
Iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles
Barroco valenciano en el corazón de Mislata
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles es uno de los principales referentes históricos y religiosos de Mislata. Construida en el siglo XVIII sobre el solar de anteriores templos, ha acompañado la evolución del municipio durante más de tres siglos, atravesando reformas, ampliaciones, destrucción y reconstrucción hasta adquirir su aspecto actual.

Historia
La construcción de la actual Iglesia Parroquial:
La actual Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles comenzó a levantarse a principios del siglo XVIII, en un momento en el que Mislata experimentaba un crecimiento demográfico que hacía insuficientes los antiguos lugares de culto del municipio. Hasta entonces, tanto la Ermita de San Miguel como la antigua iglesia gótica habían dado servicio a la población, pero el aumento del número de vecinos llevó a la construcción de un templo de mayores dimensiones.
Las obras comenzaron en 1704 y se prolongaron durante más de medio siglo, concluyendo en 1755. Existe una teoría según la cual el antiguo templo gótico no habría sido demolido por completo, sino que habría sido ampliado y profundamente reformado, construyéndose de nueva planta únicamente la torre campanario. Sin embargo, hasta el momento no se conserva documentación que permita confirmar esta hipótesis.
Aunque se desconoce la identidad del arquitecto responsable del proyecto, sí sabemos que en la construcción participaron diferentes maestros y artesanos. Esta circunstancia explica algunas pequeñas irregularidades que aún hoy pueden apreciarse en el edificio, como ligeras diferencias en la anchura de determinadas columnas o en los acabados de la ornamentación que decora las naves del templo.
La iglesia se levantó sobre un terreno aluvial compuesto principalmente por arenas y gravas, lo que obligó a reforzar la cimentación mediante una capa de tierras compactadas que sirviera de base estable para soportar el peso del edificio.
Un ejemplo del barroco valenciano:
El templo responde al estilo barroco valenciano, aunque incorpora rasgos propios de las iglesias rurales de la época. Su fachada destaca por la sobriedad de sus líneas, mientras que el conjunto se completa con una torre campanario de unos treinta metros de altura, construida en distintas fases.
El interior está formado por tres naves con capillas laterales, separadas por pilares y cubiertas mediante bóvedas de crucería. Sobre el crucero se alza una cúpula construida con hiladas de ladrillo macizo, elaboradas con materiales ricos en cuarzo, feldespatos y silicatos. Exteriormente se cubrió con tejas cerámicas, destacando los nervios revestidos con teja vidriada azul, uno de los elementos más característicos del perfil de la iglesia.
El aspecto original del templo:
Durante siglos, el interior de la iglesia estuvo ricamente decorado con retablos de madera, pinturas murales y numerosas obras de arte religioso. Aunque no se conservan muchas fotografías anteriores a la Guerra Civil, sí es posible conocer cómo era gracias a la descripción realizada por el historiador José Martínez Aloy durante su visita a Mislata a finales del siglo XIX.
Según su relato, el templo presentaba una planta rectangular presidida por el altar mayor, dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles. A ambos lados se distribuían las distintas capillas, entre ellas las de la Virgen de Belén, la Purísima, San Miguel Arcángel, San Antonio de Padua, la Virgen del Rosario, la Virgen de los Dolores, el Cristo de la Fe y San Vicente Ferrer. Junto al crucero se encontraban la sacristía y la Capilla de la Comunión, coronada por una cúpula con linterna.
Martínez Aloy también menciona dos lienzos de especial interés artístico. Uno representaba a Santo Tomás de Villanueva y había sido encargado por Francisco Clemente, presbítero, maestro en Artes, doctor en Teología y vicario de la iglesia de San Salvador de Valencia, a quien suponía natural de Mislata. El otro, fechado probablemente en el siglo XVIII, mostraba el martirio de San Casiano, obispo de Brescia, destacando por la complejidad de su composición.
