El Castillo de la Morería

En el corazón de la antigua morería de Mislata se alzaba una construcción hoy desaparecida que durante siglo fue uno de los principales símbolos de poder del municipio.

A medio camino entre fortaleza y residencia señorial, el castillo concentró diversas funciones convirtiéndose en el verdadero núcleo de Mislata. Aunque no se conservan restos materiales, la documentación histórica permite reconstruir con bastante detalle su forma, su estructura y la vida que se desarrollaba en su interior.

El torreón

En el corazón de la morería de Mislata se alzaba un sólido torreón que dominaba el pequeño núcleo islámico y actuaba como centro de poder local. No se trataba de una gran fortaleza militar sino de una construcción señorial fortificada, formada por un gran torreón y diversas dependencias anexas, integrada en el entramado urbano del barrio, vinculada al poder político, administrativo y económico del territorio.

La edificación estaba construida con la técnica del tapial, característica de la arquitectura islámica peninsular, lo que le confería un aspecto macizo y compacto. El torreón presentaba planta cuadrangular, muros gruesos de gran resistencia y una altura que rondaría entre los quince y los dieciséis metros, dimensiones que la hacían sobresalir claramente sobre las viviendas circundantes de la morería. Su silueta se recortaba con merlones rectangulares en la parte superior y una azotea plana que probablemente funcionaría como terraza de vigilancia.

Aunque su imagen evocaba la de una torre defensiva, su emplazamiento sugiere que su finalidad no era la defensa estratégica del territorio, sino el control señorial del entorno.

Recreación del castillo a partir de un grabado del historiador Martinez Aloy.
Recreación del castillo a partir de un grabado del historiador Martinez Aloy.

La Casa de la Señoría

El castillo era conocido como la Casa de la Señoría, formado por un pequeño complejo residencial y administrativo articulado en torno a un gran patio de acceso que servía como espacio de reunión. Allí se congregaban los vasallos para ceremonias públicas, asambleas y actos de toma de posesión, convirtiendo el recinto en el principal escenario de la autoridad feudal.

Desde este patio se distribuían las distintas dependencias del castillo, que evidencian una intensa vida cotidiana.


Espacios y dependencias del recinto:

En su interior existían amplias salas destinadas a reuniones y funciones representativas, una gran cocina y diversas estancias privadas destinadas al alojamiento del señor o de su delegado, el Procurador. Las paredes de algunas salas contaban con bancos corridos de obra y espacios de almacenamiento integrados, lo que revela una organización doméstica permanente y no militar.

El complejo incluía asimismo prisiones diferenciadas para hombres y mujeres, prueba de su función judicial. La presencia de estas estancias confirma que el castillo ejercía como sede del poder jurisdiccional del señor, desde donde se controlaban conflictos y se mantenía el orden dentro de la comunidad local.

Las zonas de servicio ocupaban una parte significativa del conjunto. Existían caballerizas comunicadas con corrales posteriores donde se alojaba el ganado, almacenes destinados a guardar productos agrícolas y graneros para conservar las cosechas. También había un horno para cocer pan, dependencias vinculadas a la molienda y espacios destinados a guardar herramientas y aperos de labranza.

Todo ello revela que el castillo actuaba como núcleo de gestión de la economía rural, organizando la producción y el almacenamiento de recursos procedentes de las tierras del señor.
El abastecimiento de agua estaba garantizado por varios pozos situados en el interior del recinto, a los que se sumaba otro emplazado en la plaza exterior, la actual plaza de la Morería. Esta disponibilidad de recursos hídricos era esencial para la autosuficiencia del complejo y para el mantenimiento de personas y animales.
En el interior se accedía a los distintos niveles mediante escaleras de madera. El edificio contaba al menos con tres pisos: una planta baja destinada principalmente a servicios y dependencias funcionales, un piso principal con salas de representación y habitaciones nobles, y un nivel superior que serviría como almacén o andana. Desde la parte alta se accedía a terrazas laterales que rodeaban la torre, reforzando su presencia dominante sobre el paisaje urbano.

