
Nuestra Señora de Belén
Antigua patrona de Mislata
Durante décadas, Mislata tuvo como patrona a Nuestra Señora de Belén, una advocación mariana hoy prácticamente olvidada. Su devoción, documentada desde al menos el siglo XVIII, estuvo vinculada a una imagen venerada en una casa-ermita de la calle de los Ángeles y sostenida por varias familias mislateras. La historia de esta antigua patrona no puede entenderse sin la figura de Francisco Balbastre Arnau, último gran protector de la imagen, cuya vida y legado explican tanto la pervivencia de su culto como su desaparición en 1936.
Nuestra Señora de Belén

Hasta su destrucción en 1936, la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Ángeles conservó en su interior una pequeña imagen mariana cuya historia hoy resulta prácticamente desconocida para la mayoría de la población. Se trataba de Nuestra Señora de Belén, una advocación que durante siglos fue objeto de una devoción profunda y constante en Mislata, hasta el punto de ser reconocida como patrona del municipio, tal como recogen sus propios gozos.
Situada en una capilla lateral del templo, en el espacio que hoy ocupa la Inmaculada Concepción, la imagen permaneció allí hasta los sucesos de julio de 1936. Su desaparición no solo supuso la pérdida de una obra artística, sino también el olvido progresivo de una parte esencial de la identidad espiritual e histórica del pueblo.
La imagen y su historia:
La Virgen de Belén era una pequeña imagen de pequeño formato, de unos 60 centímetros de altura, perteneciente a la tipología de las llamadas imágenes de gloria vestidas, habituales entre los siglos XVII y XVIII. Vestía ricos mantos y portaba corona, de modo que solo quedaban visibles el rostro y las manos.

A finales del siglo XIX, el historiador Martínez Aloy, tras visitar Mislata, dejó constancia de su impresión en su obra Geografía del Reino de Valéncia. En ella describía la imagen como una talla vestida propia del siglo XVIII, que ocultaba bajo los mantos una escultura completa, de factura dura pero expresiva, que atribuía a la escuela francesa, atendiendo especialmente al tocado y al estilo del rostro.
Gracias a la conservación de los gozos dedicados a la Virgen, se sabe que su devoción en Mislata se remonta al menos al siglo XVIII, aunque algunos indicios permiten pensar en un origen anterior.
La tradición sitúa el origen de la imagen en un naufragio ocurrido frente a las costas valencianas. La talla había formado parte de un bergantín, siendo rescatada del mar tras el hundimiento de la nave. Aunque se desconoce la fecha exacta del suceso, todo apunta a que la imagen fue hallada en algún punto del litoral comprendido entre el Saler y el Grao.
Tras su hallazgo, la Virgen fue trasladada al pueblo de Ruzafa, donde debió permanecer durante algún tiempo. Los motivos de su posterior traslado a Mislata no están documentados, pero sí consta que, una vez llegada al municipio, su veneración se consolidó con rapidez.
Ya en Mislata, la imagen fue instalada en una antigua alquería conocida como la Casa de Quiquet Arnau, situada en la actual calle de los Ángeles. La vivienda, dividida entonces en dos cuerpos, fue adaptada para acoger una pequeña ermita, donde se colocó la imagen y se organizó su culto.
En 1754, el Papa Benedicto XIV aprobó canónicamente la Cofradía de Ntra. Sra. de Belén, encargada del cuidado de la imagen, del mantenimiento del culto y de la organización de las celebraciones. Este hecho confirma la importancia que la devoción había alcanzado en el ámbito local.

Los gozos dedicados a la Virgen recogen expresamente su consideración como patrona de Mislata. Entorno a la Virgen de Belén surgieron algunas desaparecidas tradiciones, entre ellas la celebración anual de un Porrat, una pequeña feria o mercado que se instalaba en torno a la ermita el día de su festividad.
La devoción comenzó a debilitarse a comienzos del siglo XIX, probablemente como consecuencia de la Guerra de la Independencia. Durante el conflicto, la ermita fue saqueada y quedó gravemente dañada, y la cofradía terminó disolviéndose. El porrat, privado ya de su marco original, fue trasladado a Xirivella.
A principios del siglo XX, la imagen regresó a su lugar tradicional de veneración, aunque ya no a la antigua ermita, sino a una capilla instalada en la alquería reformada, convertida entonces en vivienda. La protección de la imagen quedó en manos de las familias Arnau y Balbastre, estrechamente vinculadas a la parroquia y a la vida religiosa de Mislata.
Con la proclamación de la Segunda República, y ante el clima de inseguridad que se percibía en el ámbito religioso, se decidió trasladar la imagen a la iglesia parroquial para protegerla. Sin embargo, aquella decisión acabaría siendo fatal.
En julio de 1936, el templo fue asaltado y saqueado por un grupo de milicianos, con el respaldo del Comité Popular de Mislata. Durante el asalto fueron destruidos altares, retablos e imágenes, entre ellas la Virgen de Belén, que desapareció para siempre.

