
El Camino Viejo de Xirivella
La senda que unió dos pueblos
Mucho antes de la construcción de grandes avenidas como la del Cid o Blasco Ibáñez, Mislata y Xirivella ya estaban comunicadas por un camino humilde, rural y esencial para la vida cotidiana: el Camino Viejo de Xirivella.
Hoy apenas quedan algunos tramos urbanizados, unas pocas casas antiguas y el recuerdo de su nombre en el callejero. Sin embargo, durante siglos fue uno de los itinerarios tradicionales que conectaban Mislata con la huerta occidental de València y con el núcleo histórico de Xirivella.
Un camino entre la Cruz Cubierta y Xirivella:
El trazado arrancaba en la Cruz Cubierta de Mislata, lugar de encuentro de varios caminos históricos y espacio de referencia para los habitantes del antiguo barrio de la Cruz, conocido popularmente como el Cerdanet.
Desde allí avanzaba hacia Xirivella con un recorrido irregular, en suave zigzag, adaptado a los márgenes de las parcelas agrícolas, las acequias y los desniveles del terreno. No era una gran vía ni un camino rectilíneo: era una senda de huerta, formada poco a poco por el paso de vecinos, carros, animales y jornaleros.
En sus primeros metros, el camino mostraba una peculiaridad que marcó profundamente la vida de quienes residían allí. Una de sus aceras pertenecía administrativamente a Valencia y la otra a Mislata. Aun así, la frontera municipal apenas tenía importancia en la vida diaria: los vecinos compartían relaciones familiares, comercios, fiestas y costumbres, y se sentían vinculados al barrio de la Cruz y a Mislata.
Una frontera administrativa con consecuencias cotidianas:
La situación limítrofe del Camino Viejo de Xirivella no siempre fue sencilla. Durante décadas, las cuestiones de mantenimiento, asfaltado, iluminación o tributación quedaron condicionadas por la división entre términos municipales.
La memoria local recuerda que fue una de las zonas que más tardó en recibir mejoras urbanas. Los vecinos se encontraban, en ocasiones, ante una situación difícil: una administración podía considerar que una intervención correspondía a la otra, mientras ambas reclamaban determinados tributos o responsabilidades.
Esta singularidad no fue una simple anécdota. Explica por qué el camino conservó durante tanto tiempo una apariencia rural, incluso cuando los alrededores comenzaban a transformarse por el crecimiento de València, Mislata y Xirivella.
Huertos, alquerías y edificios desaparecidos:
El antiguo camino atravesaba un paisaje de huerta. A ambos lados se extendían campos de cultivo, olivos, árboles frutales, acequias, alquerías y pequeñas construcciones vinculadas al trabajo agrícola.
En el extremo meridional de la plaza de la Cruz se encontraba el llamado Huerto de las Flores, un chalet rodeado de jardines que formaba parte de la imagen tradicional de la zona. Según la memoria histórica local, desapareció en 1952, al igual que el callejón que comunicaba este entorno con la Ermita de San Miguel de Soternes.
También quedó atrás el Molino de Sal, otro de los inmuebles asociados al paisaje agrario y a los caminos que articulaban esta franja entre Mislata y València. La desaparición de estos elementos refleja la profunda transformación urbana experimentada durante la segunda mitad del siglo XX.
El Pou del Crist:
Ya en paralelo a la actual avenida del Cid se encontraba el Pou del Crist, situado aproximadamente en el espacio de la actual plaza de Eduardo Marquina.
El pozo desempeñó un papel importante en el abastecimiento de las tierras de cultivo cercanas. La tradición local recuerda que en su fachada había un retablo o imagen de Cristo, origen de la denominación con la que fue conocido por los vecinos.
Como tantos otros pozos de la huerta valenciana, el Pou del Crist no era solo una infraestructura agrícola. Formaba parte del paisaje cotidiano: un punto de referencia para caminantes y labradores, un lugar ligado al agua y a la supervivencia de los cultivos.
Un camino rural:
El Camino Viejo de Xirivella presentaba, en algunos tramos, una marcada depresión del terreno. Al acercarse a Xirivella podía adquirir el aspecto de una rambla o camino hondo, con desniveles que dificultaban el tránsito.
En días de lluvia, las aguas procedentes de Xirivella descendían hacia la zona de la Cruz, anegando el camino y llegando a convertirlo en un pequeño cauce de difícil paso. Esta condición ayuda a entender su continuidad con el Camí Fondo de Xirivella, denominación que conserva la memoria de un itinerario situado en una cota baja y estrechamente relacionado con el drenaje natural del territorio.
La presencia de acequias y caminos junto a la huerta no era casual. La red hidráulica de Xirivella procedía históricamente de la acequia de Mislata y tenía su origen en el entorno del desaparecido Molí de Cabot, lo que demuestra hasta qué punto caminos, cultivos y agua formaban un mismo paisaje.
Rebaños, carros y toros:
El camino fue durante generaciones una vía de paso para la población y para el mundo rural. Por él circulaban carros, caballerías y jornaleros que se dirigían a las huertas o regresaban de ellas al final de la jornada.
Los testimonios locales sitúan también el paso de rebaños que se dirigían hacia el Matadero Municipal de Valencia. Durante las fiestas de Xirivella, los toros destinados a los festejos recorrían igualmente este itinerario. Más de una vez, según recuerdan los vecinos, algún animal se escapó y provocó carreras y sobresaltos entre quienes se encontraban sentados a la fresca junto a las puertas de sus casas.
Estas escenas, difíciles de imaginar en la actualidad, muestran que el Camino Viejo de Xirivella fue mucho más que una conexión entre dos municipios: fue un espacio de convivencia, trabajo, tránsito y vida popular.
La llegada al Camí Fondo:
Al entrar en el término de Xirivella, el trazado tomaba el nombre de Camí Fondo. Tras dejar atrás los cultivos, se dirigía hacia la calle Mayor, eje histórico de la población xirivellera.
La conexión tenía una lógica semejante a la de Mislata: los caminos rurales desembocaban en la calle principal, donde se concentraban la vida social, los comercios y las casas más antiguas. El Camí Fondo continúa siendo un referente de la historia local de Xirivella, hasta el punto de dar nombre a una publicación dedicada a investigar y divulgar su patrimonio.
La expansión urbana transformó por completo este entorno. Desaparecieron las huertas, los pozos, las alquerías, los olivares y buena parte de los caminos que definían la antigua periferia de Mislata.
Pese a ello, el Camino Viejo de Xirivella conserva un valor especial. Su nombre recuerda una época en la que Mislata, Xirivella y València estaban unidas por senderos de tierra y campos abiertos.
La Cruz Cubierta sigue marcando el comienzo de ese recorrido histórico. Desde allí, aunque el paisaje haya cambiado, todavía es posible reconocer la memoria de uno de los caminos que durante siglos acercó Mislata a su huerta y a los pueblos vecinos.