En su descripción, el historiador señalaba además que la iglesia no conservaba grandes joyas artísticas, afirmando que había sido «impíamente saqueada por los franceses», una referencia a los episodios sufridos durante la Guerra de la Independencia.
El reloj de la torre y la ampliación de 1911:
A comienzos del siglo XX, la iglesia experimentó una de las primeras reformas de importancia desde su construcción. En 1905, durante el mandato del alcalde Agustín Cerveró, se instaló el reloj de la torre junto con toda su maquinaria. El mecanismo quedó ubicado en el último cuerpo de la torre, justo debajo de la sala de campanas, tal y como recuerda la placa conmemorativa que todavía hoy puede verse junto al propio reloj.
Pocos años después, en 1911, el templo fue objeto de una importante ampliación dirigida por el maestro de obras Vicente Mir Bernial. La intervención respondió al crecimiento demográfico que estaba experimentando Mislata, cuyo aumento de población hacía que la iglesia comenzara a resultar insuficiente para acoger a todos los fieles.
Aunque no se conservan descripciones detalladas de las obras realizadas, todo apunta a que la reforma estuvo centrada en ampliar las naves laterales, reorganizar algunas capillas para adaptarlas a nuevas devociones —como la Virgen del Perpetuo Socorro—, reforzar distintos elementos estructurales y sustituir algunos materiales por otros más modernos y duraderos.
Gracias a esta ampliación, la iglesia no solo ganó en capacidad y funcionalidad, sino que consolidó su papel como principal centro religioso y social de Mislata. Durante las décadas siguientes continuó siendo el escenario de las principales celebraciones litúrgicas, fiestas patronales y acontecimientos que marcaron la vida del municipio.
El asalto y destrucción del templo en 1936:
El estallido de la Guerra Civil española marcó uno de los episodios más trágicos de la historia de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles. El 23 de julio de 1936, apenas unos días después del inicio del conflicto, el templo fue asaltado, saqueado e incendiado, perdiéndose buena parte de su patrimonio histórico y artístico.
Los hechos quedaron recogidos años más tarde en la documentación de la Causa General, elaborada en 1943 a partir de los testimonios de vecinos y vecinas de Mislata que presenciaron aquellos acontecimientos.
Según estas declaraciones, un grupo armado formado por hombres y mujeres, de los cuales solo una parte eran naturales de Mislata, se presentó ante la iglesia parroquial. Tras mantener una conversación con Fernando Jericó Pérez, alcalde nombrado por el Comité Popular, obtuvieron las llaves del edificio y accedieron a su interior.
Una vez dentro comenzó un saqueo sistemático. Los asaltantes destruyeron y sustrajeron objetos de culto, arrancaron las imágenes de sus altares, las arrastraron por el suelo y finalmente las quemaron en una hoguera encendida frente a la fachada de la iglesia. La destrucción no tuvo únicamente un componente material, sino también un fuerte carácter simbólico, dirigido contra los elementos religiosos que habían formado parte de la vida del municipio durante siglos.
Los testimonios recogidos en la Causa General relatan también que algunos de los participantes se vistieron con ornamentos litúrgicos y recorrieron el interior del templo y la plaza burlándose de la religión católica, mientras numerosos vecinos observaban la escena desde las esquinas de las calles o tras las ventanas de sus viviendas, temerosos de intervenir.
Tras el incendio de la iglesia comenzaron nuevas requisas. Se obligó a numerosos vecinos a entregar imágenes, objetos de devoción privada y vestiduras litúrgicas. Asimismo, fueron incautadas viviendas, huertas y otros bienes pertenecientes a personas vinculadas a la parroquia o identificadas con partidos de derechas.
La persecución también alcanzó a otros símbolos religiosos del municipio. El Convento del Sagrado Corazón sufrió igualmente los efectos de aquellos sucesos y la Cruz Cubierta de Mislata fue parcialmente destruida al arrancarse la cruz de hierro que coronaba el monumento, dañando también la columna y parte de su decoración.
