San Miguel Arcángel

La devoción a San Miguel Arcángel ocupa un lugar singular en la historia religiosa de Mislata. Su presencia se adivina en los orígenes medievales de la población cristiana. Se trata de una devoción que ha acompañado al pueblo durante siglos y que ha sabido adaptarse a cada época.

Considerado tradicionalmente copatrón de Mislata, San Miguel representa la defensa del bien, la protección frente al mal y la fidelidad a Dios.

La conquista de Valencia y el origen de la tradición:

La rendición de Valencia ante Jaime I tuvo lugar el 28 de septiembre de 1238, víspera de la festividad de San Miguel. La entrada solemne del rey y de sus tropas cristianas se produjo posteriormente, el 9 de octubre. La coincidencia de la capitulación con la vigilia del Arcángel contribuyó a reforzar su devoción en el recién creado Reino de Valencia, donde numerosas iglesias, ermitas y poblaciones quedaron bajo su advocación.

Entre los mislateros se ha transmitido durante generaciones que, después de la conquista, los nuevos pobladores cristianos colocaron una imagen de San Miguel en una capilla habilitada dentro del desaparecido castillo o casa señorial de la Morería. La tradición resulta históricamente verosímil: San Miguel era uno de los grandes protectores de los ejércitos cristianos medievales y su festividad coincidía con la rendición de la capital. Sin embargo, no se ha localizado por ahora ningún documento medieval ni evidencia arqueológica que confirme la existencia de aquella primera imagen.

También conviene recordar que la conquista no supuso la desaparición inmediata de la población musulmana de Mislata. La Morería continuó habitada por mudéjares, mientras que los nuevos pobladores cristianos se establecieron en un núcleo distinto. La posible capilla del castillo habría atendido principalmente a la familia señorial, a sus servidores cristianos o a quienes residían temporalmente en la fortaleza.

Existe, no obstante, una coincidencia especialmente sugerente. El acta de fundación del primer cementerio cristiano de Mislata fue otorgada el 29 de septiembre de 1474, precisamente el día de San Miguel Arcángel. El documento fue autorizado por el notario Guillem Exernit y permitió establecer el camposanto junto a la antigua iglesia cristiana. La elección de la fecha no demuestra por sí sola que San Miguel ya fuera copatrón de la localidad, pero muestra que su festividad estaba presente en uno de los momentos fundacionales de la comunidad cristiana mislatera.

De mezquita a ermita de San Miguel:

La segunda gran huella de esta advocación apareció en el corazón de la Morería. Después de las Germanías y de la conversión forzosa de los musulmanes valencianos en 1525 y 1526, la antigua mezquita de Mislata fue cristianizada y convertida, según la historiografía local, en una ermita dedicada a San Miguel Arcángel.

La elección del titular resultaba profundamente simbólica. San Miguel era considerado defensor de la Iglesia y protector de la fe, por lo que su advocación fue utilizada con frecuencia en antiguos espacios islámicos transformados en templos cristianos. La mezquita de la Morería no debe confundirse con la primitiva iglesia del núcleo cristiano, situada en el lugar del actual templo de Nuestra Señora de los Ángeles. Durante un tiempo coexistieron ambos lugares de culto, atendiendo a comunidades que habían tenido historias distintas.

En 1535, Mislata alcanzó entidad parroquial propia, separándose de la jurisdicción de San Nicolás de Valéncia. La antigua ermita de San Miguel continuó prestando servicio religioso en la Morería mientras se consolidaba la organización parroquial del pueblo. La tradición local sostiene que permaneció abierta hasta que el nuevo templo barroco de Nuestra Señora de los Ángeles pudo asumir plenamente las necesidades de la población.

La actual iglesia parroquial comenzó a construirse en 1704 y sus obras se prolongaron durante la primera mitad del siglo XVIII. Una vez terminado el nuevo edificio, la ermita de la Morería perdió paulatinamente su función. El lugar que había ocupado fue absorbido por construcciones posteriores y terminó integrado en los terrenos de la futura fábrica de Curtidos Sendra, entre la plaza de la Morería y la calle San Cayetano. Aunque el edificio desapareció, la advocación sobrevivió y pasó a venerarse en la iglesia parroquial.

