Santísimo Sacramento

La devoción al Santísimo Sacramento ocupa un lugar destacado en la historia religiosa de Mislata. Centrada en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, acompañó durante siglos la vida de sus habitantes mediante misas, procesiones, vigilias y fiestas sacramentales.

Los documentos conservados la sitúan, al menos, desde el siglo XVIII, aunque probablemente sea anterior. La cofradía, la fiesta de Minerva, la Capilla de la Comunión, la Adoración Nocturna y el Corpus formaron una tradición que, pese a guerras y destrucciones, dejó una profunda huella en la memoria religiosa de Mislata.

La antigua Cofradía del Santísimo Sacramento:

La referencia más antigua localizada hasta ahora aparece en un expediente de 1771 conservado en el Archivo Histórico Nacional. El documento reúne la información remitida por los pueblos del corregimiento de Valencia sobre sus congregaciones, cofradías y hermandades.

En la relación correspondiente a Mislata figura una «Cofradía del Santísimo Sacramento», acompañada de la indicación «con aprobación pontificia». Esta breve anotación tiene una importancia considerable: demuestra que en 1771 la cofradía ya estaba plenamente constituida y contaba con reconocimiento eclesiástico formal.

El documento no señala cuándo fue fundada. Por tanto, no permite afirmar que procediera de los siglos XV, XVI o XVII, aunque su existencia pueda ser anterior a 1771. La prudencia obliga a distinguir entre la antigüedad probable de la devoción eucarística y la fecha concreta de una institución cuya acta fundacional todavía no se ha localizado.

Las cofradías sacramentales tenían como misión principal fomentar el culto a la Eucaristía. Sus miembros colaboraban en el mantenimiento del sagrario y de la lámpara que ardía ante él, acompañaban al viático cuando era llevado a los enfermos, costeaban cera y ornamentos y contribuían a la celebración del Corpus y de otras funciones solemnes. En una población agrícola como Mislata, la cofradía debió de constituir uno de los principales cauces de participación de los vecinos en la vida parroquial.

La fiesta de Minerva y el pleito de 1778:

Pocos años después aparece otra noticia excepcional. El Archivo Diocesano de Valencia conserva un proceso fechado entre 1778 y 1779 en el que el Ayuntamiento de Mislata litigó contra Vicente Requeni, vecino de Valencia, y contra Tomás Aparici y Miguel Ramón, de Mislata, «sobre amparo de posesión en costear la fiesta anual de Minerva».

La llamada fiesta de Minerva era una celebración dedicada al Santísimo Sacramento, difundida por numerosas cofradías sacramentales. Solía comprender una misa solemne y diferentes actos de adoración o procesión eucarística. El nombre procedía de la basílica romana de Santa María sopra Minerva, vinculada históricamente a la expansión de este culto.

El proceso mislatero consta de 69 folios, lo que demuestra que no se trató de una simple diferencia particular. La financiación de la fiesta era una cuestión suficientemente importante como para provocar un litigio en el que intervino el propio Ayuntamiento. Aunque la ficha catalográfica no permite conocer por sí sola todos los argumentos ni el resultado del pleito, sí demuestra que Mislata celebraba entonces una fiesta anual dedicada al Sacramento y que su sostenimiento era considerado una costumbre o derecho digno de protección jurídica.

La devoción eucarística se encontraba así unida a la vida pública del pueblo. El Santísimo no ocupaba únicamente el interior del templo: su fiesta movilizaba a la parroquia, al Ayuntamiento y a diferentes familias de la localidad.

La Capilla de la Comunión:

El principal espacio dedicado al culto eucarístico dentro de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles fue la Capilla de la Comunión. En ella se reservaban las formas consagradas y se desarrollaban los actos de adoración más íntimos de la parroquia.