Meses después, el interior de la iglesia fue habilitado como checa, utilizándose como lugar de detención e interrogatorio. Según distintas fuentes, varios vecinos de Mislata acusados de colaborar con organizaciones de derechas o con la parroquia permanecieron allí retenidos antes de ser trasladados al Picadero de Paterna, donde muchos de ellos fueron ejecutados.
El asalto de 1936 supuso un antes y un después en la historia del templo. Además de los graves daños sufridos por el edificio, desapareció gran parte del patrimonio artístico y documental que la parroquia había conservado durante siglos.
El patrimonio perdido:
El incendio de la iglesia supuso la destrucción de uno de los conjuntos artísticos y documentales más importantes de la historia de Mislata. Retablos, imágenes, mobiliario litúrgico, documentos históricos y parte del campanario desaparecieron en apenas unas horas, dejando una pérdida irreparable para el patrimonio del municipio.
El Altar Mayor, una obra de aire renacentista tallada en madera, fue completamente pasto de las llamas junto con el resto de altares y capillas del templo. También desaparecieron numerosas imágenes de gran devoción para los mislateros, entre ellas la Virgen del Perpetuo Socorro, la Virgen de los Dolores, San Vicente Ferrer, la Purísima, San Miguel Arcángel, la Virgen de Belén y el Cristo de la Fe.
Especialmente dolorosa fue la pérdida de la antigua imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Mislata y titular de la parroquia. La talla barroca del siglo XVIII, que presidía el Altar Mayor, fue destruida durante el asalto. La documentación de la época valoró únicamente esta imagen en más de ochenta mil pesetas, una cifra muy elevada que refleja la importancia artística que debió de poseer.
La Capilla de la Comunión tampoco escapó a la destrucción. El sagrario fue profanado, el Santísimo Sacramento desapareció y tanto el armonio como el mobiliario litúrgico quedaron reducidos a cenizas. Los daños ocasionados en esta capilla fueron valorados en unas cincuenta mil pesetas.
A todo ello se sumó la pérdida de vasos sagrados, ornamentos litúrgicos, libros, mobiliario, pinturas y del órgano parroquial. Sin embargo, una de las pérdidas más irreparables fue la del Archivo Parroquial, donde se conservaban documentos fundamentales para conocer la historia de Mislata.
Según distintas fuentes, el archivo había sido ocultado previamente en una vivienda particular para evitar su destrucción. No obstante, toda la documentación apareció posteriormente quemada. Nunca pudo determinarse si los milicianos descubrieron el escondite o si fue el propio propietario quien decidió destruir los documentos por temor a represalias.
Con el archivo desaparecieron numerosos escritos de extraordinario valor histórico. Entre ellos se encontraba una copia del privilegio otorgado por Jaime I el 1 de enero de 1239, mediante el cual concedía a Sancho Llopis de Albero los tres molinos existentes en Mislata, así como una copia de la Carta Puebla concedida al municipio el 25 de septiembre de 1611. La desaparición de estos documentos supuso una pérdida irreparable para la memoria histórica de la localidad.
Las campanas tampoco escaparon a la destrucción. Tres de las cinco existentes fueron arrojadas desde lo alto de la torre campanario con la intención de fundir el bronce. Sin embargo, las campanas conocidas como Simbolet, Quart —antiguamente denominada Mitjana— y Valencia —antes conocida como Grossa— resistieron el impacto al caer sobre la plaza y fueron trasladadas posteriormente al patio de la Casa Gran, donde permanecieron almacenadas.
No todas corrieron la misma suerte. Otras campanas quedaron completamente destruidas al estrellarse contra el suelo, entre ellas la conocida como Burlana, situada por tamaño entre la Quart y la Valencia. La pequeña Simbolet, de apenas 27 centímetros de altura y ubicada en el ángulo noroeste de la torre, dejó igualmente de cumplir la función para la que había sido fundida: anunciar la exposición del Santísimo durante la Adoración Nocturna.
