
L'Hort del Cónsul
La gran villa desaparecida de Mislata
Durante décadas, l'Hort del Cónsul fue una de las fincas más extensas y reconocibles de Mislata. En sus terrenos convivían una residencia señorial, jardines, huerta, instalaciones agrícolas, espacios de ocio y viviendas para quienes trabajaban en la propiedad.
Hoy resulta difícil imaginar aquella finca. El Mercado, el Monasterio de Nuestra Señora al Pie de la Cruz, el Casino de la Nova y varias calles del centro urbano ocupan el espacio que durante años formó parte de sus dominios. Sin embargo, la trama urbana actual aún conserva las huellas de una villa que fue símbolo de la burguesía valenciana de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
El origen de la finca:
L'Hort del Cónsul ocupaba aproximadamente sesenta hanegadas, una superficie cercana a las cinco hectáreas. No era únicamente una villa, sino una auténtica explotación agrícola y residencial situada a la entrada de Mislata.
La finca se integraba en un paisaje donde las grandes propiedades rurales y las residencias de recreo tenían una presencia destacada. Mislata, próxima a Valencia pero todavía rodeada de huerta, era un lugar atractivo para familias acomodadas que buscaban combinar la vida urbana con una casa de descanso, jardines y terrenos de cultivo.
Los terrenos procedían de una extensa propiedad vinculada al barón de Mislata y Morería. Posteriormente fueron adquiridos por Juan Inocencio de Llano y López del Castillo, quien ejerció como cónsul de Venezuela en Valencia. De ese cargo procede el nombre con el que la finca sería conocida por generaciones de mislateros: el Huerto del Cónsul.
La Casa de San Luis:
La construcción de la villa se sitúa hacia 1892. La casa principal se levantaba junto a la calle Mayor y se organizaba en planta baja, entresuelos y piso superior. Su acceso principal tenía un arco ovalado y, sobre él, un panel cerámico identificaba la vivienda con el nombre de San Luis.
La entrada monumental de la finca se encontraba en la antigua carretera de Torrent, actual avenida Blasco Ibáñez. Las descripciones y fotografías conservadas muestran una fachada de aire barroco, inspirada en las Torres de Serranos de Valencia, que confería al conjunto una imagen excepcional para un municipio que todavía conservaba un marcado carácter agrícola.
Un muro delimitaba la propiedad y, de forma aproximada, seguía el perímetro de las actuales avenidas y calles Gregorio Gea, Salvador Giner, Mayor, Gómez Ferrer, Cervantes y Blasco Ibáñez. Tras aquella entrada comenzaba un recinto cerrado que reunía vivienda, trabajo, ocio y vida social.
Nada más cruzar la entrada principal se encontraban varias viviendas destinadas a labradores y personal de servicio, en buena parte vecinos de Mislata. La finca dependía de una red de trabajadores que cuidaban los cultivos, los animales, los jardines y las necesidades de la casa.
La memoria oral ha conservado algunos apodos y personajes vinculados al lugar, como "el Pelat" o la Sobrestanta, viuda de un antiguo encargado de obras. Estos detalles muestran que l'Hort del Cónsul no fue un espacio aislado del pueblo: formó parte de la vida cotidiana de muchos mislateros que trabajaron allí o prestaron servicio durante celebraciones y reuniones familiares.
La propiedad contaba también con corral, gallinero, cuadra para caballos y vacas, cochera, lavadero y una balsa utilizada para el trabajo del cáñamo. Junto a la residencia señorial existía, por tanto, una infraestructura propia de una explotación agrícola de cierta entidad.
Jardines, huerta y ocio burgués:
El Huerto del Cónsul fue recordado especialmente por sus jardines. Una acequia atravesaba la finca y alimentaba las zonas de cultivo, donde crecían hortalizas, flores y árboles frutales.
Junto a la casa había parterres, rosales, geranios, tulipanes y una palmera central. También se conservan referencias a una jaula con aves exóticas y, en años posteriores, a una mona llamada doña Tila. Eran elementos poco habituales en la Mislata de la época y reflejaban el deseo de convertir la finca en un espacio de recreo y representación social.
Uno de los rincones más singulares era el llamado túnel: un sendero bordeado por pinos cuyas ramas se unían sobre el camino y formaban una cubierta vegetal. A su lado se encontraba el recinto conocido como Lawn-Tennis, de unos veinte por catorce metros, donde se practicaban tenis y críquet.
La presencia de una pista deportiva, columpios y bancos de madera ilustra el modo de vida asociado a estas villas de recreo. La finca ofrecía un escenario de ocio moderno para una familia burguesa de finales del siglo XIX.