La capilla ya existía durante el siglo XIX. Las descripciones antiguas hablan de un recinto diferenciado, cubierto por una cúpula con linterna, que destacaba dentro del conjunto parroquial. En 1911, el Boletín Oficial del Arzobispado anunció la subasta de unas obras de «construcción, en parte, de la capilla de la Comunión del templo parroquial de Mislata», presupuestadas en 10.127 pesetas y un céntimo.

Este anuncio no debe interpretarse como la construcción inicial de la capilla, pues esta ya existía con anterioridad. Debió de tratarse de una ampliación, reconstrucción o reforma importante destinada a dignificar el espacio reservado al Sacramento.

Allí se encontraba el sagrario y allí acudieron durante generaciones los mislateros para rezar en silencio, recibir la comunión o acompañar al Señor durante las exposiciones eucarísticas. La capilla fue también escenario de algunos de los sucesos más recordados de la historia religiosa local.

La custodia de 1873:

La iglesia parroquial conserva una destacada custodia de tipo sol, estudiada en la revista Archivo de Arte Valenciano. Una inscripción permite fecharla en 1873 y atribuir su donación a José y María Rosa Puchades y Manuel Baluastre (Balbastre), apellido reproducido de esta manera en el estudio.

La pieza mide aproximadamente 88 centímetros de altura y posee una base de unos 30 centímetros. Su expositor alcanza unos 45 centímetros de alto por 42 de ancho. Alrededor del viril aparece, realizada en esmalte, la inscripción latina:

«Tantum ergo Sacramentum veneremur cernui».

La frase, tomada del conocido himno eucarístico de santo Tomás de Aquino, puede traducirse como: «Veneremos, pues, postrados, tan augusto Sacramento».

Artísticamente responde al gusto historicista y ecléctico del siglo XIX. Su base está formada por cuatro lóbulos separados mediante figuras de dragones fundidos, mientras que el cuerpo ascendente culmina en el resplandor que rodea el lugar destinado a la forma consagrada.

Esta custodia constituye uno de los testimonios materiales más valiosos de la devoción eucarística mislatera. Su encargo en 1873, precisamente en un periodo de grandes convulsiones políticas y sociales, revela la voluntad de algunos vecinos de dotar a la parroquia de una pieza digna para la exposición del Santísimo y para las procesiones.

La Adoración Nocturna:

Durante el siglo XIX surgieron nuevas formas organizadas de espiritualidad eucarística. Entre ellas destacó la Adoración Nocturna, integrada por seglares que se turnaban para velar durante la noche ante el Santísimo expuesto.

Mislata se incorporó tempranamente a este movimiento. El Boletín Oficial del Arzobispado de Valéncia de febrero de 1896 enumera la sección de Mislata entre las convocadas a la segunda Asamblea General de secciones de la Adoración Nocturna de la diócesis. Esto no significa que fuera fundada aquel año, sino que en 1896 ya se encontraba oficialmente constituida y participaba en la organización diocesana.

Aquellas vigilias reunían oración, silencio, lecturas, cantos y turnos de adoración. Para sus integrantes suponían pasar una parte de la noche acompañando al Sacramento en representación de toda la comunidad. En una sociedad marcada por las duras jornadas agrícolas, aquella permanencia nocturna implicaba un sacrificio personal considerable.

La continuidad de la sección queda confirmada en 1923. Durante las celebraciones de la coronación de la Virgen de los Desamparados, la Adoración Nocturna de Mislata desfiló en Valencia con su bandera junto a las restantes secciones de la diócesis. En la misma gran procesión participó también la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, acompañada por el Ayuntamiento de Mislata y por la banda de música de la población.

La presencia de la Adoración Nocturna —incluida posteriormente su rama femenina— ha llegado hasta tiempos recientes. Su permanencia enlaza la espiritualidad eucarística contemporánea con aquella antigua cofradía documentada en el siglo XVIII.

El robo sacrílego de 1923:

Uno de los episodios que más conmocionó a la población ocurrió durante la noche del 17 al 18 de marzo de 1923. Unos ladrones accedieron a la iglesia atravesando el corral de una vivienda próxima y entrando por una ventana situada cerca del coro.