La destrucción de 1936 no solo transformó el aspecto de la iglesia. También privó a Mislata de una parte esencial de su patrimonio artístico, documental y devocional, dejando una huella que todavía hoy forma parte de la memoria colectiva del municipio.
La reconstrucción del templo:
Finalizada la Guerra Civil, la parroquia inició un largo proceso de reconstrucción que se prolongaría durante varias décadas. El templo había quedado gravemente dañado y prácticamente desprovisto de su patrimonio artístico, por lo que fue necesario comenzar de nuevo tanto la restauración del edificio como la reposición de las imágenes y del mobiliario litúrgico.
Los primeros trabajos fueron posibles gracias al esfuerzo conjunto de los vecinos de Mislata, que colaboraron en la limpieza de la iglesia y en la recuperación del culto. Sobre lo que había sido el antiguo Altar Mayor se improvisó un sencillo altar con los escasos materiales que pudieron reunirse en los difíciles años de la posguerra. Telas, velas y diversos objetos donados por los propios feligreses permitieron que el templo volviera a abrir sus puertas mientras se encargaban las nuevas imágenes.
En 1941 llegó la nueva talla de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Mislata y titular del templo, realizada por el escultor valenciano Casterá Masiá. Su llegada supuso un importante impulso para la recuperación de la vida religiosa del municipio y marcó el inicio de una nueva etapa para la parroquia.
Al mismo tiempo, el párroco José Santamaría solicitó ayudas económicas tanto al Gobierno Civil como al Arzobispado de Valencia con el fin de continuar las obras. Los primeros esfuerzos se centraron en la reconstrucción de los altares, inspirados en el estilo barroco que había caracterizado al templo antes de 1936. Entre las actuaciones más destacadas de aquellos años figuró la instalación de un baldaquino sobre el Altar Mayor.
Durante las décadas siguientes la iglesia fue objeto de sucesivas intervenciones destinadas tanto a conservar el edificio como a adaptarlo a las necesidades del momento. En 1969 se electrificó el campanario y se mecanizaron las campanas restauradas. Nueve años más tarde, en 1978, se rehabilitó la fachada principal, sustituyendo el antiguo revestimiento por ladrillo visto de Quart y un zócalo de piedra de Llíria.
Entre 1987 y 1988 se renovó completamente la instalación eléctrica y se repintó el interior del templo. En esta intervención se modificó la decoración cromática, predominando desde entonces el blanco con detalles en azul claro y dorado. De la decoración anterior únicamente se conserva la Capilla de la Virgen del Rosario, situada tras el Altar Mayor, cuya pequeña cúpula mantiene la combinación original de colores y la decoración vegetal en relieve.
Una de las actuaciones más importantes tuvo lugar en 1992, cuando se retiró el baldaquino instalado en la posguerra y se colocó el actual retablo del Altar Mayor, diseñado por el arquitecto Vicente Querol. Inspirado en el retablo desaparecido durante la Guerra Civil, incorpora elementos reutilizados del antiguo baldaquino, como las columnas y las esculturas de los cuatro evangelistas que hoy coronan el conjunto.
Las mejoras continuaron en los años siguientes. En 1998 se sustituyó el pavimento por un suelo de mármol en tonos rojo y blanco y se instalaron nuevos bancos de madera de pino de Valsaín. Entre 2004 y 2005 se restauró la zona del coro, se rehabilitó nuevamente la fachada y se renovó parte de la red de saneamiento para reducir los problemas de humedad que afectaban al edificio.
La iglesia en la actualidad:
Tras más de tres siglos de historia, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles continúa siendo el principal referente religioso y uno de los edificios históricos más representativos de Mislata. Su arquitectura refleja las diferentes etapas por las que ha atravesado el municipio: desde su construcción en el siglo XVIII y la ampliación de comienzos del siglo XX, hasta la destrucción sufrida durante la Guerra Civil y el largo proceso de reconstrucción que permitió devolverla a la vida.