Reuniones, música y celebraciones:
L'Hort del Cónsul fue también un espacio de sociabilidad. Sus propietarios organizaron meriendas, banquetes, fiestas y reuniones en las que participaban invitados de Valencia y vecinos de Mislata contratados para atender el servicio.
El salón de baile, amenizado por un piano, y los jardines servían de escenario para encuentros que destacaban dentro de la vida social local. Entre los acontecimientos conservados por la memoria familiar figura una celebración navideña con más de doscientas personas, una cifra que da idea de la capacidad y del prestigio de la finca.
La villa funcionaba como lugar de encuentro entre la burguesía valenciana y la sociedad mislatera, aunque ambas ocuparan posiciones muy distintas dentro de aquel mismo espacio.
La capilla de San Luis:
La dimensión religiosa de la finca tenía como centro la capilla de San Luis, en la que se guardaba una pequeña imagen de San Luis Gonzaga. Un camino arbolado, adornado con naranjos, limoneros, rosales y violetas, conducía hasta ella desde uno de los accesos de la propiedad.
Junto a la capilla se encontraba un cenador próximo al Lawn-Tennis, utilizado para meriendas y reuniones al aire libre. La bendición de la capilla reunió a decenas de asistentes, y en ella celebraron misa sacerdotes vinculados a Mislata, entre ellos Martí Gadea, párroco de la localidad.
La capilla reforzaba el carácter autosuficiente de la villa: dentro de sus muros había vivienda, jardines, huerta, ocio, espacios de trabajo y también un lugar para el culto.
La familia Llano: el origen del Huerto del Cónsul
La primera gran etapa de la finca estuvo vinculada a la familia Llano, una familia acomodada de la burguesía valenciana cuya posición se había consolidado a lo largo del siglo XIX mediante actividades comerciales y propiedades urbanas y rurales.
El impulsor del Huerto del Cónsul fue Juan Inocencio de Llano y López del Castillo, hijo de Juan Ángel de Llano y de Carlota López del Castillo Piña. Era, además, sobrino de Francisco de Llano y Vagué, quien llegó a ejercer como alcalde de Valencia. Esta red familiar ayuda a entender la posición social desde la que se concibió la finca de Mislata: no como una simple casa de campo, sino como una residencia de recreo capaz de reunir actividad agrícola, vida familiar y representación social.
Juan Inocencio de Llano desempeñó el cargo de cónsul de Venezuela en Valencia, circunstancia que dio nombre a la propiedad. La documentación y la memoria familiar sitúan el inicio de las obras de la casa y del huerto hacia 1892, en los años en que su relación con Venezuela alcanzó mayor importancia.
La familia residía habitualmente en Valencia, en una vivienda situada en el entorno de las calles Comedias y de la Paz, pero utilizaba la finca de Mislata como lugar de descanso y encuentro social. Juan Inocencio estaba casado con Mercedes Sanojo Ezpelosin, natural de Caracas, con quien tuvo tres hijos. La relación familiar con Venezuela fue, por tanto, más allá del ámbito diplomático y comercial.
La administración cotidiana del Huerto del Cónsul recaía en José Martínez, un murciano que entró al servicio de la familia siendo muy joven. Casado con la mislatera Teresa Pérez, Martínez se convirtió en una figura clave para conectar la finca con el pueblo. Su conocimiento del territorio y su relación con los propietarios tendrían consecuencias importantes años después, especialmente en la cesión de terrenos vinculada al futuro Casino de la Nova.
La etapa de los Llano terminó a comienzos del siglo XX. La historia familiar sitúa la pérdida de sus intereses en Venezuela con el cambio político de 1908 y las dificultades económicas posteriores. Juan Inocencio de Llano tuvo que desprenderse de parte de sus propiedades y el Huerto del Cónsul pasó a manos de su sobrino, José Verges de Llano.
Con aquella venta concluyó la etapa fundacional de la villa. Sin embargo, la casa, los jardines, las instalaciones agrícolas y el prestigio social del Huerto perdurarían durante décadas bajo la nueva familia propietaria.
La familia Verges: continuidad y transformación de la finca:
La adquisición del Huerto del Cónsul por José Verges de Llano abrió una nueva etapa en la historia de la propiedad. Los Verges pertenecían también a la burguesía valenciana y mantuvieron la finca como residencia de recreo, espacio agrícola y lugar de relación con la sociedad de Mislata.
La familia residía habitualmente en Valencia, en la calle Comedias, pero conservó una estrecha vinculación con el Huerto. José Verges y sus hermanos —Luis y Carlos— representaban una generación asociada a los cambios de comienzos del siglo XX: el interés por el ciclismo y los primeros automóviles, la asistencia a reuniones sociales y el uso de la villa como espacio de ocio y encuentro.