La imagen anterior a la Guerra Civil:

La documentación conservada en los programas de fiestas permite conocer mejor la etapa contemporánea de la devoción. Francisco Llopis Dionís, cronista oficial de Mislata, recogió el testimonio de que la primera imagen recordada por los vecinos de su generación había sido llevada a la parroquia por Francisco Rosat Lleonat, padre de la popularmente conocida como «tía Inés».

Llopis escribía en 1994 que aquello había sucedido aproximadamente un siglo antes. La imagen debió de llegar, por tanto, a finales del siglo XIX, aunque desconocemos la fecha exacta, su autor y sus características artísticas. No puede afirmarse que fuera la primera representación de San Miguel existente en Mislata, pues la devoción era mucho más antigua, pero sí parece haber sido la primera imagen parroquial de la que se conservaba un recuerdo preciso entre los vecinos del siglo XX.

La fiesta gozaba por entonces de una notable consideración. Un artículo de Francisco Llopis publicado en el programa de 1981 afirma que las Ordenanzas Municipales de 1912 incluían la festividad de San Miguel entre los actos a los que debía asistir oficialmente la corporación municipal.

Los antiguos programas llegan a describirla como una de las fiestas más antiguas de Mislata y señalan que en determinados momentos alcanzó una importancia comparable a las celebraciones dedicadas al Santísimo Cristo de la Fe y a Nuestra Señora de los Ángeles.

La destrucción de 1936 y la nueva imagen:

La imagen llevada por Francisco Rosat Lleonat desapareció durante la Guerra Civil, al igual que buena parte del patrimonio artístico y religioso de la parroquia. Terminada la contienda, una junta de clavarios y devotos comenzó inmediatamente a trabajar para recuperar la celebración. Uno de sus primeros acuerdos fue encargar una nueva imagen de San Miguel a un «escultor acreditado», cuyo nombre no aparece en la documentación consultada.

El encargo debió de realizarse durante 1939 y la nueva imagen llegó a Mislata en 1940. Fue recibida con una gran manifestación popular, acompañada por música, tracas, cohetes y el estruendo de la pólvora. Después de recorrer las calles, quedó instalada en una hornacina reparada provisionalmente dentro de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.

La misma junta mandó construir en 1940 unas andas destinadas a la procesión. Estas fueron recuperadas y restauradas en 1986, volviendo a utilizarse en la passejà y en los actos procesionales.

La imagen de 1940 es la que actualmente preside la capilla de San Miguel. Constituye, por tanto, una de las piezas de la reconstrucción religiosa de la posguerra y el principal vínculo material entre aquella generación de clavarios y la devoción contemporánea.

El renacer de la tradición:

Después de años de menor actividad y de cierta discontinuidad, en 1978 un grupo de amigos decidió recuperar de manera estable la fiesta.

El primer grupo se reunía en una casa vinculada a Luis Lluna. Pascual Juan Cerdá encabezó aquella recuperación y presidió la Clavaría durante quince años, hasta ser nombrado presidente honorario.

Los clavarios se propusieron devolver dignidad tanto a la fiesta como a la imagen. En 1978 fue restaurada la talla de San Miguel y se reconstruyeron el altar y su hornacina, situados en la segunda capilla del lado derecho del templo mirando hacia el altar mayor. En 1979 se completó el dorado del altar con pan de oro. La documentación destaca que el artista encargado de restaurar la imagen trabajó con una generosidad extraordinaria, afirmando que su intervención perdería valor espiritual si cobraba por ella.

Aquella recuperación estuvo acompañada por un programa que reunía las principales expresiones de la fiesta valenciana. El primer casal se instaló en un bajo de la calle del Porche cedido por el clavario José Ortiz; más tarde, en 1984, se inauguró otro en la calle Nuestra Señora de los Ángeles.

Desde entonces la Clavaría se convirtió en la principal responsable de mantener viva la devoción. En 2002 celebró sus veinticinco años de organización continuada, recordando a quienes habían trabajado desde 1978 y a los clavarios fallecidos.

Las dos imágenes actuales:

La iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles conserva actualmente dos imágenes de San Miguel Arcángel.