Después de intentar forzar sin éxito las cerraduras de la sacristía, se apoderaron de diferentes objetos que encontraron a su alcance. A continuación entraron en la Capilla de la Comunión y arrancaron el sagrario. Para huir utilizaron una cuerda que ataron a una chimenea del cercano convento de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, descendiendo hasta el jardín de la comunidad.

A la mañana siguiente, víspera de San José, el sagrario apareció abandonado en el huerto del convento. Los ladrones habían intentado abrirlo y habían dañado violentamente su estructura exterior y sus símbolos eucarísticos, pero no consiguieron alcanzar el copón. Las formas consagradas permanecían intactas en su interior.

Al conocerse la noticia, las campanas dieron la alarma y numerosos vecinos acudieron a la iglesia. El párroco, Evaristo Miñana Mestre, y el coadjutor, Miguel Quiles Aguiló, organizaron una procesión solemne para devolver el Sacramento al templo. Bajo palio, y con la asistencia de las autoridades municipales encabezadas por el alcalde Andrés Ballester Ricart, las formas fueron trasladadas nuevamente a la parroquia.

La recuperación fue vivida como un profundo alivio. El temor a que el Sacramento hubiera sido profanado dio paso a oraciones espontáneas de acción de gracias. El episodio, recogido por la prensa de la época, muestra hasta qué punto la Eucaristía era considerada el corazón espiritual de la comunidad.

La tormenta de 1927:

Entre las memorias transmitidas por los vecinos se conserva un episodio ocurrido en 1927. Según la tradición oral, una fuerte tormenta se aproximaba a Mislata y amenazaba con destruir las cosechas. Para una población todavía estrechamente dependiente de la huerta, la pérdida de los cultivos podía significar hambre, deudas y meses de grandes dificultades.

Ante el peligro, algunos vecinos pidieron que se llevara el Santísimo hasta la puerta de la iglesia para implorar protección sobre los campos. Sin embargo, el párroco se encontraba fuera de Mislata y no había ningún sacerdote disponible para realizar el acto.

Movido por la urgencia del momento, un anciano entró en la iglesia, se dirigió a la Capilla de la Comunión y sacó el sagrario hasta la puerta del templo. Allí, ante la tormenta que se acercaba, los vecinos rezaron por sus campos. Según el relato conservado, la tormenta no llegó a descargar sobre Mislata y la cosecha pudo salvarse.

La población interpretó lo ocurrido como una protección providencial. Sin embargo, el anciano recibió después una fuerte reprimenda, pues un seglar no podía disponer por iniciativa propia del sagrario ni trasladar las formas consagradas, acciones reservadas a los ministros de la Iglesia.

No se ha localizado todavía una noticia contemporánea que permita documentar todos los detalles del episodio. Por ello debe presentarse como memoria oral local, pero su conservación resulta históricamente significativa. El relato expresa la profunda confianza que la sociedad agrícola mislatera depositaba en el Santísimo y muestra cómo, ante el peligro, la comunidad recurría espontáneamente a su fe.

La destrucción de 1936:

El 23 de julio de 1936, pocos días después del comienzo de la Guerra Civil, la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles fue asaltada, saqueada e incendiada. La Capilla de la Comunión quedó destruida y el sagrario fue profanado.

Las declaraciones incorporadas años después a la Causa General afirman que el Santísimo desapareció y que el mobiliario, el armonio y diferentes objetos de culto fueron quemados. Los daños ocasionados en la capilla fueron valorados entonces en unas 50.000 pesetas.

La pérdida no fue solamente artística. Desapareció un espacio en el que se habían acumulado siglos de oraciones, celebraciones y recuerdos familiares. La destrucción de la capilla interrumpió violentamente una continuidad religiosa que había quedado documentada desde el siglo XVIII.