Cada reforma y cada restauración han contribuido a conservar un templo que, además de su función religiosa, constituye un elemento fundamental del patrimonio histórico y de la memoria colectiva de Mislata.

Imaginería y Patrimonio.
Desde su fundación, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles ha custodiado un importante patrimonio escultórico, fruto de la devoción de generaciones de mislateros. Sus altares y capillas albergaron durante siglos imágenes que presidieron la vida religiosa del municipio y acompañaron las principales celebraciones litúrgicas y festivas.
Gran parte de este patrimonio desapareció durante el asalto e incendio del templo en julio de 1936. La destrucción de retablos, imágenes y objetos de culto supuso una pérdida irreparable para la historia artística de Mislata. Sin embargo, en los años de la posguerra la parroquia emprendió un intenso proceso de recuperación, encargando nuevas tallas a algunos de los imagineros valencianos más destacados del momento.
El resultado es el conjunto escultórico que hoy puede contemplarse en el templo, formado por obras de gran calidad artística que, además de su valor devocional, constituyen un importante legado histórico para el municipio.
Nuestra Señora de los Ángeles:
La imagen titular de la parroquia fue tallada en 1940 por el escultor e imaginero Enrique Casterá Masià, natural de Alzira. Está realizada en madera de pino de Suecia, una madera muy apreciada en imaginería por su veta fina, textura uniforme y escasa presencia de nudos.
Con una altura aproximada de dos metros, la Virgen aparece revestida con una rica túnica y un amplio manto decorados con orlas doradas. La gloria que la rodea está profusamente ornamentada con pan de oro y ángeles policromados, mientras que, arrodillado a sus pies, se representa a San Francisco de Asís en actitud de oración.
La composición recrea uno de los episodios más conocidos de la tradición franciscana: la aparición de la Virgen de los Ángeles a San Francisco en la Porciúncula, junto a la ciudad italiana de Asís. De este modo, la obra representa una escena completa y no únicamente una imagen mariana aislada.
La petición para su realización fue formalizada por el párroco José Santarrufina el 2 de julio de 1940.
Hasta la renovación del presbiterio, la imagen permanecía protegida tras un cristal y parcialmente oculta por el antiguo baldaquino del Altar Mayor. La instalación del actual retablo permitió acercarla visualmente a los fieles y convertirla en el principal foco devocional del templo.
Imagen procesional de la patrona:
La imagen que actualmente procesiona cada mes de agosto fue realizada en 1946 por el escultor Fernando Llopis Cloquell.
De menores dimensiones que la imagen titular del Altar Mayor, presenta unas proporciones y unos rasgos inspirados en la antigua talla barroca destruida durante la Guerra Civil, recuperando así parte de la iconografía tradicional de la patrona de Mislata.
Santísimo Cristo de la Fe:
La imagen del patrón de Mislata fue realizada en 1940 por Enrique Casterá Masià y José Muñoz Aleixandre, siendo bendecida ese mismo año.
Tallada igualmente en madera de pino de Suecia, se alza sobre una cruz chapada en madera de nogal, cuidadosamente pulimentada y rematada con cantoneras de plata cincelada.
La obra fue promovida por la Clavaría del Santísimo Cristo de la Fe. El encargo se inició en enero de 1940 y la solicitud oficial fue presentada ante la Junta Diocesana de Arte Sacro por el párroco José Santarrufina el 9 de agosto de ese mismo año.
Cristo de la Fe procesional:
En 2015 la parroquia incorporó una segunda imagen procesional del Cristo de la Fe, bendecida el 11 de mayo de ese año.
Su creación respondió a una necesidad práctica: evitar el complejo y arriesgado descenso de la imagen original desde lo alto del retablo mayor cada vez que debía participar en las procesiones.
La nueva talla, de dimensiones similares a la de 1940 aunque con una policromía más oscura, permanece habitualmente en la Capilla de la Comunión, mientras que la imagen histórica continúa presidiendo el retablo mayor.
