La Morería de Mislata

La Morería de Mislata

-lectura del barrio histórico-

Tras la conquista cristiana del siglo XIII, la población musulmana de Mislata quedó concentrada en un espacio específico, separado del nuevo asentamiento cristiano vinculado al Camino Real. La Morería de Mislata constituye el núcleo más antiguo del casco histórico del municipio. Se trata de un conjunto urbano cuyo trazado, pese a las transformaciones sufridas con el paso de los siglos, conserva todavía rasgos propios de su origen islámico y de su posterior evolución como barrio morisco y, más tarde, cristiano.

Caminar hoy por este sector de Mislata permite leer el pasado en la forma de sus calles, en la disposición de las plazas y en la localización de antiguos espacios de culto, de trabajo y de vida cotidiana. Aunque muchos edificios han desaparecido o han sido transformados, el barrio sigue siendo como unidad histórica diferenciada. Uno de los rasgos más característicos de la Morería de Mislata es su trazado irregular. Las calles son, en general, estrechas con recorridos quebrados y anchuras variables.

Calles y plazas

-un recorrido por el antiguo barrio-


Plaza del Conde de Aranda:

La plaza del Conde de Aranda se formó a raíz de la apertura del nuevo trazado de la Carretera de Madrid a Castelló, actual calle San Antonio, durante el siglo XIX. La creación de esta vía generó un pequeño espacio abierto que pasó a actuar como acceso al barrio de la Morería desde la nueva carretera.

Por tratarse de un espacio de creación reciente, fue conocida inicialmente como Plaza Nueva, nombre que mantuvo hasta comienzos del siglo XX, cuando adoptó la denominación actual. Desde entonces, la plaza funciona como un punto de transición entre el trazado moderno de la carretera y el entramado irregular del histórico barrio.

Calle Buen Pastor:

La calle del Buen Pastor es, por su trazado largo y continuo, una de las vías más significativas de la Morería de Mislata. La sucesión ininterrumpida de viviendas de un extremo a otro de la calle delata su antiguo papel como arteria principal del barrio, condición que ya tuvo durante el periodo islámico y que mantuvo tras la conquista cristiana.

En época mudéjar y morisca fue conocida como el carrer Major de la Vilanova de Mislata, nombre que hacía referencia a la Vilanova, denominación histórica de la Morería. Durante siglos concentró buena parte de la actividad económica del barrio, con talleres y comercios de artesanos mudéjares y moriscos que dieron fama a la población.

Tras la expulsión de los moriscos, la calle pasó a conocerse como la calle de las Barracas, en alusión a las construcciones agrícolas que debieron existir en sus proximidades, especialmente hacia la actual plaza del Conde de Aranda, en relación con las eras y el entorno rural inmediato. En aquel punto existió también un alto palomar de madera, situado entre las viviendas y el actual Hort de Sendra, cuya silueta fue un elemento habitual del paisaje urbano valenciano hasta su desaparición en la segunda mitad del siglo XX.

A finales del siglo XIX la calle adoptó su nombre actual, calle del Buen Pastor, fruto de la devoción vecinal a esta advocación de Cristo. En su honor se celebran las fiestas del barrio y se colocó un retablo cerámico al final de la vía. De época cristiana data también el desaparecido Vía Crucis que atravesaba la Morería, posiblemente en dirección al antiguo cementerio medieval y del cual se conserva todavía la estación señalada con el número romano I en la fachada de una antigua vivienda de esta calle.

Calle del Molino:

La calle del Molino es una de las vías más pequeñas y desconocidas de la Morería y del casco antiguo de Mislata. Su origen se remonta al antiguo Camino de Favara, que conducía hasta el desaparecido Molino de Aranda, uno de los tres molinos históricos del municipio.

Este molino se situaba junto a la Acequia de Favara, en el lugar que hoy ocupa la Fábrica de papel de fumar Payá-Millares, y fue el elemento que dio nombre a la calle.

Aunque hoy su presencia pasa fácilmente desapercibida, la calle del Molino conserva en su nombre la memoria del antiguo camino y de la infraestructura hidráulica que sostuvo durante siglos la economía agrícola e industrial de Mislata.

Plaza de la Morería:

La plaza de la Morería fue durante siglos el centro neurálgico del antiguo barrio y uno de los principales espacios de referencia de Mislata. En su entorno inmediato se localizaban algunos de los edificios más importantes de la población, como la mezquita, situada al este, el castillo, al sur, y uno de los pozos públicos que abastecían de agua a los vecinos.

Este espacio fue conocido hasta comienzos del siglo XX como plaza del Castillo, nombre que hacía referencia directa a la fortificación medieval que dominó el entorno y que sería demolida en esas fechas. A pesar de la desaparición de aquellos edificios, la plaza sigue conservando su papel simbólico como corazón histórico de la Morería, un lugar donde confluyen el trazado urbano, la memoria del barrio y la historia más antigua de Mislata.

