
El Señorío y Baronía de Mislata y Morería.
Durante más de cinco siglos, la historia de Mislata estuvo vinculada al régimen señorial. Sus habitantes cultivaron tierras sometidas a censos, utilizaron hornos y molinos controlados por sus señores y dependieron de una jurisdicción particular que regulaba buena parte de la vida económica y social de la población.
Sin embargo, la formación del señorío fue mucho más compleja de lo que puede parecer. Mislata no pasó directamente de alquería musulmana a convertirse en una única baronía gobernada por una sucesión lineal de nobles. Tras la conquista cristiana, sus casas, huertos, tierras y molinos fueron repartidos entre distintos beneficiarios. Más adelante, el territorio quedó dividido en dos núcleos con jurisdicciones diferentes: el lugar cristiano de Mislata y la Morería.
Por esta razón, la documentación medieval llega a hablar de dos señoríos o baronías de Mislata. Cada uno tuvo sus propios titulares y atravesó diferentes procesos de herencia, compraventa y concentración patrimonial hasta que ambos quedaron vinculados a la casa de los Ximénez de Urrea, condes de Aranda.
Las primeras donaciones tras la conquista:
Cuando Jaime I conquistó Valencia en 1238, Mislata era una alquería andalusí habitada mayoritariamente por musulmanes. Su territorio estaba formado por casas, huertos, campos de cultivo, acequias y molinos que aprovechaban las aguas del Turia.
La primera donación conocida de tierras situadas en la alquería de Maçlata está fechada el 7 de marzo de 1238. Esta y otras concesiones quedaron anotadas en el Llibre del Repartiment, conjunto de registros en los que se recogieron las propiedades entregadas por Jaime I a caballeros, religiosos, funcionarios y participantes en la conquista.
El Llibre del Repartiment no debe entenderse como un registro de propiedad moderno ni como una relación completa y perfectamente ordenada. Está formado por tres volúmenes compuestos por cuadernos fragmentarios, procedentes de diferentes momentos y oficinas de la Cancillería Real. Aun así, constituye la principal fuente para conocer cómo fueron distribuidos los bienes del territorio valenciano después de la conquista.
Entre los beneficiarios relacionados con Mislata aparece un oficial de la corte llamado Seguí, vinculado en las transcripciones locales con la entrega de un huerto y tierras de cultivo. También destaca Sanç Llopis de Albero, caballero procedente de Huesca que recibió propiedades y derechos sobre varios molinos. En 1239 se documenta su relación con tres casales molineros: dos situados sobre la acequia de Mislata y otro junto al antiguo camino de Requena.
Estas concesiones muestran que Mislata no fue entregada inicialmente como un dominio compacto a un solo propietario. Jaime I distribuyó derechos concretos sobre tierras, casas, huertos y molinos entre varios beneficiarios. La creación de un verdadero señorío territorial fue, por tanto, un proceso posterior.
Los Boïl y Altadona Della Scala:
A comienzos del siglo XIV aparece ya consolidada la presencia de la familia Boïl. En torno a 1305, Pere Boïl, señor de Manises, estaba casado con Altadona della Scala, dama de origen veronés que figura como señora de Mislata y Benilloba.
Altadona pertenecía al entorno de la poderosa familia Della Scala de Verona. Su matrimonio con Pere Boïl vinculó Mislata con uno de los linajes más importantes de la nobleza valenciana medieval.
En 1307, Jaime II autorizó a Pere Boïl a construir molinos y hornos dentro del término de su alquería de Mislata. La concesión real delimitaba el territorio y reconocía derechos que resultarían fundamentales para el desarrollo del señorío. El control de los molinos y los hornos no era una cuestión menor: los vecinos estaban obligados a utilizarlos y a satisfacer por ello determinadas cantidades o porciones de la producción.
En 1321, Pere Boïl entregó Mislata y Benilloba a su segundo hijo, Berenguer Boïl, con motivo de su matrimonio con Ramoneta, hija de Ramón Riusec. No obstante, tras la muerte de Pere Boïl, Altadona conservó el usufructo de Mislata y de otros lugares pertenecientes a la familia.