Sagrario de la Capilla de la Comunión:
El sagrario fue una de las primeras obras realizadas tras la Guerra Civil. Diseñado por Enrique Casterá Masià en 1939, se inspira en la Puerta Románica de la Catedral de Valencia y constituye uno de los primeros elementos artísticos incorporados al templo durante su reconstrucción.
La Purísima Concepción:
La primera imagen repuesta en la parroquia tras la guerra fue la de la Inmaculada Concepción, conocida popularmente en tierras valencianas como la Puríssima.
Fue realizada en 1939 por Carmelo Vicent Suria, escultor, dibujante, artista fallero y catedrático de Bellas Artes. En la parte posterior de la imagen todavía se conserva una placa metálica con la firma del autor, la fecha de ejecución y los nombres de las clavariesas de aquel año.
San Miguel Arcángel:
La imagen que actualmente se encuentra en la Capilla de la Comunión de San Miguel fue realizada en 2022 por una reproducción exacta realizada en fibra de vidrio por la empresa Carroses Sánchez.
La nueva talla, bendecida el 16 de septiembre de ese año, mantiene la estética de la anterior pero reduce considerablemente su peso, facilitando así su traslado durante las fiestas dedicadas al Arcángel.
La imagen original, realizada tras la Guerra Civil, continúa conservándose en su capilla.
Virgen de los Dolores:
La actual Virgen de los Dolores, también obra de Enrique Casterá Masià, mantiene la estética tradicional de las dolorosas valencianas.
Habitualmente viste saya y manto morados bordados en oro, acompañados de mantilla blanca. Durante la Procesión del Encuentro cambia estas vestiduras por otras de color blanco, símbolo de la Resurrección.
Sobre el pecho porta el tradicional corazón atravesado por siete puñales —renovado en 2025— y sostiene entre sus manos la corona de espinas y un pañuelo. La imagen conserva además un importante ajuar formado por joyas y donaciones ofrecidas por los fieles a lo largo de varias generaciones.
Cristo Yacente:
La imagen del Cristo Yacente fue tallada por Enrique Casterá Masià en 1944.
Considerado uno de los imagineros valencianos más destacados en este tipo de representaciones, el escultor creó para Mislata una de sus obras más personales, caracterizada por una marcada anatomía y un notable realismo.
San Vicente Ferrer:
La imagen de San Vicente Ferrer fue realizada en 1940 por Enrique Casterá Masià y José Muñoz Aleixandre en madera de pino de Suecia.
Mide aproximadamente 1,40 metros de altura y, desde la instalación del actual retablo en 1994, ocupa el lado izquierdo del Altar Mayor.
San José:
La imagen de San José fue tallada en 1942 por el escultor José Pérez Gregori.
Desde la reforma del presbiterio llevada a cabo en 1994 ocupa el lado derecho del retablo mayor, formando conjunto con San Vicente Ferrer.
Sagrado Corazón de Jesús:
Entre las obras realizadas por Enrique Casterá Masià destaca también la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, ejecutada entre 1940 y 1945.
Su principal singularidad reside en su marcada inspiración franciscana. Con ella, el escultor quiso rendir homenaje a la Orden Franciscana y establecer un vínculo iconográfico con la imagen titular del templo, que representa precisamente la aparición de la Virgen de los Ángeles a San Francisco de Asís en la Porciúncula.
Más allá de su valor artístico, este conjunto de imágenes constituye el testimonio de la reconstrucción material y espiritual de la parroquia tras la Guerra Civil. Cada una de ellas representa no solo una obra de arte, sino también el esfuerzo de varias generaciones de mislateros por recuperar el patrimonio y las devociones que habían formado parte de la historia del municipio durante siglos.
Otras imágenes del templo:

El Campanario y sus campanas
El campanario, emblema del barroco valenciano en el corazón de Mislata.
El campanario de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles constituye uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles de Mislata y uno de los principales testimonios del barroco valenciano conservados en el municipio. Desde su construcción, entre 1705 y 1755, la torre ha acompañado la vida cotidiana y religiosa de los mislateros, marcando con sus campanadas fiestas, celebraciones, bodas, bautizos, misas, procesiones y otros acontecimientos de la vida local.
