectiva. Allí se reía, se lloraba, se comentaban las películas en el descanso, se esperaba el resultado del fútbol y se compartía una tarde de domingo con familiares, amigos o vecinos.

La desaparición de las salas no borró su recuerdo. Sus nombres siguen formando parte de la memoria de Mislata y ayudan a entender una época en la que el cine no era solo una pantalla: era uno de los grandes espacios de convivencia del municipio.

Fuentes consultadas:

-Mañas Borrás, Luis. La Mislata de otros tiempos.

-https://www.prospectosdecine.com/mislata-valencia--cinema-sur

-https://www.prospectosdecine.com/mislata-valencia--cine-espanol

https://www.prospectosdecine.com/mislata-valencia--salon-cine-cultural-luego-centro-cultural