La relación entre la señora y sus vasallos no siempre fue pacífica. En 1331, la comunidad musulmana de Mislata presentó una protesta formal ante Ramón Riusec, tutor de Pere Boïl, por los abusos atribuidos a la administración de Altadona. El episodio permite comprobar que los mudéjares estaban sometidos a importantes cargas señoriales, pero también que podían organizarse como comunidad y recurrir a procedimientos jurídicos para denunciar aquello que consideraban contrario a sus derechos o costumbres.
Dos Mislatas bajo jurisdicciones diferentes:
Uno de los aspectos fundamentales para comprender esta etapa es la existencia de dos núcleos diferenciados.
Por un lado se encontraba la Mislata cristiana, formada alrededor del nuevo asentamiento surgido tras la conquista. Por otro, la Morería, donde continuaba viviendo buena parte de la población musulmana y donde se mantenían la mezquita, la aljama y sus propias autoridades comunitarias.
La separación no fue únicamente religiosa o urbana. Cada núcleo podía pertenecer a un señor diferente y quedar sometido a una jurisdicción distinta.
Desde el siglo XIV, la documentación permite distinguir dos grandes líneas señoriales:
-La parte cristiana estuvo vinculada principalmente a los Codinats y, posteriormente, a sus descendientes y herederos, los Aguiló de Codinats.
-La Morería permaneció relacionada con los Boïl y acabó pasando, mediante herencias, matrimonios y resoluciones judiciales, a los Ximénez de Urrea.
Los límites y derechos de cada parte no permanecieron invariables. Las herencias podían dividirse, los bienes quedaban sujetos a vínculos familiares y determinados derechos podían venderse o cederse sin que desaparecieran las jurisdicciones anteriores. Por ello, los documentos de los siglos XV, XVI y XVII siguen hablando de «la mitad», «una parte» o «la baronía de la Vilanova de Mislata».
¿Qué significaba vivir en un señorío?
Un señorío no era solamente una gran propiedad agrícola. El señor podía reunir derechos económicos, territoriales y jurisdiccionales que hoy corresponden a instituciones públicas diferentes.
Entre sus atribuciones se encontraban el nombramiento o confirmación de determinados cargos locales, la administración de justicia, el cobro de rentas y censos y el control de establecimientos esenciales como los molinos, los hornos y la carnicería.
En 1424, Alfonso V concedió a los Ximénez de Urrea el derecho a establecer hornos, carnicerías, molinos, tiendas y otros servicios comunes en la Morería. En 1455 confirmó además una jurisdicción más amplia sobre este núcleo.
Esto no significaba que el señor pudiera actuar sin ninguna limitación. Sus facultades estaban condicionadas por los Fueros de Valencia, los privilegios reales, los contratos establecidos con los vasallos y las costumbres de cada comunidad. En el caso de los mudéjares, se reconocía además la aplicación de la Sunna y la Xara en determinadas cuestiones internas.
Las principales fuentes de ingresos señoriales podían proceder de:
-Los censos y rentas impuestos sobre casas y tierras.
-Los pagos derivados de la transmisión, venta o herencia de propiedades sometidas a dominio señorial.
-Los derechos por utilizar molinos, hornos y otros establecimientos monopolizados.
-Las rentas agrícolas pactadas en contratos de establecimiento o enfiteusis.
-Las tasas y emolumentos vinculados al ejercicio de la jurisdicción.
Las obligaciones variaron según la época, la propiedad y el núcleo de población. Por ello, no debe suponerse que todos los habitantes pagaran siempre una misma proporción de la cosecha o un «quinto» general al barón.
El vasallaje de la Morería en 1476:
Uno de los documentos más valiosos para conocer el funcionamiento del señorío es el acta de vasallaje otorgada por la aljama musulmana de Mislata el 27 de mayo de 1476.
La ceremonia tuvo lugar ante la mezquita de la Morería. Alfonso Muñoz, procurador de Lope Ximénez de Urrea, ordenó convocar a los habitantes musulmanes para comunicarles la muerte del anterior señor y tomar posesión del dominio en nombre de su heredero.