La primera es la talla encargada después de la Guerra Civil y recibida en 1940. Permanece en su capilla lateral, concebida como lugar estable de veneración. En 2020 la Clavaría sufragó nuevos trabajos de reparación y pintura de este espacio.

La segunda es la imagen procesional que se encuentra a la entrada de la Capilla de la Comunión. Fue presentada y bendecida el 16 de septiembre de 2022. Se realizó como una reproducción fiel de la imagen de 1940, pero con una estructura hueca y mucho más ligera, con el fin de facilitar su transporte y preservar la talla histórica de posibles daños.

La reproducción fue desarrollada por Carrozas Sánchez mediante técnicas contemporáneas de diseño, modelado y fabricación digital; la crónica parroquial la describe como una pieza realizada en fibra de vidrio. Su ejecución fue posible gracias a los clavarios de San Miguel. De esta manera, la parroquia pudo conservar la imagen antigua en su capilla y disponer de otra específicamente preparada para salir a las calles.

Los gozos a San Miguel:

La devoción de Mislata conserva también unos gozos dedicados al Arcángel. Su estribillo resume el carácter protector y consolador con el que los fieles se dirigen a él:

«Dad a nuestros corazones,
Arcángel Miguel, consuelo».

Las estrofas lo presentan como general de las huestes celestiales, vencedor de Luzbel, guía del pueblo de Israel, custodio de la Virgen, consuelo de Cristo en Getsemaní, portador de la balanza del juicio y protector vigilante de la Iglesia.

Esta composición reúne varias tradiciones cristianas diferentes. La espada y la lucha contra el demonio proceden del Apocalipsis; la balanza representa el discernimiento entre el bien y el mal; mientras que su condición de custodio, guía y consolador muestra una dimensión más cercana y piadosa. El San Miguel venerado por los mislateros no es únicamente el guerrero celestial: es también aquel a quien se pide fortaleza en el peligro, justicia en el juicio y consuelo en la aflicción.

Los gozos se cantaban al término de la misa o de la procesión, convirtiéndose en uno de los momentos más íntimos de la celebración. Su conservación en diferentes programas demuestra la voluntad de transmitirlos a las siguientes generaciones.

Memoria, fe e identidad:

La historia de San Miguel en Mislata se compone de documentos, imágenes y testimonios, pero también de recuerdos transmitidos entre generaciones. No todas las tradiciones pueden demostrarse todavía: ignoramos si existió realmente aquella primera imagen en la capilla del castillo, cuándo dejó de utilizarse la ermita de la Morería o quién fue el escultor que realizó la talla de 1940.

Sí está demostrada, en cambio, la extraordinaria continuidad de una devoción capaz de sobrevivir a la desaparición del castillo, de la mezquita, de la antigua ermita y de la imagen perdida en 1936. Cada vez que desapareció uno de sus soportes materiales, los mislateros volvieron a darle un lugar.

En San Miguel, Mislata ha reconocido durante siglos al protector que defiende, al guerrero que combate el mal y al arcángel que ofrece consuelo. Pero la verdadera fuerza de esta devoción se encuentra también en quienes la han sostenido: los clavarios que buscaron recursos, los músicos y versadores, las familias que abrieron sus casas durante la Cantà, los vecinos que acompañaron las procesiones y quienes, después de cada etapa difícil, decidieron comenzar de nuevo.

Por eso la devoción a San Miguel no es solamente una celebración religiosa ni una costumbre heredada. Es una forma de memoria colectiva. Bajo la espada levantada del Arcángel se encuentran los nombres, el trabajo y la fe de muchas generaciones de mislateros.

Fuentes:

-Programas y libros de fiestas de San Miguel Arcángel de Mislata conservados en archivo particular, especialmente los correspondientes al periodo 1978-2002.

-Llopis Dionís, Francisco. «San Miguel Arcángel», programas de fiestas de 1981, 1989 y 1994.

-Perra i Martí, Joan Josep. «20 años de fiesta. 1978-1997».

-Balbastre Puchades, Francisco. «XXV aniversario de la fiesta a San Miguel Arcángel en Mislata, 1978-2002».

-Serrano, Vicente. «La devoción a San Miguel Arcángel», programa del XXV aniversario.

-Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles: bendición de la nueva imagen procesional, 2022