El Porche:

El Porche es una de las calles más cortas y, al mismo tiempo, más cargadas de significado histórico de la Morería de Mislata. Durante siglos constituyó la principal entrada al barrio y al desaparecido castillo, actuando como punto de paso y de control entre la Mislata musulmana y la cristiana. Antiguamente fue conocido como El Porxo, nombre que hace referencia directa a su característico pasadizo.

El elemento más singular de la calle es la vivienda construida sobre el vial, que da lugar al pasaje cubierto cuya existencia está documentada al menos desde el siglo XV. Este pasadizo marcó durante siglos una frontera simbólica y urbana entre dos realidades distintas del pueblo.

Además de su función defensiva y de acceso, el Porche fue un espacio de intensa actividad comercial, llegando a albergar carnicería, bodegas, herrería y horno. De aquella etapa se conservan todavía los dos pilones situados a la entrada de la calle, colocados para proteger las esquinas del paso de carros. En este lugar se anunciaron algunos de los nombramientos de los antiguos señores y barones de Mislata.

Hoy, el Porche conserva su aire medieval y su pasadizo sigue siendo uno de los elementos más reconocibles y simbólicos del casco antiguo, testimonio material de la historia urbana de la Morería y del propio municipio.

Calle Martí Gadea:

La calle Martí Gadea. situada en el límite de la Morería, tuvo una importancia destacada por su carácter industrial. En ella se localizaban antiguamente la serrería, que dio nombre a la vía, y una ebanistería, actividades ligadas al aprovechamiento de la madera y al trabajo artesanal.

Hasta el siglo XIX y comienzos del XX, esta calle marcaba una zona de transición entre el núcleo urbano y las huertas regadas por la acequia de Favara, reflejando el contacto directo entre la Mislata agrícola y la poblada. De trazado corto y discreto, suele pasar desapercibida, aunque conserva el valor de haber sido un espacio clave en la economía tradicional del entorno.

Calles San Pedro y San José:

Las calles San Pedro y San José formaron históricamente uno de los accesos desde la huerta al interior del barrio, conectando los campos con las eras, que se situaban de forma significativa en el centro de la antigua Morería, en el solar que hoy ocupan la Casa y Hort de Sendra. Este hecho refleja la estrecha relación entre el núcleo urbano y la actividad agrícola que caracterizó durante siglos a Mislata.

En época andalusí, este espacio era conocido como el Huerto de Alazadi, y con el paso del tiempo pasó a albergar las eras, un lugar de gran importancia para la economía agrícola local. A finales del siglo XIX, el enclave inició una nueva etapa al ser adquirido por la industria de curtidos Sendra, marcando la transición del uso agrícola al industrial. 

Ya a mediados del siglo XX se levantó en este solar la Casa Sendra, una vivienda señorial cuya fachada domina las calles San Pedro y San José. El edificio, de estilo historicista y con marcados elementos de la tradición arquitectónica valenciana, se convirtió en uno de los hitos visuales del entorno y en testimonio de las transformaciones económicas y urbanas del histórico barrio. 

Calle San Martín:

La calle San Martín es uno de los ejes más destacados del casco antiguo y el segundo gran eje de la Morería, además de haber sido históricamente uno de los accesos al barrio. Su trazado discurre en paralelo a lo que debió ser el muro defensivo del núcleo islámico, vinculado al castillo, cuya estructura habría sido aprovechada posteriormente para la construcción de las viviendas de la calle.

A lo largo del tiempo recibió distintos nombres, entre ellos el de calle de los Corrales, probablemente en referencia a la existencia de corrales y establos, especialmente en su extremo oeste, en conexión con la plaza de la Morería y el castillo. Este carácter funcional se integraba en un barrio donde la vida urbana y la actividad agrícola convivían estrechamente.

La calle San Martín fue también lugar de residencia del cantaor tradicional valenciano Manolo Marzal i Barberà, conocido popularmente como el Xiquet de Mislata, figura clave en la proyección de Mislata dentro del panorama musical valenciano del siglo XX.

Antes de la construcción de los grandes bloques de viviendas del entorno, la calle ofrecía una imagen especialmente evocadora, gracias a su leve elevación, desde la que se divisaban la cúpula de la iglesia parroquial y el torreón del castillo. Un paisaje hoy desaparecido, pero fundamental para comprender la fisonomía histórica y visual de la Morería.

Plaza del Patronato:

La plaza del Patronato surge como resultado del ensanchamiento natural que se produce entre la calle San Martín y la calle del Rosario. Se trata de una pequeña plaza recogida, casi oculta entre las calles del casco antiguo, que destaca por su escala doméstica y su estética tradicional, muy ligada al carácter del barrio.