Los vecinos se reunieron bajo el porche situado delante de la puerta de la mezquita. Entre ellos se encontraban Juceff Xampenç, alamín de la comunidad; Hacen Momiem, alfaquí; los jurados de la aljama y numerosos cabezas de familia.
Los mudéjares reconocieron a Lope Ximénez de Urrea como su señor natural y prometieron obedecer sus mandatos, respetar sus regalías y satisfacer los derechos que tradicionalmente correspondían al señor de la Morería. El juramento se realizó mirando hacia la alquibla y siguiendo la Sunna y la Xara. Después prestaron homenaje «de manos y de boca», besando las manos y el hombro del procurador.
El juramento no fue completamente unilateral. La aljama exigió que el nuevo señor se comprometiera a administrar justicia de acuerdo con la Sunna, la Xara y las buenas costumbres de la comunidad. El procurador aceptó públicamente esta obligación.
Seguidamente se representaron varios actos simbólicos de posesión. El procurador destituyó y volvió a nombrar al alamín, entró en la casa señorial, ordenó la apertura de la prisión, tomó posesión del llamado Molino del Señor y repitió la ceremonia en el horno y la carnicería de la Morería.
En la plaza cortó además una rama de una morera y ordenó colgarla con una cuerda como representación de la jurisdicción criminal. A través de estos gestos quedaba escenificado que el señor no solo era propietario de determinados edificios: ejercía autoridad sobre el espacio público, los servicios comunes y la administración de justicia.
El documento, conservado en el Archivo de Protocolos del Real Colegio-Seminario del Corpus Christi de Valencia, constituye una descripción excepcional de la Morería medieval. Su transcripción fue publicada por Germán Navarro Espinach en Fuentes documentales para el estudio de los mudéjares.
De los Boïl y Codinats a los Ximénez de Urrea:
La transmisión de los derechos señoriales entre los Boïl y los Ximénez de Urrea estuvo rodeada de enlaces matrimoniales, herencias y litigios. Las genealogías tradicionales simplificaron este proceso afirmando que Ramoneta o Ramona Boïl transmitió Mislata a los Urrea mediante su matrimonio. Sin embargo, la documentación demuestra que coexistieron distintas líneas hereditarias y que la titularidad fue objeto de disputas.
En 1426, la reina María de Castilla dictó una sentencia arbitral favorable a Pedro Ximénez de Urrea en el pleito que mantenían los herederos de los Boïl y los Urrea por la posesión de Mislata. El documento se conserva en la colección de pergaminos del Señorío de Mislata del Archivo del Reino de Valencia.
Mientras tanto, la parte cristiana continuaba vinculada a los Codinats. En 1334 ya aparece Berenguer de Codinats como señor del núcleo cristiano. En 1358, Antic de Codinats compró la mitad cristiana de Mislata, que poco después pasó a su hermano Berenguer. En siglos posteriores, esta parte quedó en manos de los Aguiló de Codinats.
Entre 1497 y 1506 se documentó la venta de la parte cristiana a Miquel Ximénez de Urrea, conde de Aranda. Por tanto, lo vendido en 1497 no fue la Morería —que ya pertenecía a los Urrea—, sino los derechos relacionados con el sector cristiano.
La adquisición favoreció la concentración del dominio bajo la casa de Aranda, pero no eliminó inmediatamente todos los derechos anteriores. Durante el siglo XVI todavía aparecen los Castellví y otros herederos como señores de una mitad o parte de Mislata. La reunificación del territorio fue, en consecuencia, un proceso gradual y no el resultado instantáneo de una única compraventa.
De mudéjares a moriscos:
Durante la Edad Media, los musulmanes que permanecieron en los territorios cristianos recibieron el nombre de mudéjares. Conservaban su religión, su mezquita y parte de su organización comunitaria, aunque se encontraban sometidos a la autoridad del rey y del señor territorial.
Las conversiones forzosas decretadas durante el primer tercio del siglo XVI transformaron jurídicamente a esta población en cristianos nuevos o moriscos. La antigua aljama musulmana desapareció oficialmente, pero muchas familias conservaron prácticas, vínculos y tradiciones de origen islámico.