Bajo los Verges, la finca siguió acogiendo meriendas, reuniones familiares, actos religiosos y celebraciones. El jardín, la pista de tenis, el cenador y el salón de baile continuaron siendo escenarios de una vida social que combinaba costumbres burguesas valencianas con la presencia cotidiana de trabajadores y vecinos de Mislata.
La figura de José Martínez siguió siendo esencial durante esta segunda etapa. Gracias a su relación con la familia Verges, pudo adquirir un solar segregado del Huerto del Cónsul para la construcción de la sede de la Banda Nova. La operación permitió levantar el Casino de la Nova y estableció una relación duradera entre la familia propietaria y la principal sociedad musical del municipio.
En 1924, Margarita Verges, hija de José Verges, participó como madrina en la colocación de la primera piedra del Casino. La Banda Nova intervino también en distintos actos celebrados dentro de la finca, muestra de que el Huerto del Cónsul no vivía completamente al margen del pueblo, sino que mantuvo vínculos concretos con su vida cultural.
Entre los descendientes de este entorno familiar destacó posteriormente el actor y director Javier Escrivá Vergés (Valencia, 1930-1996), cuya trayectoria pertenece ya a la historia cultural valenciana. Diccionario Audiovisual Valenciano
La familia Verges conservó la propiedad durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil, aunque el conflicto y la posguerra aceleraron la venta y segregación de terrenos. Parte de la finca se destinó a nuevas calles, viviendas y equipamientos; otra parte acabó vinculada al Casino de la Nova y la casa principal fue adquirida por las Siervas de María para instalar el Monasterio de Nuestra Señora al Pie de la Cruz.
La fragmentación de la finca:
La desmembración de l'Hort del Cónsul comenzó antes de la Guerra Civil. Algunas parcelas fueron segregadas para crear viviendas en la calle San Carlos y para abrir el trazado de la calle Salvador Giner.
Después se produjo la venta del solar destinado al Casino de la Nova. Tras la guerra, la finca perdió nuevas porciones, entre ellas los terrenos próximos a las vías del ferrocarril, en el entorno de la actual avenida Gregorio Gea.
El proceso continuó durante la segunda mitad del siglo XX, cuando el crecimiento urbano, las nuevas infraestructuras y las transformaciones asociadas al Plan Sur alteraron por completo el paisaje de esta parte de Mislata. Algunas parcelas se destinaron a equipamientos públicos, entre ellos el Mercado Municipal y el colegio Gregorio Mayans.
En 1962 se levantaron bloques de viviendas en la esquina de Gregorio Gea con Blasco Ibáñez, en el lugar donde durante décadas se había alzado la monumental fachada de acceso a la finca. Con aquella desaparición se perdió uno de los elementos más singulares de la antigua Mislata.
La transformación más significativa fue la de la casa principal. Tras la Guerra Civil, las religiosas Siervas de María adquirieron el edificio para establecer en él su nueva comunidad, después de perder su antiguo convento valenciano.
La comunidad se instaló en Mislata el 24 de diciembre de 1941 y el inmueble pasó a convertirse en el actual Monasterio de Nuestra Señora al Pie de la Cruz. La adaptación religiosa modificó el edificio, pero, según la investigación local, mantuvo elementos relevantes de la antigua residencia: parte de su estructura, la fachada trasera, algunos ventanales y fragmentos de la balaustrada del jardín reutilizados en espacios superiores.
El monasterio es hoy el vestigio más visible de l'Hort del Cónsul y permite comprender que, bajo la arquitectura conventual actual, todavía pervive parte de una villa construida para un uso muy distinto.
Lo que queda hoy del Huerto del Cónsul:
L'Hort del Cónsul desapareció como finca, pero no como memoria. Su perímetro ayuda a explicar el trazado de varias calles actuales; el Casino de la Nova recuerda una de sus primeras segregaciones; y el Monasterio del Pie de la Cruz conserva la continuidad física de la antigua casa principal.
También se mantiene, junto a la calle Mayor, un edificio vinculado al antiguo complejo. Durante años albergó una taberna y despacho de vinos, donde se vendían productos procedentes de las propiedades de la familia Verges en Turís y Requena. Más tarde fue rehabilitado como vivienda.
Los jardines, la pista de tenis, la capilla, los caminos arbolados y la portada barroca ya no existen. Sin embargo, la historia de l'Hort del Cónsul sigue presente en la estructura urbana de Mislata y en el recuerdo transmitido por quienes conocieron sus últimos años.
Fue una villa de recreo, una explotación de huerta, un lugar de trabajo y un centro de sociabilidad. Sobre todo, fue una pieza decisiva para entender cómo el antiguo pueblo agrícola se transformó, durante el siglo XX, en la ciudad actual.