Decadencia y desaparición

A pesar de su robusta apariencia, el castillo fue perdiendo relevancia con el paso del tiempo. Un punto decisivo en su decadencia se produjo en el siglo XVII cuando Pedro Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda, rehabilitó la Casa Gran, una gran casona señorial situada en la actual plaza de la Constitución, que pasó a convertirse en la nueva residencia de los señores de Mislata. Desde ese momento, el antiguo castillo quedó relegado a un segundo plano dentro de la organización local del poder.

Privado de su función residencial principal, el edificio comenzó a destinarse a usos más prácticos. Parte de sus dependencias albergaron las primeras instalaciones municipales, manteniéndose además la prisión en funcionamiento. Con el tiempo, distintas estancias fueron segregándose para acoger usos comerciales, agrícolas y almacenes, transformando progresivamente su estructura original.

Los conflictos bélicos debieron acelerar su deterioro. Durante la Guerra de la Independencia, el castillo fue ocupado y saqueado por tropas francesas, sufriendo daños considerables. Décadas después, los bombardeos sobre Mislata en el contexto de la Revolución Cantonal agravaron su estado, dejando la construcción en una situación de abandono cada vez más evidente.

Grabado original del Castillo de la Morería de finales del siglo XIX, posiblemente desde la calle San Martín.
Grabado original del Castillo de la Morería de finales del siglo XIX, posiblemente desde la calle San Martín.

A finales del siglo XIX, parte del torreón se derrumbó, lo que precipitó su demolición definitiva. El antiguo símbolo del poder medieval de la morería desaparecía así del paisaje urbano de Mislata.

En la actualidad, apenas pervive un vestigio material de aquella construcción: un lienzo de muro oculto en un solar de la calle Mayor, que salió a la luz tras el derribo de una vivienda en 2019. Este resto constituye el último testimonio visible de un edificio que durante siglos articuló la vida política y social de la Mislata islámica y feudal.

El misterio de los túneles subterráneos

Más allá de la documentación histórica, el castillo de la Morería conserva un componente de misterio transmitido por la memoria popular. Entre los más mayores ha perdurado el relato de la existencia de una red de túneles subterráneos que atravesaban el subsuelo de Mislata.

Lejos de tratarse de una simple leyenda urbana, algunos episodios del siglo XX parecen dar verosimilitud a esta tradición. Durante la Guerra Civil, en el transcurso de las obras para habilitar un refugio antiaéreo, un grupo de obreros descendió al fondo de un pozo situado en una vivienda de la Morería. Allí se localizó un acceso oculto tras una antigua reja metálica que conducía a una galería subterránea. Según los testimonios conservados, el túnel se prolongaba bajo el barrio hasta alcanzar aproximadamente la plaza del Conde de Aranda.

Este tipo de estructuras no resultan extrañas en el contexto histórico de la comarca. En localidades vecinas como Paterna o Quart de Poblet se han encontrado galerías subterráneas similares vinculadas a antiguas fortificaciones. En muchos casos, estos túneles funcionaban como sistemas de abastecimiento de agua o como cisternas conectadas con ríos, barrancos o acequias cercanas.

Es posible, en tanto, que el subsuelo de la morería ocultara una infraestructura semejante, destinada a garantizar el suministro hídrico del castillo mediante una conexión con el antiguo cauce del Turia o con canalizaciones próximas. De confirmarse esta hipótesis, la red subterránea formaría parte del complejo sistema defensivo y logístico de la fortificación medieval.

Hoy, sin embargo, estos pasadizos permanecen ocultos, e incluso desaparecidos, y envueltos incertidumbre, formando parte de ese patrimonio invisible que solo la tradición oral de los mislateros ha conservado con el paso del tiempo.

Fuentes consultadas:

-Inici a la historia de Mislata - Josep l'Escrivà y Santos Ramírez

-Del Manzil a la Morería - Ramírez Martínez Santos

-La Mislata de otros tiempos - Luis Mañas Borrás