En 1526, Carlos I confirmó la jurisdicción que la casa de Urrea ejercía sobre la antigua Morería. A lo largo del siglo XVI, las fuentes continuaron diferenciando el núcleo morisco del lugar habitado mayoritariamente por cristianos viejos.
Esta convivencia terminó en 1609 con la expulsión general de los moriscos de los reinos hispánicos. La medida provocó la salida de numerosas familias y afectó gravemente al cultivo de las tierras y a la economía señorial.
La Carta de Población de 1611:
Para ocupar las casas y tierras abandonadas, Antonio Ximénez de Urrea, conde de Aranda, otorgó el 25 de septiembre de 1611 una Carta de Población a la parte de la baronía que había estado habitada por moriscos. En el documento, aquel sector recibió el nombre de Vilanova de Mislata.
La Carta Pobla regulaba la instalación de nuevos pobladores cristianos y fijaba las condiciones bajo las cuales recibirían casas y tierras. También establecía las obligaciones económicas de los colonos, el funcionamiento de las autoridades locales y los derechos reservados al conde.
La Carta de 1611 representa la reorganización señorial y demográfica del antiguo núcleo morisco después de la expulsión. La denominación Vilanova expresaba precisamente la voluntad de crear una nueva comunidad sobre el espacio que había ocupado la Morería.
Incluso después de la repoblación continuaron apareciendo referencias separadas a distintas partes de Mislata. En 1628, por ejemplo, un procurador del conde de Aranda administraba específicamente la baronía de la Vilanova, y en 1632 el conde figura como señor de «la mitad de Mislata».
La venta de Mislata a Mateo Cebrián:
La casa de Aranda conservó sus derechos sobre Mislata hasta mediados del siglo XVIII. En aquel momento, el patrimonio de los condes se encontraba sometido a importantes problemas financieros y a numerosos censos y obligaciones.
En marzo de 1748, Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X conde de Aranda, vendió el señorío de Mislata a Mateo Cebrián y Aguilar, vecino de Gandía, por 46.972 libras.
No se trató, por tanto, de una simple cesión familiar, sino de una compraventa relacionada con la situación económica de la casa de Aranda. La operación aparece estudiada por María Teresa Agüero Díez y Enrique Giménez López en su investigación sobre el endeudamiento señorial y censal del siglo XVIII.
Mateo Cebrián pasó a ser reconocido como barón de Mislata. En 1751, la documentación identifica ya a José Cebrián como barón y señor del lugar.
Es importante distinguir esta adquisición de la concesión jurisdiccional de 1455. Aquella fecha corresponde a la confirmación de derechos sobre la Morería a favor de los Ximénez de Urrea, no a la creación de un título para Mateo Cebrián, quien vivió tres siglos después.
De los Cebrián a los Ferrer:
Tras la adquisición de 1748, la baronía quedó vinculada a la familia Cebrián. Mateo Cebrián y Aguilar fue sucedido por José Cebrián y Sala y por Mateo Cebrián y Chornet.
Al extinguirse la sucesión directa de esta rama, la herencia pasó a familiares pertenecientes al linaje Ferrer. Entre ellos figuran Pascual Ferrer y Cebrián y Juan Nepomuceno Ferrer y Vicent.
La transmisión continuó a través de Luisa Ferrer de la Riva y de María de la Concepción Ferrer y Vicent. Estos cambios muestran el papel decisivo que tuvieron los matrimonios, las herencias femeninas y las líneas colaterales en la conservación de los patrimonios nobiliarios.
Los Arramendía y los Musoles:
María de la Concepción Ferrer y Vicent estaba casada con José Arramendía y Puig. La baronía pasó posteriormente a su hija, Dolores Arramendía y Ferrer.
Dolores contrajo matrimonio con José Felipe Musoles y Esteve, vinculado a la Baronía de Campo-Olivar. A través de este enlace, la Baronía de Mislata y Morería quedó incorporada al patrimonio familiar de los Musoles.
En 1859 aparece como sucesor Fernando Musoles y Arramendía, hijo del matrimonio y titular también de la Baronía de Campo-Olivar. Posteriormente le sucedió Balbino Musoles Navarrete.
