El Portazgo de Mislata

Durante más de un siglo, Mislata fue uno de los principales puntos de control en los accesos occidentales a Valéncia. En este lugar, situado junto al antiguo Camino Real, funcionó el Portazgo, una estación encargada de regular la entrada de mercancías y de recaudar los impuestos asociados al consumo. Su presencia convirtió a Mislata en frontera fiscal entre la huerta y la ciudad, y dejó una huella profunda en la vida cotidiana, el comercio local y la memoria colectiva del municipio.

El Portazgo de Mislata y el control de mercancías

Durante los siglos XIX y buena parte del XX, los accesos a la ciudad de Valéncia estaban sometidos a distintos sistemas de control fiscal destinados a gravar la entrada de mercancías. Existían tres tipos principales de estaciones recaudadoras: el portazgo, aplicado a los caminos y carreteras; el pontazgo, vinculado al paso por puentes; y los barcajes, relacionados con la entrada de productos por vía marítima.

Entrada a Mislata por la calle Valéncia. A la derecha el lugar donde se alzaba el primer portazgo de Mislata. / Fotografía de: B25es
Entrada a Mislata por la calle Valéncia. A la derecha el lugar donde se alzaba el primer portazgo de Mislata. / Fotografía de: B25es

Uno de estos puntos de control se situaba en la entrada de Mislata, junto a la Cruz Cubierta, en un enclave estratégico del antiguo Camino Real. Allí, carruajes, carros, tranvías y vehículos debían detenerse para ser inspeccionados por el funcionario encargado, conocido popularmente como consumero, que comprobaba la naturaleza de la carga y exigía el pago de los derechos correspondientes a los productos destinados a consumo en Valéncia.

El Portazgo de Mislata aparece documentado por primera vez en 1848, con motivo de las obras del depósito de aguas de Valéncia, actual Museo de Historia de Valéncia. En los documentos de la época se mencionan las dificultades que encontraban los carros cargados de materiales al atravesar la barrera del portazgo. 

Un plano antiguo sitúa este punto de control en la actual calle Valéncia, aproximadamente frente al número 73. En ese lugar existió durante décadas una placa que indicaba "Pueblo de Mislata. Partido y Provincia de Valéncia", acompañada de un pilón con la inscripción "Término de Mislata". Este pilón, hoy trasladado a un pequeño jardín cercano, marcaba el límite jurisdiccional del municipio. Por las noches, una cadena cruzaba la calle de lado a lado para cerrar el paso a los carruajes.

A finales del siglo XIX, el edificio del Portazgo se encontraba ya en mal estado. El Ayuntamiento de Mislata fue requerido para proceder a su incautación, tasación y posterior subasta pública. Todo indica que, por esas fechas, el servicio había perdido buena parte de su actividad y carecía ya de un uso claro, iniciándose así el proceso que lo llevó a manos privadas.

Durante el siglo XX, especialmente a partir de las primeras décadas, el entorno de la Cruz de Mislata vivió un notable crecimiento comercial. A lo largo de la calle Valéncia se establecieron carnicerías, carpinterías, almacenes y ultramarinos. Pero el elemento más característico fue el mercado de productos agrícolas que comenzó a instalarse a los pies de la Cruz desde la década de 1930.

Mercado de productos agrícolas en la Cruz de Mislata en 1959. / Fotografía de: Luis B. Lluch Garín
Mercado de productos agrícolas en la Cruz de Mislata en 1959. / Fotografía de: Luis B. Lluch Garín
A la izquierda el Frontón de Lo Rat Penat y al fondo el edificio de la estación sanitaria "Fielato" de Mislata.
A la izquierda el Frontón de Lo Rat Penat y al fondo el edificio de la estación sanitaria "Fielato" de Mislata.

Este mercado, el único existente entonces en el municipio, estaba formado en gran parte por vendedores procedentes de Campanar, ya que los labradores de Mislata solían vender directamente en sus propias casas. La posibilidad de adquirir frutas, verduras y hortalizas sin pasar por las tasas de pago del portazgo convirtió a Mislata en un punto de atracción para compradores de Valéncia y de otros pueblos cercanos.

Junto al frontón de Lo Rat Penat se levantó más tarde la estación sanitaria, conocida popularmente como el Fielato o Cosumos, heredera directa del antiguo Portazgo y encargada de continuar la labor recaudatoria.

La vigilancia constante dio lugar a múltiples episodios de picaresca popular. Algunos compradores dejaban bicicletas preparadas para regresar por sendas secundarias situadas tras el depósito de aguas, evitando así el control. La respuesta de los consumeros fue intensificar la vigilancia, llegando incluso a patrullar ellos mismos en bicicleta. En ocasiones, los vecinos de la cercana Alquería Alta se vieron envueltos en inspecciones al ser confundidos con compradores furtivos.

También los usuarios del tranvía intentaban esquivar el pago ocultando mercancías bajo los asientos abatibles de los vagones, un truco bien conocido por los inspectores, que revisaban con atención estos compartimentos. No faltaron tampoco casos de corrupción menor, resueltos con algunas monedas que evitaban sanciones mayores.

El Portazgo de Mislata desapareció definitivamente con la supresión de las líneas de tranvía en la década de 1960. Poco después fue derribado el edificio del Fielato. Como único vestigio material quedó el pilón que marcaba el término municipal, testigo silencioso de una época en la que Mislata fue frontera fiscal, punto de control y espacio de intercambio entre la huerta y la ciudad.

Letrero de entrada a Mislata por la calle Valéncia. Junto a él el pilón que antaño marcaba el límite municipal.
Letrero de entrada a Mislata por la calle Valéncia. Junto a él el pilón que antaño marcaba el límite municipal.

Fuentes consultadas:

-La Mislata de otros tiempos - Luis Mañas Borrás