Antiguamente fue conocida como el Corralón, nombre vinculado a la calle San Martín, que durante siglos fue llamada calle de los Corrales. Tras la Guerra Civil, la plaza adquirió su configuración actual, primero como espacio infantil, con columpios y zona de juego, y más tarde como lugar de uso tranquilo y cotidiano, una vez asfaltada. 

En el centro de la plaza se instaló una fuente, decorada con azulejos de inspiración islámica, que pronto se convirtió en un elemento muy reconocible. La fuente estuvo rematada originalmente con una alcachofa metálica, detalle que dio lugar a los nombres populares de la plaza de la Alcachofa y, tras su desaparición, plaza del Cuerno, al quedar visible el clavo que la sujetaba.

Un elemento de gran valor patrimonial que suele pasar desapercibido es este espacio es la cantonera o guardacantón situada en la esquina de las calles San Martín y Rosario. Esta pieza, habitual en calles medievales estrechas, tenía la función de proteger las esquinas del roce de carros y caballerías, y constituye hoy un discreto testimonio del tránsito histórico por el interior de la Morería.

Calle del Rosario:

La calle del Rosario conecta dos de los espacios más significativos del barrio, las plazas de la Morería y del Patronato, actuando como eje interior de transición. En ella se sitúa el acceso al Huerto de Sendra, y aún pueden observarse en algunas fachadas elementos constructivos que remiten a otras formas antiguas de edificación. Entre ellos destaca el medio arco visible en la fachada de una vivienda, aparecido durante una reforma y conservado como elemento histórico. Este detalle recuerda las casas tradicionales del casco antiguo, de gruesos muros, fachadas encaladas y vanos arqueados, una tipología que comenzó a desaparecer a principios del siglo XX.

El nombre de la calle conserva la memoria de una costumbre hoy desaparecida. Hasta fechas anteriores al siglo XIX, al anochecer se rezaba el rosario públicamente en las puertas de las casas o desde los balcones, una práctica comunitaria muy arraigada que marcaba el anochecer. Esta devoción iba acompañada de normas de convivencia estrictas, como la prohibición de alborotos nocturnos, llegando incluso a requerirse licencia para determinadas salidas a altas horas.

Ligada a esta tradición existía también la costumbre de que un grupo de hombres recorriera las calles al anochecer con un pequeño farol y una bandeja, pronunciando la fórmula:

"Para la conversión y decir misa por los que están en pecado mortal".

Todas estas prácticas quedaron fijadas en la memoria colectiva y explican el origen del nombre de la calle.

La devoción a la Virgen del Rosario estuvo muy extendida en Mislata, celebrándose sus fiestas el 2 de octubre, junto con las del Cristo de la Fe, antes de que las actuales fiestas patronales se trasladaran al mes de agosto a partir de la década de 1860.

Calle San Cayetano:

La calle San Cayetano conecta las calles Buen Pastor y del Rosario, y discurre por uno de los sectores más cargados de historia de Mislata. Su trazado se originó junto a la parte posterior de la Ermita de San Miguel, antiguo oratorio cristiano instalado en la mezquita andalusí de la Morería, y se desarrollaba en línea recta, en paralelo a las antiguas eras, hoy Hort de Sendra.

Durante siglos, la calle quedó delimitada por muros vinculados a distintos usos sucesivos del mismo espacio: primero como patio de la mezquita, después como parte de la ermita, más tarde integrado en la Fábrica de curtidos Sendra, y finalmente sustituido por edificaciones residenciales levantadas en la segunda mitad del siglo XX. Esta superposición de funciones convierte a la calle San Cayetano en un claro ejemplo de la evolución histórica del barrio.

La vía dividía en dos el recinto industrial de los curtidos Sendra. Mientras que en el entorno de la antigua mezquita se situaban las oficinas y dependencias fabriles, en el solar del actual Hort de Sendra se extendían las pieles para su secado al sol. Este espacio fue utilizado también como taller de elaboración de fallas, estando ambos recintos comunicados mediante un pasadizo elevado que cruzaba sobre la calle.

Discreta y poco conocida, la calle San Cayetano concentra, en apenas unos metros, siglos de historia: junto a los muros de una antigua mezquita transformada en ermita, se trilló el trigo en las eras, se desarrolló una industria que dio prestigio a Mislata y se reflejan hoy las profundas transformaciones urbanas del casco antiguo.


Este recorrido por las calles y plazas de la Morería permite comprender cómo, más allá de los grandes hitos desaparecidos, el trazado urbano conserva la memoria del barrio que dio origen a Mislata. En sus calles principales y secundarias, en sus pequeñas plazas y en sus discretos rincones, se superponen siglos de historia islámica y cristiana, agrícola, industrial y cotidiana. La Morería no es solo un espacio del pasado, sino un paisaje urbano vivo, donde cada calle, por modesta que sea, ayuda a reconstruir la identidad histórica del municipio.

Fuentes consultadas:

-La Mislata de otros tiempos - Luis Mañas Borrás