Durante el siglo XX, las cartas oficiales de sucesión permiten seguir con mayor seguridad la transmisión del título:
-José María Musoles y Martín fue titular durante la primera mitad del siglo XX.
-En 1949, José María Musoles Frígola recibió la carta de sucesión por fallecimiento de su padre.
-En 1979, Balbino Musoles Frígola sucedió a su hermano José María.
-En 2010, José Luis Musoles Esteve recibió la Real Carta de Sucesión por fallecimiento de su padre, Balbino Musoles Frígola.
Por tanto, José María Musoles y Martín no es el titular actual, sino un antepasado de la línea contemporánea. La última sucesión publicada oficialmente corresponde a José Luis Musoles Esteve, mediante la Orden JUS/3046/2010
Señorío, baronía y título nobiliario:
Aunque suelen emplearse como conceptos equivalentes, conviene distinguir tres realidades diferentes.
El señorío era el conjunto de derechos que una persona o familia ejercía sobre un territorio, sus habitantes, sus rentas y, en determinados casos, su jurisdicción.
La baronía era una forma de señorío jurisdiccional. En la documentación valenciana medieval y moderna, la palabra podía designar el territorio sometido a un barón, sin que existiera necesariamente una carta de creación comparable a las de los títulos nobiliarios contemporáneos.
El título de barón es, en cambio, una dignidad nobiliaria hereditaria reconocida por el Estado. En la actualidad tiene carácter estrictamente honorífico y no concede derechos de propiedad, jurisdicción o gobierno sobre Mislata.
Esta diferencia explica por qué resulta problemático intentar construir una única lista de «barones» desde la Edad Media hasta nuestros días. Los Boïl, los Codinats o los Ximénez de Urrea fueron señores territoriales y jurisdiccionales, mientras que las sucesiones modernas se refieren a un título nobiliario sometido a una regulación diferente.
El final del régimen señorial:
Durante los siglos XVII y XVIII, la monarquía fue ampliando su control sobre la administración territorial, aunque los señores conservaron numerosos derechos económicos y jurisdiccionales.
El cambio decisivo llegó con las Cortes de Cádiz. El Decreto de 6 de agosto de 1811 incorporó los señoríos jurisdiccionales a la nación, abolió los privilegios exclusivos asociados al vasallaje y estableció que nadie podía continuar ejerciendo justicia sobre una población por su condición de señor.
La abolición no fue inmediata ni sencilla. El regreso del absolutismo de Fernando VII interrumpió la aplicación de algunas medidas y originó numerosos litigios sobre qué derechos debían desaparecer y cuáles podían considerarse propiedades privadas.
La Ley de 26 de agosto de 1837 confirmó definitivamente la supresión de las jurisdicciones y de las prestaciones que denotaban señorío o vasallaje. No obstante, permitió que los antiguos señores conservaran aquellas tierras, censos y bienes que pudieran acreditar como propiedad particular independiente de la jurisdicción.
Desde entonces, los titulares de la baronía dejaron de poseer autoridad civil, criminal o fiscal sobre los vecinos. La administración y la justicia pasaron definitivamente a las instituciones públicas del Estado y del municipio.
Una herencia que perdura:
La historia del Señorío y la Baronía de Mislata y Morería refleja la transformación de una alquería andalusí en una sociedad feudal dividida entre dos jurisdicciones; su posterior concentración bajo grandes linajes nobiliarios; la repoblación de la antigua Morería después de 1609, y la desaparición final del régimen señorial durante el siglo XIX.
Su memoria permanece en la documentación del Archivo del Reino de Valencia, en los protocolos notariales del Colegio del Corpus Christi, en la Carta Pobla de 1611 y en la propia configuración histórica del casco antiguo de Mislata.
También pervive en la toponimia urbana. La plaza del Conde de Aranda recuerda a la familia que dominó durante siglos buena parte del territorio y que protagonizó la repoblación de la Vilanova de Mislata.
Pero el legado más importante se encuentra en la historia social del municipio: en las generaciones de agricultores, artesanos, mudéjares, moriscos y cristianos que vivieron bajo estas jurisdicciones, negociaron sus obligaciones, defendieron sus costumbres y contribuyeron a formar la Mislata contemporánea.