La reconstrucción eucarística de la posguerra

Terminada la guerra, la reconstrucción de la Capilla de la Comunión se convirtió en una de las prioridades de la parroquia. En 1939 se realizó un nuevo sagrario diseñado por Enrique Casterá Masià, inspirado en la portada románica de la Catedral de Valencia. Fue una de las primeras obras destinadas a devolver el culto y la dignidad litúrgica al templo.

La reconstrucción tuvo una dimensión espiritual además de material. Reponer el sagrario significaba devolver el Sacramento al centro de la iglesia y recuperar el lugar de oración que había acompañado a tantas generaciones.

En 1942 se fundió una nueva campana dedicada al Santísimo Sacramento. Realizada por Manuel Roses Vidal, mide 113 centímetros de diámetro y pesa aproximadamente 835 kilogramos. Es la campana mayor del templo y también ha sido conocida como la campana «de la Plaça» o, sencillamente, «el Sacrament».

En su bronce puede leerse:

«Santísimo Sacramento. Mislata. Año 1942».

Tras la destrucción de las campanas en 1936, su voz devolvió al pueblo una parte de su paisaje sonoro. Que la campana mayor recibiera precisamente el nombre del Santísimo muestra la importancia concedida a la devoción eucarística durante la restauración religiosa de la posguerra.

Junto a ella sobrevivió también el pequeño Simbolet o Tarcisi, una campana anterior a la guerra utilizada en momentos especialmente solemnes, como la consagración y la adoración del Santísimo. De este modo, el culto eucarístico no solamente ocupaba un espacio visible en la iglesia: también tenía un sonido propio que marcaba el silencio y llamaba a la oración.

Una devoción que atraviesa los siglos:

La historia del Santísimo Sacramento en Mislata no puede reducirse a una sola cofradía, fiesta o pieza artística. Está formada por documentos antiguos, vigilias nocturnas, campanas, procesiones, donaciones y recuerdos familiares. También está marcada por momentos de angustia: el robo de 1923, la tormenta de 1927 y la destrucción de 1936.

Frente a cada ruptura, la comunidad respondió reconstruyendo. Se recuperó el Sacramento robado, se levantó nuevamente su capilla, se encargó otro sagrario y se fundió una campana que proclamara su nombre sobre los tejados del pueblo.

La antigua cofradía documentada en 1771, la fiesta de Minerva, los adoradores nocturnos, la custodia de 1873, el anciano que quiso proteger las cosechas y los actuales participantes en el Corpus pertenecen a épocas muy distintas. Sin embargo, todos forman parte de una misma continuidad: la de un pueblo que, a lo largo de los siglos, encontró en la Eucaristía un lugar de oración, consuelo, esperanza y unidad.

Fuentes:

-Archivo Histórico Nacional: sección Consejos, CONSEJOS, 7105, Exp. 63, N.º 1; y Causa General, expediente correspondiente a Mislata.

-Archivo Diocesano de Valéncia: caja 402, elemento 12, 1778-1779.

-Boletín Oficial del Arzobispado de Valéncia: volúmenes de 1896, 1911 y 1923.

-Las Provincias, marzo de 1923, consultado a través de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

-Archivo parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles de Mislata.

-Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, Archivo de Arte Valenciano, 2022.

-Mínguez, Víctor, y Gil Salinas, Rafael: «Iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles (Mislata)», Annals de l'Institut d'Estudis Comarcals, n.º 2, 1983.

-Mañas Borrás, Luis: La Mislata de otros tiempos.

-Sòria i Garcia, Joan Miquel; López i Porcal, Francesc, y Sòria i Barberà, Vicent: «Una aproximació històrica a les campanes de Mislata».

-Campaners de la Catedral de València: ficha de la campana Santíssim Sacrament.

-El Periòdic, 7 de junio de 2010.

-Arzobispado de Valéncia: información sobre la Adoración Nocturna Femenina.