Se trata de una torre de planta cuadrada situada a los pies del templo, levantada sobre un zócalo de piedra y continuada en ladrillo, uno de los materiales más habituales en la arquitectura de la época en esta comarca. A pesar de las diferentes intervenciones realizadas a lo largo de los siglos, todavía conserva numerosos elementos originales de su construcción dieciochesca.
El cuerpo inferior de la torre presenta una composición sobria, prácticamente desprovista de ornamentación. En él se abren diferentes vanos destinados a iluminar la escalera interior, así como un óculo destinado originalmente al reloj. Sobre este cuerpo se encuentra la sala de campanas, abierta mediante cuatro grandes ventanales, uno en cada fachada, y decorada con pilastras de orden toscano.
La torre se remata mediante un entablamento sobre el que se dispone una balaustrada acompañada de pináculos decorativos, elementos que contribuyen a darle su característica silueta barroca.
En el interior, una escalera de caracol comunica los diferentes niveles del campanario: la Sala del Reloj, la Sala de Campanas y, finalmente, la terraza superior.
La imagen del campanario a lo largo del tiempo:
La apariencia actual de la torre no es exactamente la misma que tuvo durante buena parte de su historia. Antes de la restauración de 1978, tanto el campanario como la fachada principal del templo se encontraban enlucidos con mortero. El cuerpo superior de la torre, sin embargo, presentaba ladrillo visto de una tonalidad considerablemente más oscura que la que podemos contemplar actualmente.
La restauración de la fachada y del campanario permitió recuperar el ladrillo visto y modificar sustancialmente la imagen exterior del conjunto, aproximándola a una estética más acorde con la naturaleza constructiva del edificio.
Las Campanas:
La historia del campanario está estrechamente ligada a la de sus campanas. Antes de la Guerra Civil, la torre contaba con un conjunto de cinco campanas. Durante el asalto sufrido por el templo en julio de 1936, varias de ellas fueron arrojadas desde lo alto del campanario. Algunas sobrevivieron a la caída y fueron almacenadas posteriormente en el patio de la Casa Gran con la intención de fundirlas.
Durante décadas, las campanas conservaron el sistema tradicional de yugos de madera y eran accionadas manualmente. Los toques se realizaban desde los pies de la torre mediante largas cuerdas unidas a los badajos, mientras que algunas podían ser volteadas directamente desde la sala de campanas.
El conjunto actual está formado nuevamente por cinco campanas, cada una de ellas con su propia historia, nombre y función.
«Simbolet»
Es la campana más pequeña del campanario y se encuentra situada en el ángulo nordeste de la torre. Se desconoce la fecha exacta de su fundición, aunque se sabe que es anterior a 1936.
Cuenta con apenas 18 centímetros de diámetro y su uso estaba reservado para momentos especialmente solemnes, como la consagración y la adoración del Santísimo Sacramento. Su toque se realizaba manualmente mediante una cuerda.
Actualmente se encuentra fuera de uso, aunque conserva su estructura tradicional con yugo de madera, constituyendo uno de los elementos que mejor permiten recordar el antiguo sistema manual de toque de campanas.
«Riu»
Situada en la ventana norte del campanario, recibe su nombre por encontrarse orientada hacia el antiguo cauce del río Turia. También es conocida popularmente como «la de les monges» o «la de las monjas», debido a su proximidad al antiguo convento.
Fue refundida en 1970 en los talleres de Germán Roses, en Atzeneta d'Albaida, a partir de una campana anterior fechada en 1942.
Tiene un diámetro de 59 centímetros y un peso aproximado de 118 kilogramos. Actualmente dispone de motor eléctrico y conserva diversas inscripciones, entre ellas la dedicada a la «Reina de los Ángeles». Tradicionalmente formaba parte de los toques vinculados a los actos eucarísticos.