Tras la Guerra Civil, muchas de las imágenes destruidas fueron restauradas o sustituidas. Nuestra Señora de Belén fue la única excepción, sin que exista una explicación clara para su ausencia definitiva.
Hoy, la capilla que ocupó la antigua patrona está dedicada a la Inmaculada Concepción. La antigua capilla de la calle de los Ángeles permanece cerrada y silenciosa. Con el paso del tiempo, la memoria de la Virgen de Belén se ha ido desdibujando hasta quedar reducida a menciones en documentos, gozos y recuerdos dispersos. Sin embargo, durante más de un siglo, fue la patrona de Mislata, y su historia forma parte inseparable del pasado del municipio. Recuperar su memoria no es solo un ejercicio de devoción, sino también un acto de justicia histórica hacia una tradición que, sin desaparecer del todo, quedó relegada al olvido.
Francisco Balbastre Arnau
-Quiquet Arnau y su legado-
La historia de Nuestra Señora de Belén en Mislata no puede entenderse sin un lugar concreto, la casa de la calle de los Ángeles, ni sin una serie de apellidos profundamente arraigados en el municipio: Lerma, Arnau y Balbastre. Entre todos ellos destaca la figura de Francisco Balbastre Arnau, conocido popularmente como Quiquet Arnau, cuya vida y legado quedaron estrechamente ligados a la protección de la antigua patrona de Mislata.
La Cofradía de la Virgen de Belén tuvo su sede y capilla en una vivienda conocida tradicionalmente como la casa de Quiquet Arnau, situada en la calle de Ntra. Sra. de los Ángeles. La existencia de una pequeña ermita u oratorio en el interior de una casa particular no era excepcional en los siglos XVIII y XIX, especialmente entre familias acomodadas, que solían disponer de espacios privados para la celebración de misas y actos de devoción.

La edificación actual corresponde a la unión de dos antiguas casas, los números 14 y 16, una operación que tuvo su origen en disposiciones testamentarias. La fachada, de aspecto sobrio y casi conventual, resulta llamativa en una calle donde predominaban las viviendas tradicionales de labradores. Todo indica que la ermita original del siglo XVIII, donde se veneró por primera vez la Virgen de Belén en Mislata, debió desaparecer durante o tras la Guerra de la Independencia.
Francisco Balbastre Arnau nació en Mislata en 1862. Era hijo de Manuel Balbastre Puchades, alcalde del municipio en varias etapas entre 1874 y 1893, y de María Rosa Arnau Lerma, perteneciente a una familia con fuerte presencia local. Su padre fue además labrador electo y síndico de la Acequia de Mislata, una institución clave en la vida económica y social del pueblo.
La vinculación de la familia con la casa donde se veneró a la Virgen de Belén queda documentada en el testamento de doña Rosa Lerma Llopis, fechado en julio de 1875. En él, legaba su propiedad en Mislata a María Balbastre Arnau, quien había sido su sirvienta durante toda la vida y que, muy probablemente, era hermana de Francisco. En esa misma vivienda residía también la abuela de ambos, Teresa Lerma, figura de gran relevancia local.
La importancia de Teresa Lerma en la historia religiosa de Mislata queda patente en una donación realizada en 1891 a la Congregación de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, que permitió la fundación del actual Convento y Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. A la parroquia donó además una pequeña propiedad contigua, donde se estableció la Casa Abadía.

Ese mismo año, el párroco Martí Gadea mencionaba la existencia de la imagen de la Virgen de Belén en esta casa ya a finales del siglo XVIII, señalando que desde allí fue trasladada a la parroquia para protegerla durante la invasión napoleónica. De ser exacta esta referencia, la familia habría actuado como custodia de la imagen durante generaciones.
Francisco Balbastre fue un hombre de notable capacidad económica y profunda religiosidad. En 1914 fundó y presidió la Sociedad de Alumbramiento de Aguas del Pozo Santísimo Cristo de la Fe, conocido como el Pou del Quint, otra de las grandes infraestructuras históricas de Mislata. Permaneció soltero y sin descendencia, y durante una grave enfermedad que le mantuvo postrado más de dos años, decidió ordenar su patrimonio mediante testamento abierto, redactado en abril de 1922.
En su testamento, Francisco Balbastre expresó su voluntad de transformar la casa de la calle de los Ángeles en una casa-hospital destinada a atender a enfermos de ambos sexos, naturales de Mislata, bajo la denominación de Institución Benéfica Balbastre.

Dispuso que en el edificio se construyera una capilla, situada a la izquierda de la entrada, donde debía de colocarse la Virgen de Belén, celebrándose misa todos los domingos y días festivos, tanto para el culto de la imagen como en sufragio de su alma. Parte de su patrimonio, en fincas y dinero, quedaba destinado a sostener esta institución.
La administración debía recaer exclusivamente en el párroco don Juan Galvañ Rams y en Juan García Gallel, a quienes facultaba para redactar el reglamento y designar sucesores. De manera expresa, prohibía cualquier intervención del Estado, la Provincia, el Ayuntamiento o entidades privadas, reflejo del clima de tensión social y política que ya se percibía en la década de 1920.
Fue en esos años, entre 1926 y 1930, cuando el edificio y la capilla adquirieron su aspecto definitivo.
La firme voluntad de blindar la institución y proteger la imagen responde al temor de Francisco Balbastre a una ruptura del orden religioso tradicional. No llegó a ver cumplidos sus temores. Falleció en Mislata el 28 de octubre de 1926, tras una larga enfermedad.
Diez años después, en 1936, la Virgen de Belén sería destruida en el asalto a la iglesia parroquial, poniendo fin a una devoción que la familia Balbastre Arnau había sostenido durante generaciones.
Hoy, la antigua casa y capilla albergan la sede de Acción Católica, lugar de reunión de grupos Júnior, Cáritas y de la Clavaría de San Miguel Arcángel, otro de los antiguos patronos de Mislata. La figura de Francisco Balbastre Arnau permanece discretamente ligada a esos muros, como la de un benefactor que, consciente de su final, decidió entregar su patrimonio al pueblo que le vio nacer y a la Virgen que había marcado su vida.