«Quart»
La campana «Quart» recibe su nombre por estar orientada hacia la vecina localidad de Quart de Poblet. Es una de las piezas históricas más importantes del campanario, ya que fue fundida en 1798.
Tiene un diámetro de 79 centímetros y un peso aproximado de 285 kilogramos. Fue una de las campanas que consiguió sobrevivir al asalto de 1936: pese a ser arrojada desde lo alto de la torre, no se rompió y pudo ser recuperada y reinstalada en 1942.
En su superficie puede leerse la inscripción: «Ave Maria Gratia Plena. Anno 1798»
La inscripción está acompañada por una representación de la Virgen María y una Cruz de Calvario. Por sus características, la pieza podría atribuirse al fundidor valenciano Josep Lleonart.
Antiguamente era volteada desde la sala de campanas y podía repicarse desde los pies de la torre mediante una larga cuerda unida al badajo. También se utilizaba a medio vuelo para los toques de difuntos y era la encargada de marcar los cuartos del reloj.
«Valéncia»
También conocida como «la de Valencia», recibe su nombre por encontrarse orientada hacia la ciudad de Valéncia. Es una de las piezas más antiguas del conjunto y, según una hipótesis basada en sus características, podría haber sido fundida en torno a 1690.
La ausencia de una fecha grabada impide confirmar esta datación. De ser correcta, se trataría de la campana más antigua del conjunto y habría sido fundida incluso antes de la construcción de la actual iglesia.
Su decoración y características epigráficas han llevado a relacionarla con el campanero valenciano Miquel de Vielsa, activo en la ciudad de Valencia a comienzos del siglo XVII y relacionado también con la campana «Manuel» de la Catedral de Valencia.
La campana comparte numerosos elementos con la «Quart» y presenta la inscripción: «Ave Maria Gratia Plena Dominus Tecum»
La decoración incluye elementos de carácter gótico y diversas representaciones religiosas, entre ellas una imagen de San Miguel Arcángel.
Al igual que la «Quart», fue arrojada desde el campanario durante la Guerra Civil y pudo ser recuperada posteriormente, siendo reinstalada en 1942.
«Plaça»
También conocida como «la de la Plaça» o «Sacrament», es la campana de mayores dimensiones del campanario. Se encuentra en la ventana sur, orientada hacia la actual plaza de la Constitución.
Fue fundida en 1942 por Manuel Roses Vidal. Tiene un diámetro de 113 centímetros y un peso aproximado de 835 kilogramos.
En su superficie aparece la inscripción: «Santísimo Sacramento / Mislata 1942»
La pieza presenta una rica decoración y constituye además un testimonio de las circunstancias que siguieron a la Guerra Civil. La inclusión del nombre de Mislata en la inscripción respondía a una práctica habitual durante la década de 1940, motivada por la pérdida y retirada descontrolada de numerosas campanas durante la contienda. Muchas fueron almacenadas en distintos lugares sin una identificación clara y posteriormente resultó imposible determinar su procedencia o recuperarlas.
Tradicionalmente era volteada desde la sala de campanas y repicada desde los pies de la torre. Sus toques acompañaban diariamente el Ángelus y las Ánimas, además de emplearse a medio vuelo en los toques de difuntos.
Más allá de su valor arquitectónico, el campanario constituye también un auténtico patrimonio sonoro de Mislata. Durante siglos, sus campanas fueron una de las principales formas de comunicación de la comunidad: anunciaban las celebraciones religiosas, marcaban determinados momentos del día y acompañaban los acontecimientos más importantes de la vida de los vecinos.
Cada una de las campanas conserva así una parte de la historia del municipio. Algunas sobrevivieron a la destrucción de 1936; otras fueron refundidas o creadas durante la reconstrucción posterior. Juntas forman un conjunto que no solo completa la arquitectura de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, sino que mantiene viva una tradición que durante generaciones estuvo íntimamente ligada a la vida de Mislata.
